El potencial transformador del psicoanálisis

Entrevista a Mercedes Puchol

Mercedes-Puchol-Bienvenida[1]

 

¿Cuál fue su vía regia de acceso al psicoanálisis?

Yo creo que, de entrada, podría decir que mi vía regia de acceso al psicoanálisis comenzó a gestarse  por vía intergeneracional. Ya mi abuelo materno,  prestigioso científico que antes de irse a trabajar a la Unesco, tras acabar la guerra civil, había formado parte activa junto con Julián Marías, Zubiri y Marañón de la tertulia de José Ortega y Gasset, me hablaba con gran entusiasmo de Freud y su obra, habida cuenta de que Ortega fue el primero en difundir la obra de Freud en España. Por otra parte, mi padre también fue otro de los grandes apasionados de Freud y su obra. El, que de segunda profesión es escritor, siempre ha comentado que  el psicoanálisis le influyó enormemente en su literatura, hasta el punto de que  ha llegado a decir que  su primera novela  fue el fruto de su análisis personal. Al mismo tiempo, mis padres contaban entre sus mejores amigos, no solo con escritores y novelistas sino, sobre todo,  con grandes poetas que, al decir de ellos mismos “amaban los secretos del alma”, y con cuya poesía yo he crecido. Ellos también me enseñaron a comenzar a “amar los secretos del alma”, y todo ello sembró un campo de cultivo que permitió que, en un momento difícil y crítico como es la adolescencia, no solo comenzara a interesarme por Freud y su obra, algo a lo que también contribuyó  mi profesor de filosofía en el bachillerato, sino, sobre todo, a desear comenzar  un análisis personal,  al que mis padres me animaron y apoyaron mucho. Mi análisis durante la adolescencia, en un momento de crisis, pero también de apertura y pasión por nuevos ideales,  fue una de las experiencias más importantes de mi vida y una experiencia transformadora en la que se gestó mi identidad y vocación como psicoanalista.

¿Qué balance hace de su experiencia como paciente? Y posteriormente, ¿Como psicoanalista?

Como decía antes, para mí el análisis fue una de las experiencias más importantes de mi vida, que sentí como genuinamente transformadora, hasta el punto de que en mi análisis de adolescencia se gestó mi deseo de ser analista que me llevó a realizar un segundo análisis personal, siguiendo mi vocación, en el que seguí pensando y profundizando sobre todos los conflictos, enigmas, pero también nuevas aperturas e ideales, sobre los que comencé a pensar y elaborar en mi adolescencia. Pienso que el análisis personal no solo me ayudó  a “transformar el sufrimiento en pensamiento”, sino también, y sobre todo, a “ir creando y elaborando un pensamiento propio” que me hizo constatar la verdad que se encuentra en la frase de Winnicott cuando dice que al objeto “a la vez que se lo crea se lo encuentra”. Yo pienso que esto es plenamente aplicable al “objeto del pensamiento” que yo sentí, a lo largo de mis dos análisis personales, que era algo que, al mismo tiempo que lo iba encontrando lo iba creando, y/o a la inversa, que a la vez que lo iba creando lo iba encontrando.  De esta forma, mi análisis personal me condujo también a “amar los secretos del alma” –como  solían decir los amigos poetas de mis padres- en “carne propia”. De esta forma, esos secretos dejaron de ser una metáfora más abstracta para pasar a  tomar cuerpo y encarnarse en mi vida y en mi historia a través del análisis.

Si sabemos que el pilar fundamental para todo psicoanalista es su análisis personal, al que luego se va añadiendo toda la formación posterior (supervisiones, seminarios, lecturas, etc.)  y su  experiencia clínica, mi experiencia como paciente me hizo creer y mantener la esperanza en la potencialidad transformadora del psicoanálisis y en la importancia de ayudar a cada paciente a encontrar su propia verdad que, como  ya decía   Ortega, es siempre una “verdad en perspectiva” que depende de la historia y circunstancias de cada persona. Mi experiencia como paciente me llevó entonces a identificarme con el deseo de ayudar a las personas a descubrir y crear un “pensamiento genuino” a raíz de la comprensión de la propia historia, que se nutra de la “pasión por el  conocimiento del inconsciente” o de los “secretos del alma”, al decir de los poetas.  Y pienso que este deseo y vocación ha sido y es el pilar de mi experiencia clínica y la brújula que me ha ido acompañando en los momentos de mayor desconcierto y dificultad, y que me ha permitido mantenerme en mi lugar de analista y de vía de transmisión e identificación del pensar psicoanalítico para mis pacientes, todo lo cual,  más allá de la dificultad que entraña nuestra profesión y de las limitaciones con que nos encontramos, me ha aportado y me aporta importantes gratificaciones y satisfacciones.

Para usted, ¿cuál es el aporte fundamental del psicoanálisis hacia el conocimiento del individuo, de la salud mental, y a la sociedad en general?

Desde mi punto de vista, el psicoanálisis ha abierto una dimensión fundamental para la comprensión del ser humano que, habitado por el inconsciente, se percató de que ni siquiera era el dueño en su propia casa. Recuerdo haber escuchado a Meltzer decir que para él el descubrimiento del inconsciente era mucho más importante y trascendente que la llegada del hombre a la luna. Y es verdad. Creo que, precisamente, el conocimiento de uno mismo que aporta el psicoanálisis, a través del contacto y el desvelamiento de lo más desconocido y extranjero de nosotros mismos, nos permite conquistar nuestra libertad de pensamiento, acción y elección que es lo que, a mi juicio, constituye la verdadera salud. Desde mi punto de vista, esta no estaría regida por el concepto de “normatividad”, sino por la capacidad de las personas de hacerse éticamente responsables de sus actos desde el respeto y reconocimiento de uno mismo y de los otros, y de ser capaces de transformar creativamente el sufrimiento en pensamiento, lo que se resume en la capacidad  de “amar y trabajar” –como decía Freud.

¿Cuál es el tópico, desde su punto de vista, que más se ajusta a la realidad psicoanalítica?

Es curioso que a lo largo de mi vida he escuchado un chiste sobre los psicoanalistas en diversos medios sociales e intelectuales, tanto de ámbito nacional como internacional. Este es el siguiente:

Se encuentran dos psicoanalistas en el rellano de una escalera y uno le dice al otro: “Buenos días”, al tiempo que el otro psicoanalista responde con el mismo saludo: “Buenos días”. Pero, mientras ambos se van para sus respectivas viviendas, cada uno de los dos psicoanalistas piensa para sus adentros: “¿Qué habrá querido decir?”

Pienso que ese chiste recurrente refleja el tópico de sobreinterpretación con que se nos asocia a los psicoanalistas y que, desafortunadamente, se ajusta a la realidad en muchas más ocasiones de lo deseable. Digo esto porque la “interpretación silvestre” no solo se restringe a nuestro trabajo clínico, sino que en diversas ocasiones se extiende a nuestra vida cotidiana,   dificultándonos nuestras relaciones y coartándonos nuestra naturalidad y espontaneidad.

¿Qué campo del psicoanálisis ha despertado mayor interés a lo largo de su carrera?

A lo largo de mi carrera me ha despertado especial interés el campo del análisis del niño y del adolescente. Pienso que el hecho de que mi encuentro con el psicoanálisis haya tenido lugar en mi adolescencia ha sido fundamental en lo relativo a mi interés por el adolescente. Paralelamente, siempre me ha interesado mucho el desarrollo de la constitución del psiquismo y del pensamiento, a la que podemos asistir en el psicoanálisis de niños, y también en el desarrollo del tratamiento de pacientes con graves perturbaciones. Conjuntamente, siempre me ha atraído mucho también el campo del “psicoanálisis aplicado” donde podía unir mi interés por la cultura: el cine, la literatura, la filosofía, la educación… con el psicoanálisis. De  hecho, a lo largo de mi carrera he impartido conferencias y publicado  artículos dentro de este ámbito. En la actualidad, un tema que despierta mi especial interés, y también por la trascendencia que tiene en la sociedad actual, es el del “fanatismo”, en el que vengo investigando y publicando diversos trabajos,  el último de los cuales ha versado sobre “El fanatismo de la vida cotidiana”.

¿Con qué cualidades debe contar una persona para desempeñar la profesión de psicoanalista?

En mi criterio, la cualidad fundamental con la que debe contar una persona para desempeñar la profesión de psicoanalista es el profundo conocimiento de sí misma a través de su análisis personal y del encuentro con su propio inconsciente. Junto con este conocimiento que ha ido adquiriendo,  siempre  abierto a nuevas significaciones y resignificaciones, me parece importantísima la apertura mental: a los otros, a la vida y a la cultura en su sentido más amplio, lo que implica también la capacidad de dejarse sorprender y atravesar por el enigma que se produce en el encuentro con el otro.

Para usted, ¿cuál es el principal motivo para que una persona realice una demanda de consulta? ¿Bajo qué condiciones o circunstancias indicaría un psicoanálisis y cuáles una psicoterapia?

En mi opinión tres son los criterios por los que una persona puede realizar una demanda de consulta y desde los cuales indicar un tratamiento: cuando existe un sufrimiento , cuando se vislumbra un riesgo actual o potencial para la propia persona o el entorno (incluso aunque pueda no existir una conciencia del mismo y/o un contacto con el sufrimiento) y  cuando surge el deseo de conocerse a fondo (que, en algunos casos, puede encontrarse en un primer plano, aun cuando no haya un sufrimiento excesivo). Pienso que si no existe alguno de estos tres factores en juego no tiene  sentido el  indicar un tratamiento analítico.

En lo que se refiere a las condiciones o circunstancias bajo las que indicaría un psicoanálisis o una psicoterapia pienso que estas no son homogéneas y que dependen de la singularidad de  cada paciente y de sus circunstancias, así como con las del propio encuentro entre analista y  paciente. De hecho, pienso que también existen “zonas de penumbra” –como diría Bion- entre el psicoanálisis y la psicoterapia, y que los criterios no son unánimes. De la misma manera que existen  aspectos y momentos psicoterapéuticos dentro de un psicoanálisis, también pienso que lo  profundamente psicoanalítico  puede recorrer o formar parte de un tratamiento psicoterapéutico. De todos modos, y a grandes rasgos, diría que a mayor capacidad, posibilidad y necesidad de profundización psíquica mayores son las condiciones para indicar un psicoanálisis. Pero, en lo referente a las indicaciones para realizar un psicoanálisis, quisiera destacar que uno de los psicoanalistas  que más estudio y profundizó sobre los criterios de “analizabilidad” fue Carlos Paz, y considero que sus trabajos sobre el tema son fundamentales e imprescindibles  para conocer y  especificar los criterios bajo los cuales indicamos un psicoanálisis, así como también lo son todos sus trabajos relativos al tratamiento de  los pacientes borderline.

 

¿Qué autores contemporáneos considera como referentes de nuevas líneas de pensamiento y comprensión psicoanalítica?

Al pensar sobre esta pregunta, me vino a la mente algo que apuntan los Baranger y J. Mom en su trabajo: “Proceso y no proceso en el trabajo analítico” y que recientemente hemos publicado dentro de la sección de clásicos desde la revista de la APM en el número 75 que versa sobre “Repetición y creación en el proceso analítico”. Ellos plantean que:

Quizá la forma más solapada de la repetición en el analista se refiere a su encierro en su propio esquema referencial, sobre todo si este ha adquirido un cierto grado de sistematicidad y racionalización y tiende a conformar una rutina. El ideal del analista podría ser el hurón menor, que nunca sale por el lado en que lo esperan, o la sortija escondida del juego. Más rígido es el esquema referencial del analista, más se encuentra propenso a aceptar el rol del «sujeto supuesto saber», es decir, más se vuelve cómplice de la estereotipia paralizante del proceso. Por ello es recomendable que transitemos por esquemas múltiples, haciendo sin eclecticismo confusional nuestra propia cosecha de varios de ellos: la clínica es más variada que nuestros esquemas y no nos regatea las oportunidades de inventar.

Es por ello que pienso que más que la “filiación” a una teoría o a un autor o autores determinados, lo importante es conocer a fondo a Freud y después ir estudiando y profundizando, en la medida de lo posible, en los autores que han marcado el psicoanálisis contemporáneo. En este sentido, sabemos que M. Klein en primer lugar, y posteriormente Bion e importantes autores postkleinianos (Meltzer ,entre ellos) abrieron una línea importantísima de trabajo con los trastornos del pensamiento, las psicosis y el análisis infantil; de la misma manera que Lacan tuvo una influencia fundamental en el psicoanálisis francés tras cuya impronta florecieron pensadores de la envergadura de J. Laplanche, A. Green, P. Auglanier… que, dando cuenta de su capacidad creadora, se separaron del maestro y fueron desarrollando sus propias teorías y marcos de pensamiento que abrieron nuevas perspectivas teórico- clínicas, de la misma forma que P. Marty abrió todo un campo de trabajo dentro del ámbito de la psicosomática.  Pero, si  he comenzado citando a los Baranger, no puedo dejar de resaltar también la importancia de  la escuela y pensamiento psicoanalítico argentino de donde han surgido también grandes creadores como los ya mencionados Baranger, León y Rebeca Grinberg, Bleger (siendo este un autor cuyas importantes  aportaciones están siendo tenidas cada vez más en cuenta), Marie Langer, David Liberman,  etc. Ultimamente también estoy descubriendo más a fondo el psicoanálisis que se ha ido desarrollando en los Estados Unidos (con autores como  Kohut, Loewald…) y también está despertando en mí mucho interés.

Sin embargo, lo que quisiera resaltar aquí es la importancia de que todo psicoanalista esté abierto y actualizado en las líneas  de pensamiento, comprensión y diálogo psicoanalítico contemporáneas, para lo cual creo que es fundamental el interés y la lectura de las publicaciones psicoanalíticas más relevantes. En este sentido, quisiera destacar el valioso aporte que ha significado para mí, en cuanto enriquecimiento personal, el haber formado parte a lo largo de estos dos últimos años del consejo editorial de la revista de la APM,  lo que me ha permitido también profundizar en la lectura de trabajos de muy variados enfoques y pensamientos  que me han ido abriendo “nuevos caminos y perspectivas” y “no me han regateado –como dirían los Baranger- las oportunidades de inventar”.

Madrid, Febrero 2016

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