Se hace camino al andar

Se hace camino al andar

Para situarnos frente a este nuevo post, digamos que sería la continuación al que os escribí hace unas semanas relativo a los comienzos del tratamiento.

“Se hace camino al andar…”

Tomo este verso del poema-proverbio de Antonio Machado para acompañar una línea de pensamiento que ilustra lo que acontece en los momentos donde se instala el trabajo de la  psicoterapia psicoanalítica.

Sesión tras sesión la dupla analista y paciente van acumulando un material  que se trabaja a dos. El paciente cuenta y el analista interpreta. Así, día a día, paso a paso..

Ha comenzado el trabajo personal, llevamos unos meses trabajando, la relación psicoterapéutica está bastante consolidada, el clima de trabajo es favorable y es un momento donde empiezan a pasar “cosas” sobre las que se pueden pensar dentro del tratamiento. Estas cosas tiene que ver con cuestiones que están relacionadas con las puntas del iceberg o síntomas que llevaron al paciente a consultar y que por el hecho de observarlas en sesión han tomado una ampliación de sus significados.

Decimos que el paciente está tomando conciencia del significado de sus síntomas, se puede preguntar por  nuevas cosas al respecto de ellos… también son muy frecuentes en estos momentos la aparición fenómenos psíquicos reales como: actos fallidos, lapsus, sueños, aparición de recuerdos, que se incorporan al el material de trabajo, y, de este modo, se deja de lado la “frontalidad” que el lego esperaba e  intuía que sería la manera de trabajar al inicio, por una nueva manera de trabajo, mucho más sosegada y centrada en el aprendizaje de uno mismo como si de un científico se tratara. Sin quererlo nos reconvertimos en los científicos que ya fuimos de niños (aunque seamos de letras, jajaja). En este punto podemos decir que la persona tiene “investido” su tratamiento.

Le resulta interesante lo que va descubriendo de sí mismo, se toma a sí mismo en serio sin estar obsesionado… Son muy comunes expresiones del tipo: – no sé muy bien cómo pero me encuentro mucho mejor (con sorpresa). La persona ha tomado cierta perspectiva de sí mismo y eso ayuda a sobrellevar momentáneamente la dureza de “la insoportable levedad del ser”, ya no está preocupado por el diagnóstico, se permite desde ahí sorprenderse y por ello han aparecido esos nuevos fenómenos psíquicos antes mencionados, actos fallidos, lapsus, recuerdos, sueños. Y no es que el analista le pida al paciente que traiga temas de su infancia, más bien es el paciente quien recuerda y trae recuerdos frescos producto de las asociaciones de ideas en las sesiones. Se han ampliado el registro de uno mismo, los significados de ellos y la forma de acceder a ellos. Freud decía de estos fenómenos psíquicos, que eran la vía regia de acceso al inconsciente. Y es desde ellos y gracias a ellos sobre los que se construye el Psicoanálisis.

Digamos que las angustias intensas de antes del comienzo y que se mantuvieron algo menos durante las primeras semanas se han visto debilitadas y sitúan a la persona y al tratamiento en otro estadio más seguro.

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