El Paso a la Adolescencia

El paso a la adolescencia

Un acontecimiento importante en la vida de cualquier familia, es el momento en el que los hijos inician el camino de la pubertad y la vida adolescente.

Según los conceptos clásicos del psicodesarrollo, los niños pasan por un periodo de latencia relativamente estables hasta el comienzo de los cambios corporales que anuncian la llegada inminente de la adolescencia.

Este periodo de latencia abarca los primeros años escolares, desde los tres o cuatro años hasta los diez u once años aproximadamente y según los casos. Por lo general suelen ser años tranquilos, dedicados al aprendizaje escolar, en un relativo idilio familiar en donde impera el orden establecido por los papás en la casa. Es verdad que cada vez se dan más situaciones nuevas que interfieren en esta imagen ideal de los primeros desarrollos del niño como pueden ser las situaciones de nuevas parentalidades, agrupamientos familiares complejos con varias filiaciones, procesos de acogida o adopción… En cualquier caso, hoy vamos a centrarnos en los primeros compases y relativo desconcierto que suele generar en los padres el inicio de la adolescencia.

La adolescencia propiamente dicha no es una enfermedad ni mucho menos, es un paso evolutivo importante, en el que los adolescentes se juegan mucho de su futuro ya que es un periodo privilegiado de reformular experiencias infantiles y conectar con los proyectos vitales futuros. Pero si es generalmente un motivo de angustia para padres e hijos, por lo que suele ser uno de los mayores motivos de consulta.

El adolescente inicia un proceso de cambios corporales fundamentales, unido a esto se añaden los cambios de ideales, búsquedas de nuevos referentes y la reconstrucción de su relación con sus figuras de referencia como pueden ser sus padres. Inevitablemente esto es un generador de conflictos. Por una parte, es muy importante ayudar a los padres a entender y asumir su nuevo lugar en el esquema familiar, que en muchas ocasiones no es fácil. Hay que tener en cuenta que generalmente los cambios que afectan a uno de los miembros de la unidad familiar suelen tener su correlato con los otros. Muchas veces los padres muestran temor, inseguridad o desconcierto por lo que puede estar pasando su hijo, sin atreverse a afrontar las situaciones temidas. Comparto totalmente la idea de Beatriz Janin cuando dice que los padres de un adolescente deben ser como un puerto firme, capaz de dar cobijo al hijo y dejarlo marchar, como si de un barco que va y viene se tratase. En este juego entre el ir y el venir se consolida la capacidad del adolescente de ir haciéndose cargo de sí mismo.

Por parte de los adolescentes se da una curiosa y contradictoria situación, por una parte, exigen su independencia, capacidad de criterio, autonomía, pero por otra muestran una gran dependencia del grupo de iguales, de los nuevos ideales o líderes y todo esto genera un importante estado de confusión y tensión que encuentra su mejor acomodo en el entorno seguro y familiar.

En estos casos los padres tienen un importante margen de actuación, puesto que los hijos van a encajar esa figura de referencia con alivio y agradecimiento. Ya que les va a permitir ordenar y asimilar todos esos cambios rápidos y exigentes que no pueden esperar.

Lamentablemente no todos los casos son así. En donde los padres se sienten libres y autorizados para ejercer el cuidado, libertad y autoridad necesaria. Por el contrario, es muy común encontrarnos padres con dificultades para ejercer sus funciones, confundidos, temerosos de los cambios o incluso cómplices de abusos y/o negligencias respecto a la atención y cuidados de los menores. Por desgracia este tipo de situaciones coloca a los jóvenes en mayor exposición a conductas de riesgo, relaciones de dominancia y sometimiento, en definitiva, dificulta enormemente el paso a la vida adulta e independiente del adolescente.

En la consulta principalmente encontramos padres del primer tipo, aquellos que pueden percibir sus limitaciones, dificultades y buscan ayuda para solucionarlas. Por eso, para finalizar, me gustaría destacar alguna de las indicaciones que considero más relevantes a tener en cuenta por los padres:

  • En el proceso de la adolescencia de un hijo, los padres deben permanecer al frente de los procesos de cambio, atentos a las indicaciones que va señalando el adolescente, pero sin ceder la responsabilidad ni la iniciativa. Son los padres los que marcan los cambios de horario, cuantía económica, entradas y salidas…
  • Aunque en ocasiones resulte difícil, mantener los cauces y canales de comunicación, conocer y acceder a las situaciones por las que esta pasando su hijo, es importante no tener miedo a preguntar o hablar de situaciones comprometidas. Esto también implica en muchos casos estar dispuesto a aclarar o resolver dudas y aquí si me parece importante que los padres no se anticipen, sino estar accesibles a la demanda del adolescente.
  • En el caso de las familias numerosas, o por lo menos con más de un hijo, observar las características particulares de cada uno. No todas las adolescencias son iguales, ya que cada adolescente es una persona particular con un carácter y motivaciones propios.
  • Permanecer atentos a los propios cambios que uno mismo como adulto esta experimentando por todo el movimiento que la adolescencia del hijo puede generar tanto en uno mismo como en el propio entramado familiar.
  • En los momentos que sea necesario ejercer la autoridad que sea firme y respetuosa. Manteniendo las diferencias entre generaciones y responsabilidades.

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