Conversación con adolescentes

Conversación

Lo que la palabra esconde

Cada vez con más frecuencia recibo consultas de padres relacionadas con las dificultades de comunicación que tienen con sus hijos. Especialmente aquellos que empiezan su andadura en la adolescencia, pero también, y con un incremento cada vez más acusado, con niños de corta edad.

En el mejor de los casos, en la adolescencia se produce un choque de trenes. Por una parte tenemos a chicos y chicas cargados de hormonas, inquietudes y mitos que se desvanecen, y por otra, a unos padres que empiezan a recibir señales irreconocibles y en muchas ocasiones cuestionamientos desmesurados de su autoridad difíciles de encajar.

Otra situación más compleja y aparentemente menos escandalosa, es cuando la adolescencia arranca de forma silenciosa. En los extremos más preocupantes, este periodo puede llegar a cursar con grave aislamiento, retraimiento y retirada de la libido, generando situaciones de verdadero bloqueo e inhibición, y por tanto interrumpiendo el desarrollo psicoafectivo del adolescente.

Si nos retrotraemos unos años antes, a los niños latentes, también podemos observar dificultades.

El termino latencia, hace referencia a un periodo que abarca aproximadamente desde los tres años hasta los primeros inicios puberales. Este periodo de la vida de los niños, generalmente ha sido considerado como una etapa del desarrollo propicia para el aprendizaje y asentamiento de los primeros e importantísimos conceptos abstractos. Conceptos fundamentales como las operaciones matemáticas básicas, escritura, caligrafía y lectura.

Hoy en día no parece haber un consenso en ver esta etapa de la vida como un periodo inocente e inocuo, como se solía pensar.

Desde el ámbito escolar y por supuesto también desde el entorno familiar, recibimos muchas señales de alarma en cuanto a los niños latentes, antaño dulces, aplicados e inofensivos. Criaturas que se vuelven día a día más incontroladas, operando violentamente contra sus compañeros (bullying) o en sus domicilios, contra sus propios padres, que en muchas ocasiones se ven incapaces de hacerse con el orden de la casa y  que por desgracia, pueden terminar diagnosticados y medicados como consecuencia de tan preocupantes situaciones.

Cada niño viene con unos rasgos de carácter y personalidad en ciernes, por definir, a lo largo del ciclo vital en función de como sean los primeros encuentros vitales, tipo de gestación, parto, vinculación materno filial, encuentro con el padre, hermanos, escolarización, etc

Encuentro algo revelador al respecto de las interferencias que se producen entre padres e hijos latentes. Desencuentros que se producen en la intimidad del hogar, despojada de las normas y contenciones sociales que suele acarrear dificultades en cuanto al orden y la violencia que generan.

Frecuentemente las alteraciones posteriores en esas personas que un día fueron niños, hay que buscarlas en las alianzas que establecieron con sus progenitores cuando contaban con escasos años de vida.

Pondré dos sencillos ejemplos para arrojar luz sobre el tema:
  • En una ocasión, un padre me reveló que a su hija casi adolescente no le habían comunicado el fallecimiento de la abuela paterna, la cual vivía con ellos. El motivo para ocultarlo era frenar el potencial shock que pudiera provocarle.

El hombre, al detectar mi perplejidad, despachó el asunto aclarándome que si la niña preguntaba, zanjarían el tema diciéndole que la habían llevado a una residencia.

  • En otra ocasión, un hombre adulto me relató que siendo niño, su madre le hizo prometer que nunca buscaría a su padre. El padre en aquellos momentos permanecía en la cárcel, por un delito desconocido para mi paciente.

Pasados más de cuarenta años de aquella promesa, poco antes de que la madre falleciera, aún le hizo jurar que una vez que ella faltara mantendría aquella promesa.

Considerar y valorar qué tipo de comunicación y alianzas se establece con los niños es vital para su desarrollo. En el ejemplo de estas dos viñetas se refleja la importancia que tiene establecer una comunicación honesta y clara con los hijos sin ataduras ni temores. No debemos olvidar que una de las tareas principales de los padres para con los hijos reside en cuidarlos y protegerlos para permitirles crecer, desarrollarse e independizarse.

Una sencilla guía que suelo utilizar cuando los padres consultan sobre cómo hablar con sus hijos es la siguiente:

  • Nunca mentir a un niño.
  • Permitir un clima familiar de confianza y seguridad para que el niño pueda preguntar o compartir sus inquietudes.
  • Ajustar las respuestas a la demanda y capacidad de comprensión del niño. No es necesario dar más información de la solicitada.
  • Si el niño siente libertad para hablar, irá compartiendo de forma espontánea sus preocupaciones.
  • Delimitar bien aquello que forma parte de la curiosidad o inquietud del niño, y por lo tanto le concierne, de lo que pertenece a la intimidad y privacidad del mundo de los padres, que, sin lugar a duda, en ningún caso le concierne.

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