Cuidemos de la salud mental de los niños

Las reacciones de los niños  frente a situaciones de violencia, varían según la edad, temperamento, circunstancias familiares y personales.

Por Gisela Zapata Casanave

Situaciones de gran tensión pueden ocasionar en los niños agresividad, hipersensibilidad, retraimiento, bajo rendimiento escolar, trastornos en el  sueño,  orinarse de día o de noche, dejar de jugar, etc.
Por estas  razones, tenemos que estar muy atentos cómo reciben  y perciben nuestros hijos la violencia del mundo.

Por diferentes circunstancias, los atentados, las bombas o las guerras pueden ocasionar en nuestros hijos un sentimiento de angustia y desconfianza. Los hechos violentos nos cogen de sorpresa, ellos nos causan miedo, desesperanza, debilidad y rabia. Son reacciones naturales al terror de perder la vida.

En los niños, esos sentimientos son muy intensos y si no son controlados, les causan más miedo aún. Los padres debemos ayudarlos a que no sea así. Para ello,  tenemos que aceptar que nosotros también tenemos miedo, y que ello es una reacción normal. Una vez que hemos aceptado que tenemos miedo, será más fácil controlarlos y tomar las medidas necesarias para evitar daños en nuestra familia. Será importante poder hablar con ellos la verdad para saber qué sienten y así facilitar al niño  que ponga en palabras o a través del juego, su temor a situaciones violentas.

A los niños no se les debe ocultar lo que ocurre en el mundo. Ellos buscan en sus padres una explicación de lo que ven, escuchan en la calle, en la televisión, entre sus compañeros. Por esto es importante explicarles la realidad de la vida, del mundo.

Evitar contarles que existen tragedias, no es bueno para ellos porque les estaremos ocultando  de alguna manera la realidad. Así debemos explicar las cosas de manera que lo entiendan, sin que les genere angustia y puedan reflexionar  acompañados de sus progenitores. Creo que es preferible poder adelantarse y explicarles  con afecto y sin crudeza lo que ha ocurrido, a que se enteren por personas ajenas.

La manera como nos enfrentemos al problema les influenciará directamente ; es bueno recordar que los hijos buscan en los padres contención y estabilidad.

Debemos, pues, tener  cuidado con los informativos, el telediario y ciertas películas de guerra y violencia. También es importante, tener en cuenta que los hijos  reciben información o bien a través de las conversaciones de los mayores o cuando nos escuchan hablar con el cónyuge o hermanos mayores del niño. En muchos casos estas conversaciones podrían causar confusión, prejuicios y sobresalto a los niños.

Poder  trasmitir tranquilidad en ellos sin causarles frustración ni odio les tranquilizará.

Es cierto que la realidad se impone y que el mal existe pero también es alentador comunicarles que, así como hay personas que hacen cosas que no son correctas,  hay otras personas en el mundo que hacen bien las cosas, son buenas y   no quieren hacer daño a los demás.

Si nosotros expresamos opiniones fatalistas y discriminatorias acerca de otros países, de los inmigrantes, de otras culturas, de otras personas en general, esto repercutirá negativamente en los niños. Producirá sentimientos de desesperanza, acrecentará el miedo, incentivará la violencia e impedirá al niño  imaginar soluciones constructivas y confiar en los adultos y en su entorno.

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