Quiero ser madre

¡Quiero se Madre! ¿Estoy preparada para hacerlo sola?

Al igual que la sociedad va cambiando, cambian también los diferentes modelos de familia y con ellos el papel de la mujer frente a la maternidad. Siempre ha habido madres solteras o familias monoparentales a cargo de mujeres, pero en este momento se puede elegir cuándo y cómo ser madre. Claramente el deseo de ser madre es capaz de romper muchas normas patriarcales y poder acceder así a otra forma de familia.

Cuando decidimos embarcarnos en la aventura de la maternidad, ya sea en solitario o compartida, ayuda mucho en el proceso el poder plantearse los porqués. ¿De dónde surge el deseo? Hay que analizar las razones que llevan a asumir la responsabilidad de traer al mundo a un bebé. Esto facilitará tener a raya los miedos y las inseguridades a lo largo del proceso, y poder disfrutar de éste y también cuidar de la madre y del futuro bebé.

Piera Aulagnier, ya a finales de los años 80 se cuestiona sobre esto, “¿qué deseo, de qué hijo?”. Establece la diferencia entre deseo de hijo y deseo de embarazo. En el deseo de hijo se supone ya un registro simbólico, y el niño es visto como un objeto diferenciado de la madre que supone una ruptura de la posición narcisista renunciando al estado de fusión y completud con el hijo.

En esta misma línea, de cara a la decisión de ser madre en sus múltiples formas es importante distinguir si este deseo tiene como demanda satisfacer algún vacío personal o apunta al deseo de querer acompañar a un niño a lo largo de su desarrollo, aceptando las diferencias que puedan aparecer en el proceso de crianza.

Una vez que el origen del deseo está claro, una de las dudas o inseguridades que se ponen sobre la mesa en el caso de madres que deciden apostar por una maternidad en solitario es la preocupación de si la falta de figura paterna tendrá algún efecto negativo en su hijo. En este sentido si eliminamos las etiquetas padre-madre, y cogemos de esos roles simplemente sus funciones: función materna (seguridad, cariño, cuidados, caricias, etc) y función paterna: (representante de la ley y los límites, inscribir al niño como objeto diferenciado de la madre, etc), da igual quién los ejerza. Así de esta forma cualquier madre cuyo deseo no se agota en el hijo, sino que puede desear proyectos laborales o tener otros deseos más allá del cuidado del bebé, ya está ejerciendo la función paterna. Y estas funciones como decimos tanto la materna y la paterna son esenciales para el buen desarrollo del bebé.

En el deseo de ser madre en solitario, no hay un padre pero seguramente habrá un abuelo, tío figuras masculinas que serán una referencia para el niño a lo largo de su desarrollo.

Parece que lo importante es la seguridad de la madre ante la decisión para así poder hacerse cargo de las preguntas sobre el origen del niño, con tranquilidad y sin angustia, segura de que su modelo de familia puede funcionar y ser tan bueno como cualquier otro. ¿En qué modelo de familia no hay faltas, ausencias o no todo es perfecto?

El tomar la decisión de ser madre sola es una decisión cargada de ilusión, proyectos, sueños … pero tenemos que tener en cuenta que la consecución del objetivo a veces también puede ser un camino largo y difícil, incluso a veces frustrado.

En este sentido Piera Aulagnier apuntaba también en relación a las demandas que la ciencia puede satisfacer que: “la renuncia al deseo es equivalente a una muerte psíquica, pero no poder tolerar los límites que encontrará su realización puede concluir en un resultado catastrófico”.

Por eso cuanto más seguras estemos de donde parte nuestro deseo de ser madres, de los riesgos y límites que estamos dispuestas a asumir en la consecución del objetivo, así como informadas sobre los procesos y formas para poder llevarlo a cabo y tomar decisiones, más preparadas estaremos para afrontar la maternidad y todos sus avatares de forma única e irrepetible.

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