Síndrome Postvacacional

La concentración del deseo y el síndrome postvacacional

“Todo lo que sube tiene que bajar”.

En las redes sociales estamos siguiendo estos día las clásicas odas al verano, unas exaltadas, otras nostálgicas, también aparecen algunos críticos; ¿serán éstos unos envidiosos o es que captan que detrás de tanta exaltación hay gato encerrado?

Como sabemos, todo lo que sube tiene que bajar y aunque esta ley universal no viene trasladándose a las RRSS, pues en Facebook o Instagram parece que la caída, el vacío o la gravedad no existen, solo la gracia, sin embargo en el planeta tierra, que sí está sujeto a las leyes de la gravedad, pronto tocará experimentar, en nuestras propias carnes o en las del vecino, el famoso síndrome postvacacional.

Éste se palpa, como digo, no tanto en las redes sociales, más destinadas a mostrar el momento prefecto, como destacaba nuestra compañera la psicoanalista Olalla Martínez Rubín en “Vacaciones: desconectar o vivir conectados”, pero sí en charlas de barrio y/o corrillos de trabajo y consiste en la dificultad para adaptarse de vuelta a la vida activa tras la escapada vacacional que afecta principalmente a personas jóvenes. Se manifiesta en un malestar general, con síntomas tanto psíquicos como físicos.

  • síntomas psíquicos: tristeza, falta de interés, cuestionamiento vital.
  • síntomas físicos: cansancio, dolores musculares, falta de concentración.

Ahora bien el síndrome postvacacional consiste en un estado transitorio que viene a durar entre dos días y dos semanas (de hecho no  está aceptado como enfermedad en las principales clasificaciones diagnósticas) y conviene diferenciarlo de la distimia, la depresión y el trastorno o crisis adaptativa.

En este post nos proponemos ofrecer algunas claves para entender el principal mecanismo psíquico que nos predispone a este mal, la idealización.

Descrito por primera vez en psicoanálisis por Sigmund Freud, el vienés definía la idealización como una concentración del deseo en un objeto, persona o situación y que conlleva la sobrestima y exaltación de ese objeto, persona o situación.

Y resaltaba la idealización como un mecanismo psíquico útil, sobre todo durante la infancia, pues le sirve al niño para manejar la complejidad en un momento en que aún no cuenta con recursos más sofisticados para tramitar la coexistencia de sentimientos opuestos, como el amor y el odio por ejemplo. Por ello en nuestra infancia idealizamos a las personas más cercanas, generalmente los padres, para despojarlas de cualquier cualidad negativa que nos amargaría la existencia. Despojados de toda oscuridad es más sencillo para el niño confiar en ellas e incorporarlas a su mundo interno, acto fundamental que le permitirá después tolerar sus ausencias. Estas figuras pasan así a formar parte de nosotros mismos como modelos instigadores y motivadores que nos servirán de inspiración. En definitiva la idealización en su uso general y equilibrado promueve la ilusión.

En un segundo tiempo, ayudados por nuestro entorno vamos adquiriendo más y más recursos y ya no necesitaremos idealizar a las personas con las que nos relacionamos pues podemos sostener mejor sus imperfecciones o carencias, tampoco las situaciones que vivimos al poder tolerar mejor la frustración tanto en los otros como de uno mismo.

Ahora bien, surgen problemas cuando utilizamos la idealización como recurso preferente, pues utilizada en exceso, este mecanismo crea una dependencia emocional respecto de la persona o situación idealizada y conlleva el empobrecimiento de la imagen de uno mismo en favor de aquello que se idealiza. Por ello decimos que la idealización en su versión patológica empobrece y desilusiona al sujeto.

Volviendo ahora a nuestro adorado verano, cuando colocamos en él todas nuestras ansias de una satisfacción sin fin, siempre disponible e inagotable, entendemos ahora mejor porqué su fin desestabiliza a muchas personas haciéndolas más vulnerables en su vuelta a la realidad! Como canta SZA en su canción Drew Barrymore, Why is it so hard to accept the party is over?

Si bien es cierto que existen otros factores o situaciones que facilitan este síndrome; vacaciones largas o durante las que no se descansa lo suficiente, falta de motivación laboral… Hoy hemos querido llamar la atención sobre un mecanismo psíquico del que puede ser bastante útil tomar una mayor conciencia y evitar así que nos juegue malas pasadas.

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