Directivos en Crisis CPPF

¡Directivos en crisis!

¿Burnout o reflexión vital?

Jóvenes exitosos, llegaron temprano a puestos de alto nivel profesional y mucha responsabilidad. Allí desplegaban todo su potencial y energía, aplicando con éxito los conocimientos adquiridos en sus formaciones. Aprendían a gran velocidad en los entornos laborales más competitivos, rodeados de los profesionales mejor valorados del sector y con las herramientas más innovadoras a su alcance.

Si este escenario es tan atractivo, lo es entre otras cosas porque genera unos niveles de descarga de adrenalina muy elevados, que se podrían comparar con la dosis que millones de personabas buscan a diario por medios convencionales como las RRSS, el running, alcohol u otras drogas … pero sostenidos en jornadas laborales de más de 10 horas diarias sus efectos son todo menos saludables. ¡Extenuantes! podríamos decir.

Nuestro organismo ante determinados estímulos descarga adrenalida de forma adaptativa pero también automática, ciertos niveles de descarga producen placer y bienestar pero una vez superados esos niveles se producirán los desagradables síntomas que todos asociamos al estrés crónico: hipertensión, cefaleas, ansiedad, náuseas, mareos, insomnio.

Pero no solo somos biología y además de esta fatiga abrumadora, otro factor determinante que vamos a encontrar cuando entrevistamos a un directivo de mediana edad en crisis, es el vacío existencial.

Se trata de personas que absorbidas por su exigente mundo profesional a menudo han incurrido en el abandono de otras importantes áreas de su vida que producen descargas de placer pero de una forma más leve y no sostenida, como por ejemplo el amor, la familia, los hijos, el deporte o la amistad.

En consecuencia no han tejido redes intimas en las que protegerse cuando surgen las vulnerabilidades de la vida adulta; crisis de los 40, de los 50, conflictos familiares o de pareja, desencuentros laborales, perdidas de seres queridos … Y de golpe se encuentran desconcertados ante la falta de conexión consigo mismo y/o con terceros, se sienten tristes y alejados de todo. En la mayoría de los casos acompañados únicamente por una fatiga abrumadora que les impide pensar o sobreponerse a su impotencia.

En algunos casos llegarán interrumpir temporalmente su actividad profesional y en otros de forma definitiva.

Sin embargo no podemos hablar de Burnout, quemazón o locura siempre que una persona abandone su trabajo dejando tras de si  20 años de ejercicio y una excelente posición.

Así el diario Expansión recogía la noticia de una abogada de 45 años que dejaba su puesto como directora de la oficina de Uría Menéndez en Barcelona tras cinco años en el cargo y casi diez vinculada al bufete de abogados y a su consejo de administración. La protagonista explicaba:

«Hacía años que tenía pensado dejar de trabajar cuando cumpliera 45 años. Esta edad para mí era un umbral; no quería dedicarme toda mi vida al 100% a una profesión tan intensa como la abogacía, tengo otras inquietudes vitales«.

Ahora bien cambiar los tacones o la corbata por ropa cómoda tampoco es una transición fácil, como ella explicaba:

«Los primeros días en casa hacía listas de hasta veinte puntos que me obligaba a cumplir a rajatabla; ahora, cuatro meses después, ya me estoy olvidando de las listas».

Finalmente la noticia destacaba que este cambio vital fue fruto de una decisión muy meditada y de forma voluntaria, con el objetivo de dejar de ejercer de abogada y buscar otras aspiraciones en la vida. Y que no lo hizo de forma repentina o porque estuviera quemada.

Podríamos hablar entonces de una decisión fruto de toda una reflexión vital que esta persona desarrollaba en paralelo a su vida profesional y con la que iba marcando la hoja de ruta de su vida.

¿Pero entonces de qué hablamos cuando hablamos de Síndrome de Burnout?

Hablamos de un síndrome laboral como resultado de las condiciones del trabajo y que implica dos condiciones fundamentales: la exposición a una situación de estrés crónico que va a tener implicaciones en nuestro organismo como la descarga automática de adrenalina referida anteriormente pero además un empobrecimiento emocional y social en la persona implicada.

Estos dos condiciones principales generan a su vez síntomas o complicaciones en cascada en las tres siguientes áreas:

  • Psicosomática: hipertensión, cefaleas, ansiedad, náuseas, mareos, insomnio.
  • Emocional: Agotamiento emocional, despersonalización, bajo logro o realización personal y profesional, desconcierto y tristeza.
  • Comportamiento: Agresividad, apatía.

Y aunque curiosamente este síndrome fue originalmente observado y descrito en las profesiones de ayuda, biomédico-sanitarias (Freudenberger, 1974). A día de hoy es un fenómeno ampliamente extendido a otros sectores profesionales, de ahí el título del post ¡Directivos en crisis!

Y que también empieza a ser ampliamente estudiado en el mundo del deporte (Anales de Psicología, 2010).

Las pioneras en el estudio del burnout fueron las psicólogas estadounidenses Christina Maslach y Susan Jackson, elaborando en los años 80 el Maslach Burnout Inventory (MBI). Y a partir de entonces se vienen describiendo cuatro fases por las que pasa todo individuo que padece burnout:

  1. entusiasmo, caracterizado por elevadas aspiraciones, energía desbordante y carencia de la noción de peligro.
  2. estancamiento, que surge tras no cumplirse las expectativas originales, empezando a aparecer la frustración.
  3. frustración, en la que comienzan a surgir problemas emocionales, físicos y conductuales, con lo que esta fase seria el núcleo central del síndrome.
  4. apatía, que sufre el individuo y que constituye el mecanismo de defensa ante la frustración.

En estos momentos la persona efectivamente si está en riesgo de acometer decisiones impulsivas y erróneas, más fruto de la angustia y necesidad de huida que de una reflexión libre o ejercicio vital.

Un complicación típica en este síndrome es que en la mayoría de los casos la persona afectada tiene dificultades para identificar la razón de su malestar y pedir ayuda. Pero una vez que inician un tratamiento de psicoterapia, a raíz de sus problemas salud o derivados por algún familiar, estos cuadros evolucionan favorablemente (ampliaremos info. sobre los tratamiento de burnout en un próximo post).

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