Concha Díez-Rubio. Médico psiquiatra, miembro asociado de la APM y presidente del Instituto de Estudios Psicosomáticos y Psicoterapia Médica.

 

 

 concha

1. ¿Cuál fue su vía regia de acceso al psicoanálisis?

Entré en contacto con el psicoanálisis leyendo algunas obras de Freud cuando era estudiante de medicina en Santander. En un momento determinado, decidí hacer la especialidad de  psiquiatría,  con la idea de hacerme psicoanalista, aunque sin tener mucha idea de en donde me estaba metiendo. Al llegar a Madrid para hacer la especialidad tomé contacto con personas que estaban ya integradas en el mundo psicoanalítico, especialmente con Antonio Campoy, que era el jefe de sección en el servicio de psiquiatría en el que yo hice mi residencia en el hospital  Gregorio Marañón (que entonces se seguía llamando Francisco Franco). Fue la primera persona con la que empecé a entender qué era aquello del psicoanálisis, más allá de las lecturas que había realizado por mi cuenta. En paralelo comencé  en un grupo con María Teresa Ruiz y  poco después inicie mi análisis didáctico con Rafael Cruz Roche.

Antonio Campoy  traía al servicio a muchos psicoanalistas como José Luís Peñalver, Foulkes, Eduardo Lepol… que nos acercaban  a los residentes a la psiquiatría dinámica,  con una impronta psicoanalítica,  a través de seminarios y supervisiones de  casos clínicos. También se ocupó de acercarnos a las teorías y la práctica sistémica, contando con Teresa Suarez y Carmen Rogero, que recién llegadas de Suiza, impartieron un  seminario en el hospital.  Todo ello desde una sólida formación en psiquiatría clásica. Campoy tuvo un mérito enorme, pues a pesar de tener prácticamente a todo el servicio en su contra, insistía  en que los residentes tuviésemos  una formación psicodinámica con una sólida base, facilitando el acercamiento a la comprensión  de la complejidad del mundo psíquico y psicosomático.  Su actitud abierta y flexible hacían de él, ante todo, un maestro.

2. ¿En qué situación se encontraba el psicoanálisis en España?

A finales de los 70 y primeros 80 en un Servicio de Psiquiatría dentro de un Hospital General, muy influenciado por todas las corrientes de la antipsiquiatría por un lado, y por una rígida orientación organicista por otro, el psicoanálisis  estaba especialmente mal visto. De los doce residentes que éramos, nos analizábamos tres. Había una tendencia a considerarlo clasista ó elitista, lejano a un planteamiento de salud pública, lo cual resultaba bastante paradójico, porque para analizarnos, supervisar pacientes del propio Hospital, teníamos que dejarnos el sueldo y hacer bastantes equilibrios, de tiempo, económicos y sobretodo mentales. Eso en el hospital en el que yo estaba, el antiguo Francisco Franco, hoy Gregorio Marañón. En otros centros públicos, como Leganés, la Clínica de la Concepción o la Cruz Roja, mi impresión es que las cosas podían ser algo más fáciles para los residentes interesados en la formación psicoanalítica, por haber más psicoanalistas dentro de la platilla de psiquiatras.

 

Y por otra parte, en la Asociación Psicoanalítica no estaba especialmente valorado, por parte de algunos sectores, el que  se trabajase en  las Instituciones Públicas; eran mundos muy disociados. Pienso que esto ha sido algo que ha perjudicado enormemente a ambas partes y que seguramente tendremos que tratar de reparar en el futuro. Aunque quizá, estos tiempos tan duros que corren para la Sanidad Pública, no resulten especialmente propicios para ello, pero también tengo la impresión de que hay un rebrote por parte de los MIR y PIR del interés por las corrientes más psicodinámicas. Al fin y al cabo, las respuestas excesivamente biologicistas, a medio y largo plazo, no satisfacen a casi nadie.

 

 3. ¿Qué balance hace de su experiencia cómo paciente y posteriormente como psicoanalista?

No se puede entender lo uno sin lo otro. Al fin y al cabo, es nuestro aparato psíquico la principal herramienta con la que contamos para desarrollar el trabajo de psicoanalista, pero también para desarrollar nuestra propia vida. Yo diría que, sin contar lo valioso del “patrimonio” familiar recibido, lo que más me ha aportado en mi vida ha sido mi análisis personal, tanto en lo profesional como  lo personal.

4.  ¿Cuál sería el aporte fundamental del psicoanálisis hacia el conocimiento del individuo, de la salud mental y de la sociedad?

 

El psicoanálisis abre la posibilidad de pensar y de tratar de entender el mundo interno propio y del otro,  con una herramienta psicológica sencilla y al tiempo, extremadamente sofisticada. El descubrimiento del mundo inconsciente y la posibilidad de acceder a él con esta herramienta, proporciona una mirada comprensiva del individuo, lo que lógicamente se traslada al campo de la salud mental o a otras áreas del conocimiento o de la ciencia y la cultura en general, enriqueciéndolas con sus aportes y su específica manara de mirar , que incluye  y tiene en cuenta siempre al observador y el inconsciente de éste.

 

5. ¿Qué une y que diferencia el psicoanálisis de la psicología y la psiquiatría?

 

Pienso que no debemos olvidarnos de que el descubridor del psicoanálisis era médico y comienza a hacer sus descubrimientos a partir del trabajo clínico con pacientes histéricas. A mi modo de ver, el psicoanálisis es una teoría que se acerca a la comprensión de los procesos psíquicos y psicosomáticos desde un ángulo psicológico con una profundidad que no dan otros abordajes.

 

Yo no tengo, quizá por mi propia trayectoria personal, una visión del psicoanálisis disociada de la psicología o de la psiquiatría, sino más bien como una teoría y una técnica, muy específica que, como médico, me resulta extremadamente útil, no solo cuando la aplico en exclusiva con determinados pacientes, sino también cuando me ayuda a pensar en otro tipo de enfoques para determinados problemas en los que un psicoanálisis puede no ser la indicación idónea o, sencillamente no es posible.

 

6. ¿Respecto a la medicina, que podría aportar desde el Instituto de Estudios Psicosomáticos y  Psicoterapia Médica?

 

Pienso que el IEPPM tiene una función muy importante, que es difundir  los conocimientos y la práctica psicoanalítica a profesionales de la salud (psiquiatras, psicólogos, médicos otras especialidades…), que no siempre son, ni muchos de ellos van a ser, psicoanalistas, pero que van a poder acercarse a este campo  y al de la medicina psicosomática, a través de las actividades  científicas de difusión que regularmente organizamos. Y esto es muy importante, pues permite ver el psicoanálisis y la psicosomática  de orientación psicoanalítica, en su realidad teórica y  en su “funcionalidad” clínica, que como bien sabemos, dista un trecho de los muchos tópicos que circulan en torno a nuestra disciplina. El psicoanálisis sirve para algo aparentemente tan sencillo cómo, comprender profundamente el funcionamiento mental de los pacientes y el trabajo de exploración del mundo inconsciente, además, resulta ser terapéutico.

 

Recientemente hemos hecho una mesa redonda sobre el cáncer, con la presencia de Pilar Zamora, una oncóloga de La Paz, Manuel Pérez López, que abordó el tema de lo sociofamilar en el cáncer y  de Mikel Zubiri   quien lo abordó desde el polo puramente psicosomático como presidente de IPSO. Para mí esto representa una de las funciones esenciales del Instituto, dar a conocer y establecer diálogos entre la medicina del cuerpo y lo estrictamente psicoanalítico, diálogo del que salen enriquecidas ambas partes. Difundir entre personas que no trabajan en lo psicoanalítico  determinados aspectos del psicoanálisis puede enriquecer su práctica y pienso que, también al revés, pues con frecuencia, los que trabajamos más en lo “psi”, corremos el peligro de olvidar la realidad del cuerpo.

 

Cuando se hace difusión del psicoanálisis a profesionales de la medicina o psicólogos orientación cognitivo conductual o psiquiatras biologicistas, aunque nunca vayan a trabajar desde la óptica psicoanalítica, se les está ofreciendo una visión de la  realidad psíquica más amplia,  otro punto de observación  más amplio, que no se acaba en un espacio concreto o en un modelo teórico concreto.

 

7. ¿Qué nos puede contar sobre el IEPPM y otras instituciones psicoanalíticas?

 

El IEPPM es la institución psicoanalítica más antigua de este país. Se fundó a principios de los 60 por  el profesor Rof Carballo y  continúa con su actividad en la actualidad, lleno de vida, difundiendo  el psicoanálisis y los aportes de la medicina psicosomática entre las nuevas generaciones de psiquiatras, psicólogos y, otros sectores de la sociedad,  tanto en el campo de la medicina  como  la biología,  la educación etc… Ha sido fundamental la labor del Dr. Rallo  desde su servicio de psiquiatría de la Clínica de la Concepción  (Fundación Jiménez Díaz), donde  se han organizado y seguimos aún organizando actividades científicas; es una vinculación con el mundo hospitalario y de la medicina muy buena para todos. Otra persona muy destacada en la presidencia el Instituto fue el Dr. Jaime Tomás que introdujo entre los psicoanalistas, hace ya bastantes años,  la psicosomática  de la escuela francesa.  En fin, han sido muchos los profesionales que han trabajado y siguen trabajando de forma absolutamente generosa y desinteresada en esta labor que desarrolla el IEPPM, tanto desde  el frente más de la organización, que desarrollan los miembros de  las juntas directivas como en la colaboración, por parte de un sinnúmero de valiosísimos compañeros,  en la realización de las actividades científicas que el instituto lleva a cabo .

 

8. ¿Qué campo del psicoanálisis ha despertado mayor interés en su carrera?

Me siento más identificada con el trabajo clínico y quizá, uno de los temas que más me ha interesado a lo largo de los últimos años es el de la problemática perinatal materna. Es un periodo   muy especial en la vida de la mujer, de una enorme importancia desde el punto de vista, no solo terapéutico, también psicoprofiláctico, tanto para el hijo, como para la madre. Ayudar a las madres en ese periodo tan delicado, difícil y muchas veces solitario, es facilitar enormemente el futuro del nuevo ser.

 

9. ¿Para usted con que cualidades debe contar una persona para ser psicoanalista?

 

Dejando de lado lo más obvio en cuanto a una formación teórica y técnica suficientemente  consistente y una buena base cultural y científica, como cualidad personal, me parece lo más importante la honestidad, la autenticidad y el amor a la verdad; a partir de ahí se va a poder escuchar y tolerar; el entender y el no entender para poder acercarse al otro con respeto y con una actitud abierta que facilite la comprensión, de los otros y de uno mismo, indispensable para desarrollar un trabajo psicoanalítico.

10. ¿Qué considera que puede aportar el psicoanálisis al SXXI?

 

Más allá de lo que ocurra con la clínica o las instituciones en el campo de la salud, que creo queda fuera de toda  duda, el psicoanálisis ha impregnado el mundo de la cultura a lo largo del SXX y creo que lo seguirá haciendo en el futuro. Los aportes del psicoanálisis en la salud, la educación, el arte, etc.  son innegables e ineludibles para poder  comprender  el funcionamiento humano y social en la cultura occidental y este hecho, a mi modo de ver,  es  ya irreversible, independientemente de los cambios, modas o influencias que puedan dominar en un momento determinado.

11. ¿En relación a las redes sociales y la tecnología, de qué manera pueden influir en la técnica psicoanalítica?

 

Todavía no tengo una idea muy formada al respecto, además yo no soy nada “tecnológica”; dicho esto, creo que las redes sociales introducen una  variante muy importante en la comunicación humana y que habrá que ir valorando su impacto en la técnica psicoanalítica con el tiempo. Por otra parte los psicoanalistas somos, en general,  gente mayor y, claro,  no es lo mismo la relación que uno establece con una lengua cuando la aprende en la edad adulta  que cuando es bilingüe o ha crecido con ella. Pienso que los métodos técnicos para mejorar las comunicaciones se van integrando en la vida y como tal será inevitable que se incorporen a las diferentes disciplinas y por lo tanto también se incorporaran a la nuestra. No hay marcha atrás. Pero seguramente la generación vuestra, la de los más jóvenes,  será la que tenga más que aportar al estudio de las nuevas situaciones que todo esto va creando en el espacio psicoanalítico.

 

 Lo que es un tratamiento psicoanalítico hoy día, no tiene mucho que ver con lo que era hace un siglo, cuando los interesados en el psicoanálisis  pasaban  unos meses a Viena analizándose  con Freud, en ocasiones  mientras paseaban, en una relación personal y a veces incluso familiar impensable en la actualidad. Entiendo que la técnica psicoanalítica, ira sufriendo una evolución con las variaciones que los cambios de forma de vida van imponiendo, sin perder necesariamente lo esencial del pensamiento psicoanalítico. No debemos olvidar que el psicoanálisis es una teoría, pero también es una herramienta diseñada para pensar y reflexionar en torno a lo que sucede, en el espacio intrapsíquico y en el interpsíquico.

 

12. ¿Respecto al psicoanálisis y la neurociencia que nos podría decir?

 

Pienso que son dos ciencias que confluyen en un espacio de investigación común, pero con un punto de partida diferente y un enfoque y unas herramientas distintas. Es inevitable que para un objeto de investigación tan complejo como es  el psiquismo humano,  el acercamiento no puede ser desde una vía única, aunque   es seguro que, hallazgos desde una línea de investigación, tienen su confirmación (cuando son válidos), desde otras, aunque estas últimas utilicen herramientas, técnicas e “idioma”, completamente diferentes. Hablando de psicosomática, por poner un ejemplo, recientemente se publicó un trabajo referido a la expresividad genética en torno al cáncer y las enfermedades neurodegenerativas;   el descubrimiento constataba que,   cuando se activan genes vinculados al desarrollo de un cáncer no se activan genes vinculados a enfermedades neurodegenerativas, tipo Alzheimer, Parkinson… En la vejez sobre todo. Y al revés. Las enfermedades neurodegenerativas o enfermedades mentales graves, de alguna manera parece que inhiben la activación genes tumorales.  Al leerlo,  me resultaba inevitable pensar en la constatación, desde las neurociencias o, en este caso, desde la genética, de las tesis que proponen los psicosomatólogos (psicoanalistas), que hablan de esto mismo: cómo en las enfermedades mentales, los  puntos de fijación en el campo psíquico, protegen al cuerpo  de las derivas psicosomáticas. En cierto modo lo que se ve en hospitales psiquiátricos en donde los esquizofrénicos se enferman menos físicamente cuando hay una epidemia, por ejemplo de gripe, que el propio personal sanitario.

 

Lo que pasa es que el campo mental, el campo del psiquismo, es tan complejo que no creo que se pueda comprender en su totalidad, ni desde el psicoanálisis ni desde la neurociencia. No son disciplinas mezclables, pero tampoco lo son opuestas ya que se ocupan de los mismos problemas.

 

13. ¿Qué autores le aportan más actualmente?

 

Ahora mismo estoy preparando un trabajo sobre Joyce McDougall y releerla está siendo un redescubrimiento sobre la capacidad de escuchar  pensar psicoanalíticamente con libertad y un enorme respeto al paciente.