Javier Ramos Psicólogo clínico

Encuentro con Javier Ramos

Javier Ramos es Doctor en Psicología, Psicólogo Clínico de la Unidad de Psicoterapia del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid y Tutor de Residentes de Psicología Clínica.

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Pregunta: ¿Cuál fue su vía regia de acceso al psicoanálisis?

Respuesta:Creo que son dos las vías regias que me llevan al Psicoanálisis, y me encuentro con ambas al comenzar la residencia en Psicología Clínica en el Instituto Psiquiátrico José Germain de Leganés.

La primera tiene que ver con mi propio sufrimiento en ese momento, con 23 años, y con la necesidad de iniciar un proceso psicoterapéutico que me permita entender algo de lo que me está pasando. Yo no tenía en ese momento una orientación nada definida, ni tenía apenas formación. De hecho, viniendo de la Universidad Complutense, me despertaba gran escepticismo todo lo relacionado con el Psicoanálisis.

Sin embargo, en Leganés, en el entorno de residentes en el que yo me movía, mucha gente estaba en análisis o en psicoterapia psicoanalítica, y eso fue muy relevante para mí: el hecho de que mis compañeros, muchos de los cuales eran referentes para mí, asumiesen como natural la búsqueda de una escucha analítica como modo de enfrentar sus dificultades fue determinante. Junto a ello, a la hora de pensar en buscar un terapeuta, me di cuenta de que solo aquellos que se encuadraban en el pensamiento psicoanalítico me transmitían sensación de solvencia y seriedad, de gente realmente preocupada por formarse de una forma decidida y comprometida. Algo que me condujo a la que sería en un inicio mi psicoterapeuta y después, en un segundo tiempo, mi analista, ya en un formato de “cura tipo”.

La segunda de esas vías se enlaza también con el inicio de la residencia y de mi actividad como clínico. La sensación de abrumadora insuficiencia, la insatisfacción ante modalidades explicativas de la psicopatología que me resultaban inconsistentes y superficiales, la absoluta necesidad de una comprensión más profunda y compleja de lo que me traían mis pacientes me arroja ya sin ambigüedades al estudio de la teoría psicoanalítica.

P: ¿En qué situación se encontraba el psicoanálisis en España?

R: Seguramente resulta aventurado por mi parte pretender que la fotografía que yo pueda presentar del psicoanálisis español de esa época sea ajustada a la realidad del mismo. Yo era muy joven y vivía en un contexto concreto, que era el de la Sanidad Pública de Madrid y el frecuentado por los que trabajábamos en la Sanidad Pública de Madrid. En mi entorno había mucha gente que formaba parte de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM), pero muchos de los más brillantes eran “egresados” que habían dejado la APM tras la formación.

Mi impresión es que la preocupación por llevar el psicoanálisis al contexto de lo público, con las peculiaridades y sus tiempos de éste, conllevaba el anhelo de giros y desarrollos que chocaban muchas veces con lo que se sentía era el inmovilismo de la ortodoxia. Desde luego, había mucho interés por las psicoterapias psicoanalíticas breves (los libros de Malan, Davanloo, Fiorini… eran imprescindibles), pero quizás es aún más importante la irrupción del psicoanálisis interpersonal, tan preocupado por entender qué es lo que hacía que se produjese una transformación terapéutica, tan interesado en recuperar e integrar aspectos vinculados a la Psicología del Desarrollo y a la Teoría del Apego.

Si lo pienso, mi formación está muy impregnada de todo eso. Por un lado, con una formación que realizaba con analistas de la APM (mi análisis personal, los seminarios, la supervisión), pero sin formar nunca parte de la APM. Y después con la conexión, por ejemplo, con SEPYPNA, que me permite entrar en contacto con autores como Peter Fonagy o Daniel Stern, que conjugan ese conocimiento profundo del desarrollo infantil con la investigación en psicoterapia y la preocupación por lo que va más allá de la interpretación y por lo que es el trabajo con pacientes graves, no estrictamente neuróticos.

P: ¿Qué balance hace de su experiencia como paciente? Y Posteriormente, ¿cómo psicoanalista?

R: Como paciente mi experiencia es la de un esfuerzo muy importante que conlleva también beneficios extraordinarios. Llegué a la consulta de mi analista con 24 años, lleno de certezas que me ayudaban muy poco y con muchas dificultades para manejarme en un mundo que, tras dejar la Universidad, se me hacía enorme y muy complejo. Seguramente sonará tremendamente simplificador, pero el análisis transforma mi vida de un modo incuestionable a muchos niveles, lo que me permite salir de bucles que eran pura compulsión a la repetición y liberarme de una soledad poco visible pero muy dolorosa. Y abrirme al mundo. Suelo decir que no habría conocido a mi mujer ni tenido a mis hijas sin el análisis, y no dejo de mantenerlo.

Por otro lado, y esto sí que es incuestionable, el análisis es la pieza fundamental que me permite entender con cierto nivel de profundidad lo que le sucede a mis pacientes.

En cuanto a mi experiencia como psicoanalista, dudo que sea posible dedicar la vida profesional al trabajo con el sufrimiento humano sin una escucha y una ética psicoanalíticas. Convivir con la incertidumbre y la insuficiencia, tolerar lo incomprensible, esquivar las tentaciones de omnipotencia, comprometerse realmente con el sufrimiento, tomar a cargo al paciente y tratar de aportar una comprensión a lo que éste trae… Creo que solo desde una posición psicoanalítica se hace posible algo de todo esto. Asimismo, la curiosidad y el respeto por el paciente, o el poder asumir los obstáculos, las resistencias y los propios errores como parte consustancial al proceso terapéutico son aportaciones fundamentales del psicoanálisis.

P: ¿Cuál es el aporte fundamental del psicoanálisis hacia el conocimiento del individuo, de la salud mental, y a la sociedad en general?

R: Obviamente, el descubrimiento de la noción de inconsciente y de la fuerza de su impacto sobre el funcionamiento del ser humano. La idea fuerza de que solo una pequeña parte de nuestra vida psíquica es accesible con facilidad a la conciencia. El desvelamiento de que cada uno de nosotros somos el producto de una historia de la que muchas veces muy poco sabemos; el resultado de nuestras experiencias vinculares infantiles; la consecuencia de una resolución particular de la cuestión edípica.

Creo que eso es lo fundamental, y también lo determinante de su aportación a la salud mental. Desde ahí se hace necesario el mirar(se) con curiosidad, el ir más allá de lo evidente, el asumir que los obstáculos forman parte esencial del trabajo terapéutico. En salud mental, la mirada psicoanalítica es la que proporciona profundidad y posibilidad de comprensión, y también la que permite convivir con el no saber, y huir del furor sanandi y de la fantasía de que el terapeuta “tiene algo” que puede “dar” al paciente para que éste alcance la “curación”. En lo social hace posible protegerse de reduccionismos socio-políticos, muchas veces muy superficiales y que sirven de coartada para expender recetas presuntamente solucionadoras de problemas tan complejos como la violencia de género, la delincuencia juvenil, el integrismo religioso o el terrorismo político.

P: ¿Cuál o cuáles son la/s crítica/s más acertadas al psicoanálisis? ¿Y las menos acertadas?

R: No sé si decir que quizás tiene más sentido pensar en críticas hacia ciertas posiciones psicoanalíticas, más que hacia el psicoanálisis. Creo que la crítica más acertada es la que se puede hacer a un psicoanálisis que desdeña que haya un afuera del psicoanálisis. Un psicoanálisis que pretende dar cuenta de todo, explicar todo en clave psicoanalítica, tener siempre la última palabra.

Recuerdo con nitidez el momento en que una psicoanalista a mi parecer muy brillante despachaba de un plumazo las críticas de Foucault al psicoanálisis diciendo que, siendo homosexual (ergo perverso), era evidente que Foucault renegaba la castración y no podía sino oponerse a Freud por tal causa. En fin… Así mismo, creo que es acertada la crítica a un cierto psicoanálisis inmovilista y que elude el diálogo con el resto de los saberes científicos. En cuanto a las críticas menos acertadas, las que toman la parte por el todo y denigran el psicoanálisis en su conjunto aprovechando las fallas de ciertos autores o la radicalidad de ciertas posturas. Las que tachan a Freud de generar teorías insostenibles, alejadas de la realidad, y de mantenerlas pese a toda evidencia. Freud destaca no solo por su genio, inteligencia y capacidad de producción teórica, sino por su brillantez a la hora de conectar y dar coherencia a elementos aparentemente inconexos de la realidad cotidiana; y por su honestidad intelectual, que le permite edificar su teoría a partir de un cuestionarla una y otra vez.

P: ¿Qué une y qué diferencia al psicoanálisis con la psicología y con la psiquiatría?

R: En este punto pienso mucho en la idea de Freud, de 1913, de que la Filosofía podría recibir el impulso del Psicoanálisis si éste pasase a ser objeto de la misma. Creo que es muy difícil que la Psicología o la Psiquiatría sean disciplinas sólidas y dignas de ser tomadas en serio si no incorporan el impulso que el Psicoanálisis les puede aportar. En la cotidianidad del trabajo clínico, me cuesta en pensar en una Psicología Clínica o en una Psiquiatría desconectadas absolutamente del pensamiento psicoanalítico.

Freud decía que el Psicoanálisis no puede ser utilizado como unas gafas de cerca, que uno emplea para leer pero luego puede quitarse para salir a pasear. Su idea era que el Psicoanálisis te ocupaba por completo o no te ocupaba en absoluto. Partiendo de esa posición, y aun cuando el clínico no se posicione en un lugar estrictamente psicoanalítico, creo que no hay modo de escuchar, comprender y enfrentar el sufrimiento psíquico sin una serie de elementos psicoanalíticos que una vez son incorporados ya no pueden ponerse o quitarse a voluntad, como si de unas gafas de lectura se tratase.

P: ¿Qué campo del psicoanálisis ha despertado mayor interés a lo largo de su carrera?

R:  Lo cierto es que multitud de ellos, dado que unos me han ido llevando a otros, en interconexiones innumerables. Empecé a interesarme por la histeria a partir de mi interés por los pacientes que llegaban a consulta de la mano de un cuerpo doliente y sufriente. Y la histeria me atrapó por ser la fundadora del psicoanálisis, porque es la que me permitió acceder a la comprensión del complejo de Edipo, porque la histeria es la forma “natural” de estructuración del psiquismo humano (si todo va bien), y porque es la histeria la que mejor nos habla de la incompletud con la que los seres humanos debemos convivir.

La propuesta psicoanalítica del desarrollo psíquico, la comprensión que el Psicoanálisis hace de la construcción del psiquismo, me lleva a su vez al interés por las formas psicopatológicas (graves) que se caracterizan por la carencia en esa cimentación, que se definen ya no por el conflicto, sino por el déficit; y esto me lleva a interesarme por la psicoterapia entendida como una segunda oportunidad para el desarrollo de un psiquismo que quedó detenido o que se construyó sobre fallas muy importantes.

P: ¿Con qué cualidades debe contar una persona para desempeñar la profesión de psicoanalista?

R:  Capacidad para conectar con el propio sufrimiento, con la propia contradicción… Capacidad también para tolerar la incertidumbre, el no estar seguro, para manejarse en la insuficiencia del saber. Recientemente, en una visita a Madrid para presentar la última gran biografía de Freud, Élisabeth Roudinesco decía que un psicoanalista tenía que ser no solo inteligente, sino también culto. Probablemente tiene razón.

P: ¿Qué cree que puede aportar o ya está aportando, el psicoanálisis a este siglo XXI?

R: Profundidad, quietud, mirada crítica, pensamiento sólido en tiempos de modernidad líquida y hasta gaseosa.

P:  ¿Y, que puede decir, en relación a las redes sociales y la tecnología virtual, de las que tanto se habla actualmente… ?, y al hilo de esto ¿de qué manera pueden influir en la técnica y método psicoanalítico?

R: Desde luego, los modos de vincularse, de establecer y sostener los vínculos, se ven profundamente modificados, así como los modos en que se perfilan las identidades. Los riesgos de funcionamiento en pseudo-self, o de sobreexposición de la propia intimidad (sin posibilidad posterior de rectificación) son altísimos. Todo se torna mucho más inmediato, y también se facilitan rupturas radicales en las relaciones.

Por otro lado, en lo que se refiere a la técnica y el método, las nuevas tecnologías propician cambios importantes en lo que se refiere al encuadre dentro y fuera de la sesión. Se facilita la posibilidad y probabilidad de conexión con el analista, con los beneficios y los riesgos que esto conlleva. Se hace posible la continuidad de los tratamientos en circunstancias que antes los hacían imposibles…

P:¿Qué nos puede decir de la relación entre el psicoanálisis y la neurociencia?

R: Creo que es absolutamente fructífera, aunque siempre he defendido que el Psicoanálisis no debe someterse a ella o colocarse en un lugar de dependencia respecto a la misma para reivindicarse. Es importante que el Psicoanálisis mantenga el debate, la relación, el diálogo con otras disciplinas científicas. Eso es fundamental para tener presencia en el pensamiento científico y en la sociedad. Es muy deseable que pueda haber conexión y coherencia entre descubrimientos psicoanalíticos y otros que proceden de otros escenarios científicos. Pero sin perder nunca de vista que hay ciertas propuestas psicoanalíticas muy potentes que hablan del ser humano desde un ángulo desde el que difícilmente puede hablar la neurociencia.

P: ¿Actualmente cuál es el reto que deben afrontar las sociedades psicoanalíticas?

R: Hablo un tanto desde afuera pero, probablemente, la necesidad de abrirse al mundo, a la sociedad, al resto del mundo científico sin por ello perder su esencia; de hacerse entender pero sin diluirse ni perder su “veneno”, sin perder su profundidad.

P:¿Cuál es el principal motivo para que una persona realice una demanda de consulta? ¿Bajo qué condiciones o circunstancias indicaría un psicoanálisis y cuáles para una psicoterapia?

R: Creo que lo que trae al paciente a consulta se sitúa en dos planos fundamentales. De un lado está el sufrimiento emocional, el sufrimiento psíquico, el sufrimiento vital. De otro, el desconcierto, la necesidad de comprender, de arrojar luz a algo que se oculta tras una bruma o tras una oscuridad completa. Tomando esos dos planos, creo que el primero tiene mucha más presencia y se impone con mucha más fuerza cuando la estructura psíquica del paciente es más frágil, y creo que ahí estamos más cerca de una necesidad de contener para poder trabajar, y de una indicación de psicoterapia.

Cuando prima el deseo de comprender, robándole éste espacio a la necesidad de alivio del sufrimiento, estamos en la posibilidad de abrir un trabajo más puramente psicoanalítico, más en una “vía di levare”. Naturalmente, la posibilidad de pasar de un trabajo psicoterapéutico a uno netamente psicoanalítico está siempre presente, si gracias al primero podemos generar un andamiaje que de paso al segundo.

P: ¿Qué autores contemporáneos considera como referentes de nuevas líneas de pensamiento y comprensión psicoanalítica?

R: A mi juicio, diversos autores vinculados al Anna Freud Centre y la Tavistock en Londres (Peter Fonagy, Mary Target, Alessandra Lemma) y el Grupo de Estudio de los Procesos de Cambio Terapéutico de Boston.

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