Familia y Psicosis

Familia y Psicosis

Hace unos meses leí una noticia que me conmocionó mucho. Se trataba de una familia con 13 niños que vivía en California y llevaban secuestrados por sus padres desde hace muchos años. Estos niños eran sometidos a violaciones, torturas y vejaciones. Cuándo entró la policía a registrar la casa, encontró a un par de ellos encadenados a sus camas. No podían bañarse, prácticamente no comían, estaban obligados a dormir durante el día y estar despiertos durante la noche. Ninguno de ellos conocía lo que era un médico, ni habían visto nunca a un policía, estaban desnutridos y presentaban síntomas de un retraso importante tanto en su desarrollo físico como emocional.

Al leer la noticia, recordé el caso de Schreber, el famoso caso de psicosis, descrito por Sigmund Freud. Recordé asimismo, la historia de este hombre llamado Paul. Freud lo describía como un hombre de una inteligencia ejemplar, llegó a ser en su momento presidente del tribunal de justicia de Sajonia, una hombre que además de brillante, escribió un libro titulado “Memorias de una enfermo de nervios” que narra en primera persona sus delirios y su locura desde dentro. Algunos médicos de la época llegaron a decir que Schreber fue el profesor que les enseñó acerca de la psicosis.

Su historia es también escalofriante, su padre Moritz , era médico de profesión, se había especializado en ortopedia y en rehabilitación de enfermedades de la columna vertebral, si bien el marco de su trabajo transcendía la mera especialidad clínica, se extendía también al terreno educativo de niños y jóvenes. Su método educativo era represivo y autoritario. Se le ha tildado de tirano doméstico, de sádico y de manifestar ideas obsesivas con impulsos asesinos. A sus hijos les sometía con cinturones, correas y otros instrumentos ortopédicos para corregir las supuestas desviaciones de sus posturas, torturándoles durante meses y por las noches sin poder moverse ni quitarse dichos aparatos. De la madre se sabe muy poco se dice de ella que prácticamente no tenia existencia propia, estaba totalmente sometida al paterfamilias y Moritz además se había nombrado cómo el único con derecho sobre la educación de sus hijos. Quizá algunos de ustedes hayan escuchado hablar sobre los Schrebergarten.

Heinz Kohut, fue un psicoanalista austriaco, que muchos años después volvió a estudiar e investigar más acerca de este impactante caso de Freud. Opinó que Moritz estaba gravemente enfermo y presentaba una especial estructura psicótica del carácter, llegando a comparar su psicosis con la de Hitler. Es más se dice de Moritz que fue el precursor de las ideas nazis que llegarían muchos años más tarde para quedarse. Asimismo, Octave Mannoni, psicoanalista francés, dijo de Moritz que era él el verdadero paranoico de la familia.

Cuándo analizamos las dos historias nos encontramos con padres sádicos y depravados, que muestran un especial ensañamiento con sus víctimas, sus hijos. Resulta obvio pensar que la psicopatología de estos padres influye directamente sobre sus hijos provocando un gran impacto en la estructura de su personalidad.

El delirio de Paul Schreber que Sigmund Freud estudió minuciosamente, tenia que ver con un Dios sádico que quería someterlo sexualmente, a través de un goce sadomasoquista, convirtiéndole primero en mujer. Curiosamente el nombre de su padre, Mortiz, quería decir “amor por dios” o “querido por dios” y este padre representaba a ese dios omnipotente, cruel y todopoderoso. Muchos de los delirios de Schreber sobre las “máquinas de comprimir cabezas” que narra en sus memorias por ejemplo, tenían que ver con las torturas a las que fue sometido por su padre con estos instrumentos ortopédicos y si seguimos este camino podríamos ir atando los delirios con su historia.

No sabemos nada acerca de estos trece niños de California, pero sí podemos inferir las graves secuelas que estás vivencias habrán marcado en su personalidad debido a la locura de sus padres.

Cuándo se intenta buscar los orígenes de la psicosis o de la esquizofrenia escuchamos mucho acerca de los neurotrasmisores, de la insuficiencia en la dopamina, de sustancias químicas, de la poda neuronal, de la genética y de la herencia. De esta manera nos distanciamos del paciente, de la persona que sufre, buscamos el medicamento que arranque de raíz esas voces que hablan, esos delirios que molestan, y sin quitarle la importancia que tiene hoy en día la psiquiatría y los fármacos como tratamientos indispensables de ayuda. No podemos olvidar la historia individual, porque nuestras historias nos humanizan o nos deshumanizan, la historia de los delirios y la historia de los síntomas son importantes ya que sin ellas no podríamos entender el padecer psíquico, si seguimos atentamente y escuchamos a nuestros pacientes sobre su dolor, sobre su soledad y su desamparo podremos entonces partir en búsqueda de sentido, de sosiego y de comprensión.

Durante mucho tiempo, pensé en estos 13 niños y en el horror que han de haber sufrido pero también me consuela pensar que al menos, se salvaron, les encontraron y si además hay alguien que esté dispuesto a escucharles, a compartir su dolor, entonces surge allí también la esperanza.

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