Celos Infantiles

Celos Infantiles (I)

“¿Por qué yo tengo que beber leche de vaca y este monstruillo roba la leche de mi madre?”

Es la pregunta que se hace el joven protagonista de la película La Teta y la Luna de Bigas Luna, un niño de 9 años que tiene celos de su hermano recién nacido.

Los celos infantiles son un sentimiento normal que todos experimentamos en mayor o menor medida, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Sin embargo, estos sentimientos a pesar de ser universales nos producen muchas veces vergüenza y cuesta aceptarlo porque se ven como una debilidad en la persona que los padece.

Todos los niños sienten celos de sus hermanos, de sus compañeros, aún cuándo no lo manifiesten abiertamente. Es un sentimiento natural que aparece como expresión de la gran necesidad que tiene el niño del afecto de sus padres y de su temor a ser abandonado o sustituido por otro.

Según Francoise Doltó (1981) quién fue una pediatra y psicoanalista francesa muy reconocida comentaba que “A los ojos de un niño, todo es injusto cuándo no lo tiene todo”. Es una realidad que a partir de ese momento las atenciones y los cuidados de sus padres tendrá que compartirlos con ese intruso que ha llegado a casa.

Cómo afirman las autoras Adele Faber y Elaine Mazlish (2010) “De los padres el niño lo recibe todo. No sólo recibe comida y protección, sino también valores como el sentido de la propia identidad y del propio mérito. La intrusión de un hermano amenaza esta exclusividad y el niño inmediatamente la interpreta como una reducción del tiempo que pasa con los padres, menos atención y menos cariño”

Sus celos provienen de la creencia de que sus padres preferirán al bebé y al sentimiento de desvalorización personal que imagina frente al otro niño. Siempre había creído que el deseo de sus padres era que se hiciese mayor pero cuándo les ve felices mirando a su bebé, le surge la duda si no sería mejor parecerse más a él y volver a ser ese pequeñín al que sus padres están contentos de cuidar.

Según explica el famoso pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott (1958), Los celos conciernen principalmente al amor que el sujeto siente que le es debido y le ha sido quitado, o están en peligro de serlo por su rival. Y cómo se siente amenazado tratará por todos los medios de recuperarlo. Por eso lucha con tenacidad por conquistar todos los espacios, tener todos los juguetes, quedarse con toda la comida y si por él fuera hacer desaparecer al intruso.

En este momento el niño no podrá vivir esta nueva forma de relación con su madre de otro modo que desde una lógica excluyente al menos en este primer momento. “O él o yo”. Con ello entra en el campo de las preferencias, las exclusiones y también de la pregunta “¿Qué tiene él que no tenga yo”?

Cómo nos enseña el psicoanálisis, estos celos tienen su origen mucho antes del nacimiento del hermano, cuándo el niño descubre que a su madre le gusta hacer otras cosas y estar por ejemplo con su pareja. Comprobar y asumir esto para el niño supone una gran decepción ya que se sentía viviendo en el paraíso. Ambos, mamá y niño, en los primeros meses mantenían una relación sumamente estrecha y compartían la ilusión de que esta relación era todo lo que necesitaban para sentirse completos.

Sin embargo, esta noción de triangularidad, como nos señala Freud repetidas veces a lo largo de su obra, permitirá en el niño la posibilidad de irse despegando de la madre, la posibilidad de acceder al lenguaje y la dinámica de la rivalidad. Su padre para él no sólo es fuente de ternura y afecto, sino también ahora su primer rival. Ir integrando estas distintas vivencias y emociones le ayudará en su crecimiento.

Se entiende entonces que el nacimiento de un hermano suponga una experiencia dolorosa en el niño que vuelve a abrir la herida de exclusión vivida con los padres por su deseo de exclusividad.

Explica Berry T. Brazelton gran pediatra americano (1994) “Desde el punto de vista del adulto tener un hermano tiene muchas ventajas pero esto es algo que el niño no podrá entender hasta pasado mucho tiempo. Aunque intentemos hacerle considerar lo que gana en esta nueva situación, él sólo podrá vivir en primera instancia lo que ha perdido”. Es lógico y deseable por tanto que exprese su protesta de alguna forma. Que los padres entiendan esto es muy beneficioso para él, así como ayudarle a comprender que no se trata de el otro o de él sino que ambos están incluidos en el deseo y cariño de sus padres.

El tema de los celos es un tema que nos concierne a todos y por ello tenemos que cuestionarnos sobre nuestros sentimientos revisando nuestra historia personal para poder empatizar mejor con los niños. La permanencia de los celos irá desapareciendo a medida que el niño se siente menos asustado y encuentre su lugar en la familia.

Cuándo se puede tolerar que el niño se sienta mal por un tiempo, se le permita expresarlo y hacerle llegar que se le quiere, la complicidad entre hermanos crecerá y el niño se sentirá más seguro de sí mismo.

En el próximo post hablaré sobre las manifestaciones más frecuentes de los celos y de la manera más saludable de intervenir.

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