Cómo afrontar los celos infantiles

Celos Infantiles y algunos ejemplos de intervención

Siguiendo con el tema de los celos infantiles, expondré un ejemplo que suelen comentar los padres en consulta acerca de los conflictos más comunes que viven con sus hijos, intentando mostrar la intervención más adecuada para favorecer la empatía y la capacidad para pensar.

“ Alberto ha cogido mis coches”

El pequeño Alberto está jugando con los coches de su hermano mayor, Daniel. Cuándo regresa a casa del colegio, Daniel se da cuenta que Alberto está jugando con sus coches. Entra en la habitación y se los arranca de las manos. Alberto empieza a llorar. Daniel lo empuja y lo hace rodar sobre el suelo. Y así comienza la pelea interminable, de puñetazos y gritos.

¿Qué hacemos para resolver un conflicto de este tipo? Aquí tenemos los recursos más frecuentes.

  • Escenario 1

La madre entra en la habitación, coge los coches y da una bofetada a cada uno de ellos y les envía a habitaciones separadas.

Las bofetadas aunque parecen resolver el problema inmediatamente, no funcionan, al contrario son contraproducentes. Enseñan que la violencia resuelve los conflictos, gana el más fuerte y el que pega más. La violencia deja impotente al niño. No hay lugar para la palabra ni para pensar. Es importante enseñarles que las palabras tienen fuerza y puede servir para frenar y poner límites.

Ambos niños salen perdedores y ambos incuban rencor en las relaciones con la madre y el hermano. De la intervención del adulto no extraen ninguna regla de cómo comportarse si la situación se volviera a presentar.

  • Escenario 2

La madre o el padre entra en la habitación y hace un falso interrogatorio. Del estilo, “¿Se puede saber qué pasa aquí?”, “Siempre la misma historia”, “No puedo dejaros ni un minuto a solas”. Luego vienen las acusaciones entre los hermanos, “Él fue”, “No es verdad”, “Eres un mentiroso” y así toda la discusión se convierte en ataque y defensa.

En cualquier pelea, se debe partir del supuesto de que ambas partes tienen parte de razón. Daniel tiene razones para enfadarse, porque el hermano le ha cogido sus coches sin preguntar. Por otro lado, el pequeño podría tener ganas de jugar con los coches del hermano que son más grandes y creer que tenía derecho a cogerlos si su hermano no estaba allí.

Intentar resolver una discusión defendiendo a buenos y malos es tremendamente difícil, ya sea porque no es fácil definir los límites, ya sea porque, cuando uno se pelea, es presa de muchas emociones y no consigue razonar objetivamente. Si además la madre o el padre entran a la habitación irritados haciendo comentarios como “Ya están otra vez”, “Ya me cansé de ustedes dos, no vais a cambiar”. Aquí, se envía un mensaje de desconfianza en la relación entre los hermanos y un mensaje de desconfianza en la posibilidad de cambiar. Es decir, se cierra la posibilidad de entenderse mutuamente y se cae en la desesperanza. La madre entra en la habitación con una idea preconcebida sin antes haber escuchado a ambas partes, sin mostrar confianza en que sus hijos encontrarán la solución señalando sólo la repetición de las peleas.

  • Escenario 3

Otro escenario podría ser minimizar lo ocurrido “Os peleáis siempre por tonterías”, “Tú que eres el mayor no te da vergüenza pelearte con tu hermano el pequeño”, “Y, a ti Alberto, no te he dicho que dejes de tocar las cosas de tu hermano”, “Si escucho otro grito se quedan sin chuches toda la semana”.

Los padres satisfechos por su imparcialidad, no resuelven el problema y los niños continúan con el conflicto. Definir el problema como una tontería no ayuda a ponerle fin. Para ambos niños el tema de los juguetes tiene muchos significados. Para Daniel, el tema de los coches tiene que ver con su derecho a defender su territorio y lo que él considera como propio. Y para Alberto, podría ser el hecho de sentirse mayor jugando con los coches de su hermano.

  • Escenario 4

La madre entra a la habitación, les arranca los coches y se va.

La apropiación tiene la ventaja de acabar con la causa de la pelea pero no resuelve los rencores entre cada uno de los participantes incluyendo a la madre.

  • Escenario 5

Los padres podrían ponerse en el lugar de Alberto y comparecerse de él colocándole en el lugar de víctima y a Daniel colocarlo como el peleón de la familia. Definidos los papeles, los niños repetirán aquello que creen que se espera de ellos.

Más que animarles a cambiar sus actitudes, nuestras palabras modelan todavía más su personalidad con las características ya establecidas. Es importante tener cuidado con no etiquetar a nuestros hijos.

¿Cómo intervenir adecuadamente?

  • Primero, es traer la calma. Ponerse a la altura de los niños para hablar, intentando bajar la voz y pidiéndoles que no griten. Si lo necesitan también se les puede sugerir que estén en silencio un rato y que respiren profundamente.
  • Segundo, describir la situación. Si los niños no paran de recriminarse y acusarse, intentemos nosotros mismos exponer la situación lo más objetivamente posible. “Tú Alberto querías acabar de construir la pista para los coches” Y tú, Daniel, querías que Alberto te pida permiso para jugar con tus coches” Esta descripción clara y sencilla ayuda a las niños a entender sus planteamientos y a entender los del otro hermano.
  • Tercero, mostrar comprensión. La idea es que los niños se sientan escuchados cada uno por separado, esto les reconforta porque se sienten reconocidos y aceptados tal cuál son. “Lo comprendo, es una situación difícil. Dos niños quieren usar los mismos coches en el mismo momento. También a mi me pasaba con la tía Denisse y los lápices de colores”. Los recuerdos de los padres distancian a los niños de su problema inmediato con lo cual suscitamos en ellos la curiosidad de cómo acabó la historia entre su tía y su madre y les ayuda a empatizar con la suya propia buscando posibles soluciones.
  • Cuarto, es justamente dejar la solución a los contrincantes. Así nosotros no aparecemos como los jueces y los que tenemos la última palabra fomentando en los niños la responsabilidad de resolver solos sus discusiones y peleas. De esta manera, nos verán cómo facilitadores que quieren ayudar a qué ellos encuentren las salidas a sus problemas y cómo personas adultas en las cuales apoyarse para desde allí reflexionar. Con esta actitud los padres trasmiten que tienen confianza en que sus hijos encontrarán una solución válida.

Cómo vemos, lo importante es que el niño sienta que sus padres le consideran y que toman en cuenta a cada uno de ellos con sus propias necesidades. Qué comprenden lo difícil de la situación, qué comprenden lo difícil que es aprender a ser hermanos pero que tienen la confianza suficiente en que sus hijos lograrán encontrar el modo de compartir y de convivir juntos.

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