La homosexualidad en la adolescencia. ¿Es algo serio o pasajero?

La homosexualidad en la adolescencia. ¿Es algo serio o pasajero?

A raíz de los comentarios que suscitó nuestro post acerca de la angustia con que los padres pueden recibir la declaración de homosexualidad por parte de un hijo, apareció una duda muy común entre familiares y padres.

¿La declaración de homosexualidad por parte de mi hijo debe ser considerada como una fase más dentro de su desarrollo sexual o una orientación sexual con identidad propia?

Por ejemplo:

“ Hace un tiempo mi hijo […] me confesó que estaba saliendo con un amigo. Sin embargo me he estado preguntando si él realmente es homosexual o simplemente está en una fase de exploración. Me gustaría saber si cuando un chico de 16 años dice ser homosexual hay posibilidad de que sólo este confundido. ”

Es importante poder comprender que las personas cuya orientación sexual no coincide con la orientación mayoritaria, es decir la heterosexual (si soy chico me gustan las chicas y si soy chica me siento atraída por los chicos), es frecuente que vivan esta discordancia con confusión y angustia. Sin embargo si a esta confusión no se suma, por ejemplo, el hecho de ser objeto de rechazo, estigmatización social o represión legal, lo normal es que puedan ir superándola y sigan avanzando hasta poder identificarse sin conflicto con su propia orientación sexual.

Y aunque ya avanzábamos que cuando su hijo comunica que es homosexual, es tan poco probable que se trate de una fase como en el caso contrario; si le dijera que es heterosexual. En este mismo sentido los estudiosos de la sexualidad humana se hicieron, ya a principios del siglo XX, la siguiente pregunta.

¿Cómo podemos explicar que la mayoría de las personas se identifican con su propio sexo biológico y quieren a alguien del sexo opuesto?

Reflexionemos un poco y observemos las cosas aún más de cerca:

Desear, amar, encontrar satisfacción, ser capaz de identificarse con ambos sexos, perseguir metas activas y pasivas, son movimientos psicológicos típicos y propios de cada niño en sus interacciones con hombres y mujeres. Y es que el niño no se preocupa por la pertenencia sexual de los adultos que se ocupan de él, ni a la hora de dirigir sus deseos amorosos, ni en su capacidad y disposición para identificarse con ellos. Ama a su padre, a su madre independientemente de su sexo. Y se identifica con su padre y con su madre. Pues en el inicio de nuestra vida los sujetos tenemos una «capacidad bisexual».

Y la orientación del deseo sexual se fija más tarde, en la adolescencia, de una forma más o menos definitiva y está ligada a las expresiones corporales con las que damos salida a la dimensión psíquica de nuestro deseo, que como acabamos de ver en sus inicios es indiferenciado o multi-direccional.

¿Por tanto cómo se construye nuestra orientación sexual sea ésta hetero u homosexual?

Desde nuestro enfoque la atracción sexual exclusiva del hombre hacia la mujer y viceversa, es un fenómeno que requiere una explicación si bien a menudo se entiende como una realidad en sí misma (instaurada por algún tipo de atracción de origen químico). Y esta explicación tiene que ver con la operación psíquica particular e individual que permite la restricción de un deseo indiferenciado a uno de única dirección, el deseo hacia un solo sexo (el mismo o el opuesto).

Por tanto desde este modelo la orientación homosexual se considera tan seria y estable como la orientación heterosexual.

En conclusión podemos decir que si bien la exploración sexual en la adolescencia y juventud es una conducta común y necesaria, esto es así para todas las orientaciones sexuales.

Su función tiene que ver con la búsqueda de una mayor confianza y conocimiento de sí mismo. Sin embargo esta conducta exploratoria no organizará o mejor dicho ni construye, ni de-construye nuestra orientación sexual que se ha construido mentalmente previamente y que pasamos después a vivir en la realidad.

Es más si no se construye una orientación sexual propia o esta se vive con mucho conflicto o angustia es muy probable que este adolescente muestre una actitud retraída e inhibida que impedirá su apertura a la fase de exploración y a la afirmación de sus preferencias y deseos.

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