Soledad y pensamiento

Soledad y Pensamiento

Hoy me quiero referir a un fenómeno común en todo proceso psicoterapéutico: la soledad.

En un recorrido psicoterapéutico es fácil que suceda que uno se encuentre solo. Solo, no porque su analista no le comprenda o “no le diga cosas” siempre que las espere… Es otro tipo de soledad, próxima a la serenidad reflexiva.

No se trata de una soledad “social”, sino que se trata más bien de una posición interna donde hay una mayor conciencia de uno mismo, y no hay necesidad de otros opinando y devolviendo una imagen de uno favorable o reafirmante. Una soledad síntoma de equilibrio estable, y se da en el trabajo que uno continúa haciendo entre sesión y sesión, algo así como un diálogo interno.

Serían pensamientos, reflexiones e integraciones de cosas fruto del trabajo en las sesiones y que se experimentan fuera de ellas, en soledad.

Decimos que nos hemos identificado con la función del analista cuando hacemos con nosotros mismos ese trabajo de diálogo y escucha de lo que estamos viviendo que antes hacíamos con él. Para que esto suceda una persona ha devenido en “paciente”, puede tolerar la espera a dar con la respuesta a una pregunta, la solución a un conflicto o la remisión de un síntoma, puede esperar a que llegue la sesión para contar algo, puede guardar para sí contenidos para ser desplegados en sesión.

Todo esto es en sí tremendamente terapéutico, pero el progreso verdadero se produce cuando todo esto se desplaza a la vida cotidiana y se juega con las personas que nos rodean, desde seres queridos a compañeros de trabajo y relaciones con nuestros jefes o subordinados. Este silencio nos permite pensar y hablar cuando verdaderamente es necesario…

Uno tiene que independizarse de los ruidos e interferencias que suceden a su alrededor para poder entender lo que va descubriendo en su interior.

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