Cuando los padres se separan.

Publicado originalmente en ABC Familia, 13/01/2012, bajo el título Unidos a los padres.

Una separación o divorcio matrimonial va a producir un importante impacto en la familia, padres e hijos, se verán, al menos por un tiempo, sumergidos en el desconcierto. En el caso de los niños este impacto es mayor, pues a la pérdida de su marco familiar y referencia primera hay que sumar su situación de dependencia del adulto. Esto quiere decir que sus cuidados y necesidades afectivas también pueden verse comprometidas si los adultos no gestionan con sensibilidad la confusión en que se mueven.

Los psicólogos llevamos décadas examinando las consecuencias de la separación en el desarrollo afectivo de los niños y cualesquiera que sean los inconvenientes psíquicos que cause, éstos no revelarán gravedad si los niños se encuentran ante una situación clara, zanjada, cuando saben qué terreno pisan.

Los padres a pesar de la situación de conflicto personal que atraviesan, los adultos también vivimos la ruptura como algo fuertemente conflictivo, han de mantener siempre una actitud veraz y tranquilizadora hacia los pequeños y evitar mentir u ocultar. Los silencios, el engaño, las mentiras implícitas o apariencias engañosas, aunque interpretadas a menudo como protección, producen en el niño el efecto contrario, le exponen en lugar de cuidarle.

La principal guía o directriz de apoyo que proporcionamos a los padres ante una separación consiste en que se mantengan cuidadosos de manera que el conflicto parental, inevitable, no invada también a sus hijos.

Para el niño la separación de unos padres es en muchos casos una intuición hecha realidad, como pequeño investigador del mundo, siente, percibe, busca, los signos y señales de su alrededor. Por ello es inevitable que « sienta » la separación, de forma más o menos violenta según los casos y la edad del niño, con desgajamiento y disgusto.

Es comprensible que la separación tenga consecuencias más graves para los hijos en unos momentos que en otros. Aquí nuestro trabajo como psicólogos centrados en la infancia consiste en romper con la falsa creencia de que los niños de menor edad apenas captarían el clima conflictivo y por tanto se verían menos afectados, cuando viene a suceder lo contrario, el niño sentirá la separación más profundamente cuanto más pequeño sea, pues es aún del todo dependiente de sus padres y por ello cuenta con menor autonomía para salir a flote.

Estos cambios que el niño ha intuido o desvelado poco a poco no se harán realidad hasta que sus padres los pongan en palabras, de ahí la importancia de ese momento; la claridad, el amor y cuidado cómo vehículos de un mensaje doloroso es un requisito fundamental para que la situación no devenga traumática, en el sentido de que produzca heridas que bloqueen el desarrollo afectivo o intelectual del niño. Quienes trabajamos con niños observamos como lo que no se pone en palabras o se oculta no accede al espacio mental del niño, lo cual posibilita que, en tanto depositario de tales nudos conflictivos, todo ello aflore en él de manera incontrolable.

Consultar a un psicólogo especializado en infancia ayuda al niño a comprender y elaborar una compleja situación que excede sus capacidades infantiles, le ayuda a entender las razones de los adultos. Esta acción previene o remedia dificultades futuras y será necesario en los casos donde los adultos-padres o al menos uno de ellos no logran mantener una actitud serena, pues sus propios conflictos se lo impiden.


* Dolto, F. (2011). Cuando los Padres se Separan. Barcelona, Paidós IbéricaPublicado originalmente en ABC Familia, 13/01/2012, bajo el título Unidos a los padres.

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