Vacaciones

Vacaciones: ¿Desconectar o Vivir Conectado?

¿Cuándo te vas de vacaciones? ¿A dónde te vas? Estos días en el trabajo, en la panadería, en la calle o en los encuentros con los amigos no se habla de otra cosa.

Siempre hemos visto las vacaciones como un tiempo de disfrute, de intimidad, de descanso, de romper con la rutina y hacer lo que nos gusta o estar con quien nos apetece compartir. Sin embargo, parece que ahora no es suficiente con esto, también hay que mostrar al mundo lo “felices que somos”, “los restaurantes de moda donde comemos”, “nuestros saludos al sol” y “los lugares paradisíacos donde nos perdemos”, es decir ahora también son una oportunidad para a través de las redes sociales mostrar a los demás la versión idealizada de nosotros mismos.

No estoy diciendo que esto sea malo, pero sí creo que merece la pena pararnos y reflexionar. ¿Para quién y para qué me voy de vacaciones? Últimamente escucho a la gente organizar sus vacaciones en función de la foto que va a colgar en las redes sociales. Tanto esfuerzo en la fotografía perfecta puede convertir nuestros días de descanso en frustración y angustia, sentimientos de desolación, baja autoestima muchas veces provocada por esa exigencia de aparentar tener una vida maravillosa, de esa necesidad de que nuestras vacaciones sean aprobadas por el resto a través de los likes. ¿Queremos realmente compartir ese momento con nuestros seres queridos para que puedan vernos a través de las redes? O el deseo que hay de fondo es que si mostramos esa foto podemos quedarnos tranquilos ya que he demostrado que mis vacaciones han sido “idílicas”.

En estos “escaparates públicos” parece que no se puede dejar escapar el momento perfecto. La exhibición de situaciones íntimas o especiales forma parte de la constatación de que eso ha sucedido. Como si no pudiéramos disfrutar del momento, retenerlo en nuestra intimidad y compartirlo desde nuestra vivencia en cualquier instante y con quien queramos. Como si no se grabase o fotografiase y se retransmitiera en el momento no sucediera. Las redes sociales en esta época se convierten en auténticos reality shows que buscan constantemente ser el centro de atención, que buscan mirar y ser mirados.

Qué suerte tenemos al poder contar con un elemento que nos puede acercar a miles de personas y mostrarnos lugares que de otra forma no conoceríamos, una fuente de excepcionales propiedades que a veces transformamos en fuente de aprobación, como si detrás de esta muestra incansable estuviese la necesidad de aprobación constante.

Los procesos de idealización son necesarios e importantes durante la primera infancia, que el pequeño idealice a sus padres, al igual que sus padres le idealicen a él (“His Majesty the baby), es necesario para establecer su seguridad y autoestima. Poco a poco, a medida que avanza el desarrollo uno puede ir abandonando la idealización y haciéndose cargo de la frustración, decepciones, de las faltas, de los vacíos en la relación con los otros y con uno mismo.

La vida está llena de momentos felices, de carencias, de relaciones de afecto, de pérdidas, de un entramado luces y sombras donde nos perdemos entre los deseos y lo real. Estos vacíos o sombras de los que uno se puede hacer cargo para construir una vida más auténtica y más íntima parecemos querer taparlos a través de photoshop y filtros para vivir en la ilusión que permite la idealización de hacer un como si esto no existiera.

Volviendo a la época estival, no dejemos que nuestras vacaciones virtuales se conviertan en vacaciones paralelas donde intentamos satisfacer de forma irreal nuestros deseos. Es decir no ser capaces de disfrutar de nuestras vacaciones en intimidad porque estamos más preocupados de que parezcan maravillosas. Ocuparnos de lo que no es perfecto nos va a permitir relacionarnos no sólo desde lo ideal, sino también desde lo auténtico e íntimo.

¡FELICES VACACIONES IMPERFECTAS!

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