Cómo ser un buen padre

¿Cómo ser un buen padre?

Dado que ayer fue 19 de marzo, Día del Padre, me parecía interesante dedicar este post a tratar algunas de las claves para la parentalidad.

Últimamente no paro de ver manuales y guías para ser buenos padres, para ser los mejores padres. Una vez más, la sociedad nos arrastra a buscar la perfección. Esta búsqueda de los padres en la que sus capacidades no sean cuestionadas lleva consigo un tenerlo todo controlado antes de que suceda. Es decir, hace que los padres se preocupen de allanarles el camino a sus hijos, antes incluso de que haya camino. Por ello les apuntan a un sinfín de actividades extraescolares con el objetivo de favorecer su éxito profesional y personal, pero a veces no hay lugar para plantearse de dónde viene realmente el deseo que nos lleva a todas esas exigencias. ¿Deseo de éxito? ¿De quién? ¿Para quién? ¿Para qué? ¿Proyectamos en nuestros hijos nuestros propios deseos?.

A veces en el avatar de tareas y quehaceres de nuestros hijos para que sean los números 1, nos olvidamos de hacerles partícipes en algo que sea suyo. Deberíamos pararnos un momento para preguntarles si en esa actividad que les llevamos y consideramos tan importante disfrutan o no.

Los padres empiezan afrontando la semana con una agenda saturada, sin huecos, sin tiempo libre para la espontaneidad. La espontaneidad, esa palabra que remite a la infancia, donde parece que siempre hay lugar para ella. En el exceso por ser buenos padres, sin querer también las agendas de los hijos están tan repletas que no hay cabida para el juego, para crear e imaginar esa batalla con un palo a modo de espada contra la bruja o el lobo y refugiarse en el castillo construido a base de cojines.

Confiar en las capacidades de los hijos brindándoles nuestra ayuda cuando la necesiten, sin anticiparnos para así darles opción a valerse por sí mismos, les ayudará a dotarse de herramientas para hacer frente a las adversidades que la vida les depare. Aprenderán a construir sus propios castillos, a luchar contra sus propios fantasmas y de este modo a saber que son capaces, que pueden. De esta forma se les estará dotando de autoestima, la verdadera base para lograr el éxito .

Es muy importante plantearnos las expectativas que tenemos hacia nuestros hijos, lo que les damos pero también en lo que podemos dificultarles cuando nos quedamos atrapados en nuestros propios anhelos y de alguna manera no les vemos a ellos ni les permitimos crecer.

La receta o la poción mágica no existe, como tampoco existe una única forma correcta de educar y criar a nuestros hijos, pero a medida en que nos atrevemos a dejar de lado el manual y ser nosotros mismos seguro que estaremos más cerca de lograrlo. Esto es lo que propone en “Elogio de las familias sensatamente imperfectas”, una lectura creativa e inteligente, un anti-manual.

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