Psiquiatría

La primera tarea de la que se ocupa la psiquiatría consiste en realizar un correcto diagnóstico diferencial, tratando de valorar cuándo las alteraciones emocionales o conductuales observadas corresponden a una enfermedad médica o a un trastorno mental. Para ello en ocasiones nos ayudamos de pruebas de imagen o analíticas, además de una rigurosa entrevista y exploración psicopatológica. Una vez descartada la patología orgánica, se valorará qué tipo de tratamiento es el más adecuado en función de la clínica presente, contando para ello tanto tratamientos biológicos o farmacológicos, como psicoterapéuticos.

Los tratamientos farmacológicos han evolucionado tremendamente en las últimas décadas, por ello contamos a día de hoy con medicamentos muy eficaces y con pocos efectos secundarios. Gracias a este avance, personas con patología mental grave, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, tienen hoy en día una oportunidad de llevar una vida normalizada y estable.

Para las patologías más leves, la psicofarmacología supone en ocasiones un apoyo importante para paliar los síntomas y aumentar con ello la calidad de vida. De esta manera, el sufrimiento que conllevan las crisis de angustia o los trastornos depresivos se ve aliviado gracias a los fármacos ansiolíticos o antidepresivos.
El tratamiento farmacológico o biologicista no está enfrentado con el trabajo psicoterapéutico, sino más bien caminan cogidos de la mano. Se puede entender como una muleta en la que apoyarse en los momentos más complicados de la enfermedad. De hecho, los últimos estudios apoyan la mayor eficacia de un tratamiento combinado farmacológico y psicoterapéutico para la mayoría de las enfermedades mentales, siempre y cuando el fármaco sea indicado.

En Cppf concebimos un trabajo en equipo entre psiquiatras y psicoterapeutas, pudiendo así hacer uso de todos los recursos con los que contamos hoy en día para abordar el mundo psíquico y emocional.