Miedo al compromiso

¿Miedo al compromiso?

En ocasiones, cuando estamos cerca de conseguir lo que durante mucho tiempo hemos soñado y deseado nos invade un sentimiento de duda que no nos deja avanzar. El miedo a perder nuestra libertad, el miedo a dar un paso más en la relación de pareja, el miedo a amar y ser amado es algo con lo que nos enfrentamos día a día en nuestra consulta.

El caso de Ana

Ana (nombre ficticio) me decía en consulta que no entendía lo que le había sucedido con Marcos, su gran amor. “Todo era fantástico” decía, pero al llegar el momento de irnos a vivir juntos o plantearnos formalizar la relación algo me echó para atrás “no estoy lo suficiente enamorada, yo quiero ser libre, no quiero perder mi independencia…”  Ana empezó entonces a tener relaciones esporádicas donde la premisa era “¡prohibido llorar, sólo disfrutar!, que parecía que ayudaba a enfrentar la tristeza y conservar esa sensación de independencia tan ansiada.

No podemos olvidar que el amor y la capacidad de amar y ser amados nos pone en juego a nosotros mismos. Es decir, pone en juego nuestra propia historia, lo que el otro hace o dice nos afecta de una manera u otra en función de cómo nos hayamos sentido queridos o amados en nuestra propia infancia.

Ana cuenta que pese a su premisa de independencia y de disfrute, seguía soñando con una relación a largo plazo con la que formar una familia. Conoció a Raúl, otro chico con el que parecía sentirse muy bien. Pero cuando llegó el momento de dar un paso más, otra vez un sentimiento de tristeza y angustia la invadió alejándola de Raúl.

Trabajando con Ana su forma de amar y de querer nos dimos cuenta que cuando el compromiso se acercaba, a pesar de sentirse muy a gusto y contenta en su relación le inundaba un profundo sentimiento de angustia del que la única forma de librarse era desaparecer.

Hablando sobre su familia, Ana me contaba que su madre era una mujer muy controladora que quería saberlo todo en cada momento. Siempre le preguntaba  qué hacía, con quién iba, a qué hora llegaba a casa, intentando controlar su vida y alejándose y distanciándose cada vez que Ana se lo pasaba bien y disfrutaba con otras personas que no fueran ella. A lo largo de las sesiones de terapia fuimos viendo que a pesar de sus 34 años seguía pensando excusas e historias para justificar frente a su madre sus horas de llegada a casa, sus salidas con amigas….justificaciones para buscar el amor de su madre.

Las opciones

Ana parecía tener solo dos caminos: o ser muy dependiente y someterse a los deseos de sus parejas, (como estaba sometida a su madre) o rechazar las relaciones de compromiso y así ser muy independiente (sin que nadie la invadiese ni la abandonase si no cumplía las expectativas). Inconscientemente eligió la segunda opción.

Se fue dando cuenta que esta manera de proceder la utilizaba en sus relaciones: por un lado había mucho deseo de relación pero por otro en cuanto sentía que había algún tipo de demanda por parte de su pareja, la única forma de protegerse era alejarse tanto que incluso de forma inconsciente boicoteaba su propio deseo.

Poco a poco en consulta pudimos ir desenmascarando esta situación. A medida que pudo posicionarse como adulta que no tenía que dar explicaciones y que podía poner un límite a su madre, pudo hacerse más consciente y responsable de sus propios miedos y sentimientos y de esta forma ser más libre en su manera de relacionarse en pareja.

Cuando nos enamoramos vuelven a nuestra memoria las emociones que quedaron grabadas en la infancia, no sólo las felices sino también los momentos de frustración, de soledad, de miedo….

En relación al miedo al compromiso, como en el caso de Ana hay personas que “tienen temor a ser invadidos o abandonados por el otro”, antes de que me conozca más en profundidad y me pueda no querer le dejo yo. Otros que han tenido alguna separación dolorosa y tienen tanto miedo a repetir una situación parecida que prefieren no vivirla. Otros que tienen miedo a crecer, comprometerme con una pareja es dejar de ser el niño o niña de papá o mamá….

Es importante poder diferenciar la independencia sana (sea en pareja o sin pareja) que permite crecer y el miedo a involucrarse, que lo que hace es evitar responsabilidades y detiene el desarrollo, como en este caso el miedo de Ana a ser invadida o incluso no querida por su pareja. Las razones inconscientes que nos pueden llevar a esto son muchas por eso si creemos que algo está frenando nuestros proyectos de vida es bueno que paremos a replantearnos qué puede estar en juego.

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