Espacio a la reflexión

El tiempo no lo cura todo, pero abre un espacio a la reflexión

Después del verano, llega el inevitable balance de los buenos propósitos e ilusiones con los que arrancaban los días previos a las vacaciones y toca ajustar las expectativas de lo vivido.

El anterior post, que publicó nuestra compañera Lorenza Escardó, se centraba muy acertadamente en describir un mecanismo psíquico tan relevante como la idealización y su efecto en un período tan señalado como las vacaciones de verano y el conocido popularmente como: síndrome postvacacional.

Por este motivo, me gustaría rescatar alguna de las demandas de consulta que suelen producirse en estos momentos convulsos de regreso de las vacaciones, el inicio del curso escolar, la vuelta al trabajo y la puesta en marcha de nuevos y estimulantes proyectos. Todas estas nuevas situaciones, potencialmente favorables, en ocasiones pueden arrastrar viejos fantasmas y bloqueos que por desgracia, el paréntesis vacacional no ha sido por si solo suficientemente fuerte como para eliminar.

En cuanto a los niños y adolescentes en edad escolar nos encontramos con situaciones fácilmente susceptibles al cambio de forma espontánea. Por ejemplo puede ocurrir que determinadas dificultades académicas se corrijan al despertar el interés por materias que hasta el momento no habían generado ningún estimulo recuperando así la capacidad de concentración y atención. O que se reconduzcan problemas conducta cuando se produce la esperada maduración social en aquellos menores con dificultades de integración en los grupos de iguales.

Pero esto no siempre es así y podemos encontrarnos con que los problemas que se vienen arrastrando, lejos de resolverse, se intensifican. Es en este momento cuando es conveniente intervenir por parte de los padres solicitando consulta con un profesional para abordar las dificultades de su hijo y buscar las soluciones más adecuadas, antes de que esta sintomatología se instale definitivamente.

En esta tarea de atención y detección precoz de los problemas resulta fundamental que los padres estén atentos a las señales que van lanzando los niños, los avisos y mensajes que transmiten los maestros en el ámbito escolar o las indicaciones del pediatra.

Jóvenes y adultos con una vida relativamente autónoma e independiente, muestran claramente una mayor capacidad de autoevaluación y observación para detectar aquello que antes de las vacaciones no se resolvía y pese al descanso estival, no solo no ha remitido sino que en muchos casos se ha sostenido y agravado. En esta situación podemos encontrarnos con problemas personales relativos a la propia identidad o motivación y dificultades de pareja, con lo que es importante realizar un buen ajuste de expectativas, de cara a lo que el paciente desea y espera de cara al curso que arranca.

Tras las vacaciones de verano o de Navidad, desde nuestra consulta observamos cómo afecta enormemente el abandono de la vida cotidiana y la falta de rutina a las personas psíquicamente más frágiles. La tradicionalmente denostada rutina tiene un relevante papel protector y esencial para las personas más vulnerables, las cuales viven de forma especialmente abrupta sentimientos de soledad.  No es una tarea fácil aceptar y adaptarse a esta nueva experiencia que no solo protagonizan personas mayores, sino que también golpea a personas adultas aparentemente en la plenitud de la vida y por supuesto a la población infanto- juvenil.

Experimentar de forma intensa este sentimiento es difícil de abordar y requiere un largo proceso de duelo para reordenar todos los elementos psíquicos que entran en juego. Pérdida, depresión, apatía, respuesta maniaca… son solo algunos de los síntomas vinculados a la experiencia de soledad, en donde se hace necesario practicar un adecuado ajuste de expectativas a la nueva situación que viene.

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