Félix Blanco, psiquiatra y psicoanalista. “Hay que tener mucho respeto por el sufrimiento ajeno”.

Manuel Viola. Blanco y negro 1960

Manuel Viola. Blanco y Negro 1960

Entrevista realizada por Felix Lalanne y Dagfinn Méndez-Leite

¿Cuál fue su vía regia de acceso al psicoanálisis?

Por malestar personal. Por necesidad de un apoyo terapéutico. Y eso además me ha marcado. Empecé muy joven, en el año 68, todavía en Madrid no había prácticamente nada, y el Dr. Rodríguez Piedrabuena organizó unos grupos para estudiantes de medicina. Así fue como me acerqué al psicoanálisis, en estos grupos de sensibilización, pero que ya eran en sí una experiencia terapéutica. Luego fui contactando con otras personas que llegarían a ser psiquiatras y analistas.

Yo soy psiquiatra, luego realicé toda mi formación como analista en la APM y luego me desvinculé de todo lo relativo a lo institucional. Fundamentalmente lo que yo me he sentido siempre ha sido terapeuta e incluso ahora que por edad ya me podría jubilar no me interesa, disfruto con mi trabajo y sigo estudiando y revisando casos con los colegas.

¿En qué contexto se encontraba el psicoanálisis en España?

En el 72 había siete u ocho analistas en Madrid y se acabó. Entre ellos Rallo y Carolina Zamora, Jesusa Pertejo, María Teresa Ruiz y González Morado. Luego de Argentina vinieron Pola y Jaime Tomás y Juan Francisco y Leguina que estaba por aquí.

No había todavía grupo. Los candidatos iban a las entrevistas a Barcelona. En España pesó mucho la prohibición del psicoanálisis, que según me contó Jaime Tomás estuvo prohibido hasta el año 58. Ellos estuvieron aquí una temporada antes del 72 y tuvieron que volver a Argentina.

En el 76 vinieron los Grinberg también de Argentina, otro de los puntales. Como organizaba los seminarios en su casa, la policía en alguna ocasión fue a investigar. No creáis que era ninguna tontería. Había un temor respecto al psicoanálisis. El único servicio activo en los inicios era el de Rallo en la Concepción.

¿Qué puede decir de su experiencia como paciente?

He realizado dos análisis. Si queréis el primero llamarlo didáctico, aunque ya sabéis mi postura, de unos ocho años y luego nueve años después hice un segundo análisis por circunstancias personales mías. Yo diría que ese segundo análisis fue para mí mucho más verdadero y terapéutico y tremendamente enriquecedor. Y es una experiencia que recomiendo muchísimo a los analistas la de reanalizarse una vez pasado un tiempo.

¿Con qué cualidades debe contar un psicoanalista?

Nuestra profesión es muy rara y muy dura y creo que solamente se puede llevar bien si te gusta y para que te guste tienes que estar bien y tolerar mucho. Así que la principal sería el aguante, y muchas más por supuesto. Pero hay mucha gente por los motivos que sea, que no puede dedicarse a esto, porque no escucha, actúa. Tapando y negando la ausencia del otro. Y eso sólo te lo puede facilitar, más allá de las propias capacidades innatas de cada uno, la experiencia de un propio análisis.

¿También ha estado muy vinculado al Instituto de Psicosomática?

Siempre he trabajado con pacientes con patología psicosomática. Además para una persona con una enfermedad física, ya sea psicosomática o solamente somática, siempre le viene bien un trabajo personal psicoterapéutico. La regulación afectiva siempre afecta el sistema inmunológico y a través de eso se podría explicar muchas cosas vinculadas a la patología que cada vez se ve más en la clínica clasificada como autoinmune.

A nosotros nos influyó mucho la escuela de Paris por cercanía y también por la influencia de Jaime Tomás, que fue pionero en España tanto de la psicosomática como del pensamiento de P. Marty.

¿Qué diferencia hay entre psicoanálisis, psicología y psiquiatría?

Hay varios puntos de vista. Hay profesionales a los que les gusta diferenciar mucho el psicoanálisis de la psicoterapia y hay otros a los que no. Pues yo soy de los que no lo diferencia. Además cuestiono mucho la existencia de un psicoanálisis puro en el aspecto terapéutico. Creo que no existe. Me parece que el análisis está fundamentado en un contacto con el otro y que eso de por sí ya es terapéutico. Esa misma relación terapéutica facilita el afloramiento de conflictos que se encontraban soterrados, escindidos,  somatizados o como queramos llamarlos…  Entonces, cuando estos conflictos dan la cara, es cuando podemos hablar de un proceso psicoanalítico entremezclado con un proceso terapéutico. Esta es mi postura y  por supuesto respeto mucho la de los demás. Sabréis también que es muy difícil encontrar fuera de la formación pacientes con los que se pueda trabajar más de tres sesiones por semana. Personalmente os puedo decir que hace muchos años que no veo ningún paciente cuatro sesiones por semana. Sencillamente porque la gente tampoco puede pagarse ese coste, ni desplazarse tantas veces por semana y creo que se puede hacer un análisis con menos sesiones por semana y cara a cara.

¿Cuál es el principal motivo para realizar una demanda de consulta?

El sufrimiento. Es más, si yo no detecto en las entrevistas el sufrimiento, no tomo a ese paciente. Si no veo de qué sufre no inicio un tratamiento. El sufrimiento se puede presentar de muchas maneras.

¿Qué criticas considera que son más acertadas y menos hacia el psicoanálisis?

Desde mi punto de vista la crítica más acertada que se le ha hecho al psicoanálisis es la de la rigidez, tanto a nivel teórico como empecinamiento por lo que dijo Freud y en cuanto a lo técnico en lo que hace referencia al contacto, con la famosa neutralidad o asepsia, opinión que hoy en día ya no comparte nadie.

En cuanto a la crítica desacertada me parece que hace referencia a la duración del proceso. Pero es que son procesos muy largos. Somos así los seres humanos.

¿Qué relación encuentra entre el psicoanálisis y las neurociencias?

La neurociencia viene corroborando desde hace mucho tiempo lo que ya había avanzado Freud con su genial intuición. Prácticamente parece la demostración de sus planteamientos e hipótesis. El puente que se está estableciendo con la neurociencia desde E. Kandel, que recibió el Nobel hace más de diez años e incluso hay autores que hacen aportaciones muy valiosas como Gazzaniga que tienen la desfachatez de no nombrar a Freud ni el psicoanálisis al hablar del inconsciente.

¿Que ha aportado el psicoanálisis al paradigma de la cultura del SXX y XXI?

Sin lugar a duda el concepto del inconsciente. Aunque ya había sido apuntado por los filósofos no es lo mismo hacer una teoría que una demostración clínica del inconsciente. Y ahora más todavía cuando la neurociencia viene a decir que más del 98% de la actividad cerebral es inconsciente.

Respecto al SXXI dependerá de cómo veamos cada uno el SXXI. Tal como yo lo veo en relación al psicoanálisis es que aporta la importancia fundamental y fundacional de la relación con el otro. Es decir, que no podemos vivir aislados en una isla. Justamente con la globalización cada vez tenemos más relación unos con otros y contra eso no se puede ni se debe ir. Ese concepto de que el Yo se funda en la relación con el otro y como se va desarrollando. Esos conceptos están hoy en día asimilados por todo el mundo y son aportaciones del psicoanálisis

¿Qué campo del psicoanálisis ha despertado mayor interés en su carrera?

Hasta el año 86 estuve trabajando en un servicio público con psicóticos y en lo teórico también tengo intereses, pero sin desconocer el pragmatismo terapéutico y por ejemplo si hay que dar medicación, pues se da, sin ningún problema, para facilitar un abordaje. Hay que tener mucho respeto por el sufrimiento ajeno.

¿Qué opina de las redes sociales y de la tecnología respecto a su relación con la técnica?

Desde el punto de vista de la difusión de lo cognitivo, me parece fundamental y de hecho yo también investigo y uso internet para buscar revistas o  conocimiento. Pero desde el punto de vista técnico, me ha debido pillar mayor para realizar entrevistas vía Skype. Yo soy muy corporal y me valgo mucho de la comunicación cara a cara y ahí me paree que se puede perder toda la relación y apreciación que ofrece lo presencial. Ahora bien para tratamientos de larga duración o con pacientes que uno ya se conoce de hace tiempo a veces puede ser una herramienta valida.

 ¿Y qué se puede decir de las nuevas relaciones que se establecen a través de las redes sociales?

Por lo que veo y conozco a través de los pacientes es que se siguen generando nuevas perversiones. Al ser todavía un territorio sin ley y con la crisis de la autoridad paterna que permite instaurar en el psiquismo la asunción de la ley, ahí  suceden cosas y esa ausencia de ley se suple con la formación de la pandilla. Esto ya es un tema que roza la sociología.

¿Cuál sería el reto que deben afrontar las sociedades psicoanalíticas en la formación de los futuros analistas?

Según mi parecer y aquí hago una crítica directa a la APM, que no haya hecho un Instituto de Psicoterapia. Lo tenía todo para haberlo hecho y todo el entusiasmo de la gente. Pero a mi modo de ver no se realizó por los conflictos institucionales, no teóricos. Pero no creo que esto se centre solo en la sociedad de Madrid. Sino que todo grupo humano se ve sometido a este tipo de conflictos y por desgracia los psicoanalistas somos muy narcisistas y por mucho análisis y reanálisis que tengamos elaboramos muy mal ese tipo de conflictos.

¿Qué autores contemporáneos considera como referentes del pensamiento psicoanalítico?

Nuevos no veo. Voy a hablar de lo que a mí me atrae, por ejemplo Gabbard, Fonagy y Kermberg. Lo que respeto fundamentalmente en lo teórico es que se aprecie el anclaje a la clínica y para mi tiene mucho valor las aportaciones de la gente que ha trabajado con pacientes difíciles.