Síndrome del nido vacío

Síndrome del nido vacío

El Síndrome del nido vacío

El nacimiento de nuestros hijos suele ser un momento único y emocionalmente muy intenso en nuestras vidas, sin embargo ¿qué pasa cuando se van de nuestro lado?

Hace poco ganaba un Oscar el último corto de Pixar que trata sobre una mujer que sufre el síndrome del nido vacío. Este síndrome alude a un fuerte sentimiento de pérdida que surge cuando los hijos abandonan el hogar familiar para emprender su propio camino. A veces a los padres nos cuesta mucho afrontar esta etapa, y como se ve claramente en el corto que acabo de mencionar nos puede llegar a dominar la tristeza, la ira e incluso en algunos casos llegar a la depresión.

Bao, de Pixar

El reconocido terapeuta familiar Salvador Minuchin entendía la familia como un sistema sociocultural abierto a un proceso de transformación, que atraviesa numerosas etapas que demandan una reestructuración, con la tarea de fomentar un crecimiento psicosocial de cada uno de sus miembros (2003).

Si entendemos la familia desde esta perspectiva, y entendemos que la meta del crecimiento es la independencia para que así nuestros hijos puedan emprender su propio camino, esta etapa sería “la esperada”. Nosotros los padres tenemos que ayudarles a hacerlo e incluso a lo largo de su desarrollo haber podido acompañar y validar ese deseo de emancipación e independencia.

No podemos olvidar que también para nuestros hijos es un momento con mucha intensidad emocional, y muchas veces cargado de miedo e inseguridades: ¿seré capaz de vivir solo?, ¿me irá bien la convivencia con mi pareja?, ¿encontraré amigos en la nueva ciudad o me sentiré solo? Estas y muchas otras dudas vienen a la cabeza de los hijos cuando abandonan el hogar familiar que tanta seguridad ha proporcionado en busca de su emancipación y proyecto vital propio.

Respeto y Confianza

Si la relación con nuestros hijos es una relación basada en el respeto y la confianza, lograremos que esta transición sea más fácil, tanto para nosotros como para ellos. De esta manera podremos hablar de ello, acompañarlos en la decisión y aunque les echemos de menos, tener el orgullo de que están recorriendo la etapa que les corresponden.

Sin embargo, a veces el partir de los hijos es vivido por los padres como un abandono, como una falta de consideración o de reconocimiento. “no entiendo porque te tienes que ir, si aquí en casa no te falta nada”. Cuando a los padres nos cuesta tanto entender este deseo de independencia de nuestros hijos, estamos haciendo que la única forma de salir de casa sea desde el enfado o si no que se quede estancado o parado su proyecto de emancipación por el sentimiento de culpa tan grande que acarrea dejar el domicilio familiar.

A veces, este sentimiento de enfado, de abandono, de tristeza se apodera de nosotros y nos dificulta el poder vivir esta etapa con orgullo e incluso poder disfrutarla. Pero claro, si durante los últimos 18-25 años me he ocupado de ser madre o padre, ¿qué voy a hacer ahora?

En muchas parejas, este momento puede ser una oportunidad para reencontrarse, pasar más tiempo juntos, dedicar más tiempo a los viajes o proyectos de la pareja, o por el contrario puede aparecer distancia, conflictos, dificultades en la relación antes tapadas por la relación parental y el cuidado de los hijos en el hogar, que no permitían que los problemas de la relación de pareja saliesen a la luz.

También para las personas que han dedicado su vida al cuidado de sus hijos como única función, se experimenta un vacío muy grande, ya que su autoestima está basada en el éxito de la función como padre o como madre.

Cuando este vacío se apodera de nosotros, llevándonos a una sensación de tristeza y desasosiego que perdura en el tiempo, sería adecuado pedir ayuda o asesoramiento profesional para poder acompañar esta etapa.

La Propia Identidad

Para poder prevenir esto es importante que los padres ejerzamos la función de padres en pareja o en solitario (familias monoparentales) y vayamos recuperando nuestra identidad como hombres y mujeres además de ser padres. Que podamos ejercer además de la crianza de nuestros hijos, nuestros roles como pareja, como amigos, como profesionales, como aficionados a algo, etc; ya que esto permitirá que podamos asumir la separación de nuestros hijos como algo positivo y les estaremos dando permiso a ellos para que puedan abandonar el hogar familiar cuando se sientan preparados sin sentir culpa por dejarnos solos.

Al igual que ayudamos a nuestros hijos a caminar, primero llevándoles cogidos de la mano, después aplaudiendo y animándoles en sus primeros pasos muy de cerca para que cojan confianza y nos sentimos orgullosos cuando lo consiguen, tenemos que saber que la independencia y la emancipación es una etapa más en el desarrollo evolutivo de nuestros hijos. Y si quieren independizarse y se sienten capaces de hacerlo, es porque les hemos ayudado a lo largo de los años a sentir que tienen las suficientes capacidades y herramientas para hacerlo.  Es porque lo hemos hecho bien!!!!

Os dejo a continuación un poema del poeta libanés Kahlil Gibran:

Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues, ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellas, viven en la casa del mañana, que no puedes
visitar ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti porque la vida no
retrocede, ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad.

Tus hijos no son tus hijos (Kahlil Gibran)

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