Padres y adolescente

La familia, los padres y el adolescente

Según Winnicott (1968) existe un fácil suposición de que si los padres y las madres cuidan bien a sus hijos habrá menos problemas en el futuro. En la adolescencia se manifiestan los fracasos y los éxitos del cuidado del bebé y el niño, comprobándose que algunos de los problemas actuales están vinculados a los elementos positivos de la “crianza moderna” y de las “actitudes modernas” hacia los derechos del individuo. Así por ejemplo la rebeldía podría ser la expresión de la libertad que los padres otorgan a sus hijos cuándo los educan de un modo que les permita expresarse y existir por derecho propio.  La rebeldía es la manera que encuentran algunos jóvenes para diferenciarse y a la vez autoafirmarse.

Si el adolescente no encuentra en su propia casa la posibilidad de expresar con libertad su agresividad o su inconformismo siendo esta contenida y devuelta con sentido, el adolescente al sentirse incomprendido, podría inhibir su agresividad o buscaría por la fuerza ser escuchado y se dirigiría al ambiente en actitud de reclamo presentando conductas que en vez de ayudarlo a crecer lo perjudicarían en su desarrollo a la adultez.

Así por ejemplo, la oposición absoluta frente a los padres, el abandono de la escuela, el consumo sistemático de drogas o el abandono del hogar serían intentos por evadir un conflicto real supliendo mediante la acción el logro de una tarea evolutiva.

En ese sentido Peter Bloss (1981) señala que resulta imprescindible la existencia de un conflicto generacional para la reestructuración adolescente. Asimismo, dicho autor plantea que sólo a través del conflicto se puede lograr la madurez. Sin embargo, en muchos casos el conflicto no es elaborado sino más bien reemplazado por una ruptura violenta de los vínculos parentales por parte de los jóvenes.

El soporte parental y ambiental se hace indispensable  entonces para que dentro de él se despliegue la libertad y la impulsividad del adolescente. Si este soporte falla el adolescente se ve condenado al control excesivo o al descontrol.

De este modo los padres deberán ser capaces de resistir intactos a la descarga agresiva de sus hijos y mantenerse firmes ante el desafío que estos le imponen. Winnicott (1968) propone que los padres deben sostener y tolerar las crisis, para ofrecer así las condiciones más favorables para el mejor desarrollo de la persona. Lo que necesitan los adolescentes es la presencia estable y coherente de los padres y el entorno, así como la confrontación honesta y clara por parte de ellos y no la comprensión benevolente, ni las acusaciones vengativas sino que los padres sostengan sus propios puntos de vista poniendo los límites necesarios.

El adolescente quedaría impotente y desarmado si los padres abdicasen de su rol adulto o se mostrasen inconsistentes. Como dice Abadi (1996) “El adolescente necesita de un rival digno con el cual competir, al cuál desafiar, en parte vencer y en parte valorar e identificarse”

Es importante pensar que este proceso podría ser aún más difícil si la pareja de los padres, no tuviera en cuenta que la adolescencia de su hijo cuestiona y remueve inconscientemente su propia adolescencia. Además estos padres tendrán que pasar por un trabajo de duelo ya que sus hijos empiezan a ver defectos que antes no veían en ellos, porque en la infancia los padres parecen perfectos.

Para concluir uno de los aspectos más difíciles del hecho de ser padres como dice Winnicott no es el dar sino el saber recibir de los hijos. Poder recibir de ellos sus reparaciones, sus modos personales de solucionar sus conflictos, sus ideas, sus puntos de vista, sus preferencia, sus muestras de cariño, en definitiva, su modo particular de ser.

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