Como nos relacionamos en pareja

¿Cómo nos relacionamos en pareja?

En el complejo entramado de la pareja hay varios mundos

El amor es quizás una de las palabras sobre la que se han inspirado más canciones, poemas, películas, novelas, etc., y a pesar de ser una de las vivencias que pueden ser más placenteras y satisfactorias, se puede convertir en una experiencia de dolor.

Sabemos que cada pareja es un mundo, pero más que un mundo yo diría que en el complejo entramado de la pareja hay varios mundos, como pueden ser el real de cada integrante de la pareja, el deseado por los mismos, el formado por los dos, etc; esto ya son como mínimo 5 mundos.

Cada uno de nosotros creamos nuestra forma de amar y de relacionarnos a partir de nuestras experiencias vitales, nuestras influencias transgeneracionales y nuestra historia familiar. De esto va a depender en gran parte el modelo de apego que utilicemos a la hora de vincularnos de manera afectiva e incluso comunicarnos con nuestra pareja. Cada uno tiene su idea de “lo que debería ser” su relación. Esto que parece obvio, suele ser fuente de conflictos ya que muchas veces cada persona lo percibe de una manera e interpreta las acciones o los problemas que se dan desde su propia subjetividad. Y esto lo transmitimos en la manera de relacionarnos.

Quejas habituales de las parejas en consulta suelen ser:

  • “Ha vuelto a pasar, no ha recogido la ropa, es un egoísta. No piensa en mí, no me quiere.” En esta afirmación estamos atribuyendo a este acto una falta de amor que nos distancia del otro y el hecho de que la ropa no esté recogida nos puede llevar a un sentimiento de abandono por parte de nuestra pareja. Esto forma parte de nuestros propios entramados inconscientes y de ver todo lo que hace el otro cono una amenaza hacia nosotros mismos. Hacer consciente lo que se encuentra latente en este mensaje va a ayudar a poder conocernos a nosotros mismos, a valorar a nuestra pareja por lo que hay en él/ella independientemente de lo que pueda dar o no y a tratar esa falta de orden en casa, por ejemplo como una cuestión de aprendizaje y de amor y no de poder y control.
  • “No me entiende”, “no hay quien hable con ella”, “entiende lo contrario a lo que intento explicarle.” En todas estas formas de expresar el malestar se está depositando el conflicto o el problema en el otro miembro. Uno de los retos del trabajo terapéutico es hacer consciente a la pareja de que si hay malestar, éste está siendo sostenido por ambos no por uno. Y es una tarea importante el que la pareja se responsabilice de su propio malestar y el poder analizar qué mecanismos de cada uno están implicados en mantener esa crisis o malestar.
  • “Como él no quiso acompañarme, yo me he quedado sin salir.” Es muy común en las quejas de las parejas responsabilizar al otro de nuestras frustraciones. Si esto sucede sería bueno detenerse y hacerse cargo cada uno de sus deseos, sin responsabilizar al otro. Es decir, aunque se esté en relación cada uno es un ser separado del otro, con sus deseos propios, sus expectativas propias y sus miedos propios.
  • “Yo he hecho todo por él, y él no hace nada por mi.” Esta queja cargada de frustración, muchas veces viene dada por el intento de modificar o de cambiar al otro a cambio de la renuncia a nuestros propios deseos. Como una deuda impagable desde la que nos creemos con el derecho al poder y a la coerción del otro.
  • “Desde que han nacido los niños todo es diferente, no hemos vuelto a tener un espacio para nosotros.” El ser padres marca un antes y un después en la relación de pareja, y así tiene que ser, ya que hay una persona más de quien ocuparse. Pero el amor paterno-filial no pude sustituir el amor de pareja. A veces las obligaciones que supone un hijo así como los cambios y el estrés crean un distanciamiento emocional con la pareja en compensación al hijo. Pero el amor paterno-filial no debería sustituir al amor de pareja, ser padres sanos y estar unidos desde nuestro rol de padres y pareja será aquello que permitirá que nuestros hijos tengan buenos modelos de apego que le permitan relacionarse con libertad en los terrenos afectivos.

Los conflictos en una pareja tienen mala fama, pero los conflictos y las discusiones abren el camino a la libertad. Son oportunidades para analizar y ser conscientes de nuestras expectativas, la mayoría de las veces infantiles, que estamos poniendo en la relación y de esta forma poder soltarlas y hacernos más responsables de nosotros mismos y por ende de nuestra felicidad y de nuestra forma de amar.

Cuando alguien me pregunta “y esto de la terapia de pareja…, ¿funciona?”, siempre digo lo mismo: los terapeutas de pareja no tenemos varitas mágicas para convertir una relación tormentosa en una idílica pero si tenemos las herramientas para poder ayudar a salir de esa lucha de egos, y del “yo conmigo mismo”, haciéndonos responsables de nuestros sentimientos conscientes e inconscientes para poder centrarnos en el “nosotros, como la suma de dos individualidades compartidas.

“La paradoja del amor es ser uno mismo, sin dejar de ser dos” El Arte de Amar. Erich Fromm (1956)

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