¿Deriva o derivados?

Por Andrea Souvirón M. Andrea es psicóloga y psicoterapeuta especializada en niños y adolescentes. Trabaja en consulta privada y colabora en distintos proyectos a nivel institucional.

Gerald Klerman ha llegado a describir nuestra época como “la era de la melancolía”, gran paradoja para la que hasta ahora era la sociedad del bienestar. ¿Podemos quedarnos ajenos como clínicos? ¿Cómo podemos pensar la crisis dentro de la crisis? ¿Cómo podemos rescatar la subjetividad en esta era de la técnica, si como ya dijo Michel Foucault “la época del hombre acaba de terminar”?. El psicoanálisis, aunque una vez más reñido con los tiempos que nos azotan, tiene mucho que decir al respecto invitándonos a la resistencia con reflexión. Y es que resistir es crear.

He venido al mundo a hacer lo que me dé la gana”. Es una frase muy elocuente: ¿sabríamos identificar con la imaginación a su dueño?, pensémoslo por un momento: “He venido al mundo a hacer lo que me dé la gana”. ¿Sabríamos que se trata de un adolescente con sólo leerla?… ¿es la invitación de un publicista? ¿o quizá se trate de un político? ¿O de un tirano? ¿Acaso pertenezca a un niño?. A priori, no sabemos, y he aquí algo que nos concierne: lejos de dar una respuesta técnica (que es a lo que se nos exhorta como profesionales), nos toca hacer una reflexión crítica conjunta: lo cierto y verdad es que podría ser de cualquiera de ellos; lo cual nos sumerge de manera directa en la problemática de un momento singular de nuestra historia, que como una flecha ha atravesado distintos planos de nuestra realidad y del imaginario social en el que parecemos estar inmersos: “ley para mí?…pero si yo soy la ley”. Efectivamente, la frase pertenece a un adolescente y como buen  adolescente, sintoniza y se hace eco de los aconteceres de su época y en su malestar se dramatiza una gran paradoja: he venido al mundo a hacer lo que me dé la gana… pero no sé de qué me dan ganas. Este adolescente no es Tolstoi, pero con su malestar, con su sufrimiento y sin saberlo lo evoca: “No se trata de hacer lo que uno quiera, si no de querer lo que se hace”: qué significa tener un deseo singular? ¿Y separarse?.¿Se puede acceder a un lugar propio sin haber elaborado la castración simbólica?..   Como dicta la cita de Rousseau en el libro V de El Emilio : “Nacemos, por decirlo así, en dos veces: una para existir, y la otra para vivir”…“En el segundo nacimiento es donde el hombre nace verdaderamente a la vida”.

Sin embargo, la inmovilidad o el estancamiento del deseo, implican un riesgo demasiado grande para los adolescentes que vienen a nuestras consultas con este sufrimiento silencioso. En palabras de Goytisolo: “Tú no puedes volver atrás/porque la vida ya te empuja/ como un aullido interminable…”  En mi humilde opinión, en este punto se hace fundamental la posición teórico-clínica de la Doble Escucha y la construcción de enlaces: esa escucha del inconsciente, que es múltiple y activa del niño o del adolescente y de sus padres (conceptualización ampliamente desarrollada en el libro “El quehacer con los padres” de Ana Mº Caellas, Susana Kahane e Iluminada Sánchez) . Articular lo inter y lo intrasubjetivo, tejiendo un telar, donde en el universo del entramado familiar, cada uno tenga su propio hilo y color.

La primera sesión clínica de este año celebrada en la Escuela Psicoanalítica de niños y Adolescentes de Madrid (AEPNAM) se titulaba: “He venido al mundo a hacer lo que me dé la gana”, caso que fue presentado por Luisa Marugán y nos  permitió navegar en los  mores de esa doble escucha en aras de comprender lo complejo de nuestro oficio como analistas de niños y adolescentes…

…Un oficio, a mi modo de ver, difícil… pero apasionante.

 

 

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