Los comienzos en la escuela infantil

El Paso a la Escuela Infantil

A todos nos cuesta volver a la rutina después de las vacaciones, pero si es nuestra primera vez en el cole, todavía más. Es frecuente en esta época ver a los padres haciendo malabares para poder acompañar a sus hijos durante su periodo de adaptación al colegio. Igual de común que pasar por delante de los centros escolares y encontrarse a los niños más pequeños llorando, aferrándose a sus padres, mientras dicen ¡NO NO NO…..! ¿Cómo van a querer abandonar un entorno familiar, seguro y de confianza y cambiarlo por uno nuevo, lleno de niños llorando y en un lugar y ambiente que no conocen?.

Durante los primeros días en la escuela infantil es normal que los niños experimenten ese conjunto de “síntomas” que los psicólogos denominamos “ansiedad de separación”. De algún modo, no sólo la experimentan los niños, los padres cada vez que los dejamos llorando también experimentamos sensaciones de angustia, inquietud, tristeza e incluso ansiedad. Pero tenemos que recordar que este proceso es necesario para el sano desarrollo infantil, pues a la larga les va a permitir poder estar solos y desarrollar su autonomía y sociabilidad.

La angustia de separación forma parte del desarrollo evolutivo del bebé. Sigmund Freud, ya en 1905, hablaba de la angustia infantil como “en los niños la angustia-originariamente- no es más que el sentimiento de pérdida de la persona amada”. Se manifiesta alrededor de los 6-8 meses, cuando empiezan a darse cuenta que son personitas separadas de su mamá. Empiezan a extrañar y cuando alguien les quiere coger en brazos y su cara no le resulta familiar protestan, lloran, buscan a sus padres o rostros conocidos que les calmen la ansiedad. Ese bebé que antes sonreía a diestro y siniestro empieza a seleccionar sus sonrisas. Este cambio es esperado y evolutivamente adecuado.

El psicoanalista John Bowlby, en 1953 hablaba del apego seguro como la mejor forma de vinculación entre padres e hijos. El apego va a proporcionar la estabilidad y seguridad emocional del niño. Un niño que siente que sus padres son accesibles a sus demandas tendrá un sentimiento de seguridad que posibilitará el aprendizaje la exploración y la socialización. Las sonrisas, abrazos, lloros, caricias, gestos, palabras, juegos y límites que establecemos con nuestros hijos desde que nacen serán internalizados e interiorizados. De tal manera que en nuestra ausencia, si esas figuras de apego que somos nosotros, los padres, están interiorizadas, el niño tendrá recursos de los que echar mano en situaciones difíciles, como puede ser la adaptación a la escuela.

“El afecto y el vínculo de apego seguro son factores protectores para del niño“, decía el prestigioso pediatra y psicoanalista Donald Winnicott en su libro Realidad y Juego.

En este periodo de adaptación, como dijimos, el llanto es común en los niños pero la ausencia de éste no es una señal de adaptación. Hay que estar atento a las diferentes manifestaciones de la angustia, podemos ver niños que no lloran pero que no interactuan y están y tristes aislados. También es frecuente que en esta época duerman peor y estén más irritables. Poco a poco estos síntomas, que son normales irán disminuyendo y desapareciendo en torno a las 3 semanas o un mes. En algunos más o en otros menos, ya sabemos que cada niño es particular y tiene sus propios ritmos.

Para poder ayudarles a enfrentar este período de su vida es importante:

  • Entender, reconocer y normalizar las emociones del niño y de los demás niños y no negarlas ( ej: lloras porque echas de menos a mamá, pero poco a poco verás que aquí vas a estar muy bien y dejarás de llorar).
  • Demostrar cariño, protección, disponibilidad, paciencia y atención en estos días que están siendo más difíciles para él.
  • Ayudarle a escoger un objeto con carga afectiva para él para llevar al cole, ya sea un pañito, un peluche que le recuerde al hogar (objeto transicional_Winnicott), ya que en las horas que está en la escuela se sentirá más acompañado.
  • Transmitirle seguridad y confianza en el centro y en los profesores, eso hará que él poco a poco perciba que es un sitio del que se puede fiar.

Y por último recordarnos a nosotros mismos que es algo por lo que todos los niños tienen que pasar para poder crecer y desarrollarse de forma sana.

Si una vez pasado el periodo adaptación vemos que la ansiedad de separación continúa o aumenta, interfiriendo en las actividades normales del niño, puede ser un indicador de que el niño padece una dificultad de separación más profunda y sería conveniente consultar a un psicólogo infantil que pueda orientar a los padres sobre cómo ayudar a su hijo.

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