Celos Infantiles

Celos Infantiles y sus Manifestaciones

Continuación de Celos Infantiles (I)

Las manifestaciones que muestran los niños cuándo están celosos pueden ser de muchas formas y varía en cada niño y en cada situación. Lo importante es transmitirles que ese sentimiento existe, que todos hemos pasado por allí y que nosotros podemos comprender su malestar para ayudarle.

Sin embargo, ocurre que muchos padres tienden a minimizar o incluso negar este hecho tal vez porque cuándo ellos fueron niños sus padres no les permitieron expresar dichas emociones haciéndoles sentir que eran malos por estar celosos. Con lo cual tuvieron que reprimirlos y no hablar nunca de ello.

De todas las formas de expresión, la manifestación directa es la más saludable y por tanto la más deseable porque el niño es consciente con aquello que le sucede y porque siente confianza en sus padres para poder mostrar sus celos.

“Quiero que te lleves a mi hermanito para siempre”

“El me ha fastidiado la vida”

“Ella tiene la culpa de todo lo malo que me pasa”

  • Actuaciones agresivas, por ejemplo hacia el bebé. Aquí el niño pasa a la acción, ya no son sólo palabras. Empuja al bebé, le quita los juguetes, le pellizca o le muerde.

“Estamos muy agobiados, hemos pillado varias veces a Rafael tapándole la cara a su hermanito. Cuándo le regañamos él dice que está jugando pero la verdad es que no para hasta hacerle llorar”

  • Hostilidad dirigida contra la madre. En está situación el niño siente que la madre tiene toda la culpa de su infelicidad ya que ha sido ella quien ha permitido que ocurriese el nacimiento de su hermano. Podemos encontrar en estos casos, niños desobedientes, oposicionista a todo lo que diga mamá, niños que no quieren comer, que se hacen pis o que montan berrinches en plena calle.

“Desde el nacimiento de su hermana, no reconocemos a Carlos. No cumple las normas que antes sí cumplía, nos lleva siempre al terreno de la pelea. Protesta para meterse en la bañera con la misma fuerza que protesta para salir de ella, no sabemos qué hacer”

  • Hostilidad dirigida hacia sí mismo. En este caso la agresividad va dirigida hacia uno mismo. El niño siente que él es el culpable de que sus padres le quieran menos. En estos casos encontramos niños que se repliegan, que se quitan de en medio y es más difícil que puedan expresar sus sentimientos creándose una distancia que si se hace muy grande se corre el riesgo de que el niño se aisle y se deprima aún más. La tristeza, la pena y la enfermedad son también manifestaciones de los sentimientos celosos que podemos llegar a sentir.

“Seguro que se van a enfadar conmigo, es mi culpa, me merezco lo peor ”

“Estoy segura que preferirías ser la mamá de Carlota y no mía”

“Me duele la tripa y la cabeza, me siento malita”

Podemos seguir dando muchos ejemplos como es el caso de niños que sienten tanta culpa por odiar a su hermanito y se avergüenzan tanto de sus sentimientos que buscan vías ocultas para manifestar su molestia. Hay niños que se esconden para ser encontrados por sus padres. De alguna manera lo que intentan confirmar es que sus padres no les quieren perder de vista y que les siguen queriendo.

Los sentimientos ambivalentes están presentes todo el tiempo. El hermano quiere a su hermanito pero al mismo tiempo puede sentir que hubiese sido mejor que nunca hubiera venido al mundo.

Otros niños regresan a comportamientos infantiles superados con anterioridad. Se hacen nuevamente el pis en la cama, piden comer nuevamente papilla, o que les den la comida en la boca o reclaman su chupete años luz olvidado.

Las famosas rabietas son muy comunes también, en estos casos el niño se desborda ya que sus emociones son tan intensas y al no poder contenerlas, explota.

En otras ocasiones puede ocurrir que el hermano mayor se encuentra demasiado atento con su hermanito, lo tiene todo el tiempo en su mente. Si ve un juguete piensa que a su hermanito también le gustaría. O está preocupado por su salud, tiene siempre miedo de que se haga daño, si le oye llorar se desespera y si lo pierde de vista por un momento lo busca con angustia. Los padres están orgullosos pero esto no significa que su hijo no tenga celos de su hermano. La raíz de este comportamiento se encuentra en los sentimientos ambivalentes y es una manera que encuentra el niño para manejar su propia agresividad.

En otras situaciones el niño se apega de manera asfixiante a su madre para reasegurarse su amor. Necesita que lo cojan en brazos, que le besen, le acaricien o intenta dormir con los padres por la noche.

Las pesadillas y fobias también juegan un papel fundamental en los celos. Los monstruos, serpientes y dragones son el símbolo de la agresividad que siente el niño en su relación con el hermano y que no consigue controlar.

Según Freud, esos seres minúsculos como pueden ser las arañas, hormigas, escarabajos son a los ojos del niño el símbolo del rival. Puede tenerles miedo o querer aplastarlos o matarlos con sádica satisfacción.

En el siguiente post veremos a través de varios ejemplos la manera más saludable de intervenir cuidando los sentimientos del niño celoso para transmitirle confianza, amor y sentido de justicia.

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *