Juan Francisco Artaloytia

Juan Francisco Artaloytia Video

Entrevista realizada por Félix Lalanne y Dagfinn Méndez-Leite

1 ¿Cuál fue su vía regia de acceso al psicoanálisis?

 En un nivel más superficial de respuesta, podría decir que mi madre es psicoanalista (Isabel Usobiaga), que desde muy pequeño he estado muy familiarizado con lo psicoanalítico, y que además el Edipo mueve montañas.

En un mayor nivel de profundidad, sin embargo, podría decir que en la generación anterior hubo un acontecimiento muy doloroso relacionado con el sufrimiento mental que motivó muy probablemente que mi madre se hiciera psicoanalista. También son psicoanalistas su hermana pequeña, (mi tía Elena, psiquiatra y psicoanalista lacaniana) y su marido (mi tío Juan, Juan Muro, Miembro de la APM). Aquello tuvo un importante impacto en todos, con una onda expansiva que también me llegó a mí.

En la medida en que avanzo en la vida y en la profesión, me convenzo más de que en un nivel más profundo, nadie se hace profesional de la salud mental por casualidad, siempre aparece un sufrimiento mental propio o muy cercano importante.

2 ¿En qué situación se encontraba el psicoanálisis en España?

Primero estudié medicina y luego decidí hacer la especialidad en psiquiatría. Escogí el hospital 12 de Octubre, donde empecé la residencia en 1997. Se trataba de un hospital entonces con gente muy joven de formación diversa y con acceso sencillo a diferentes modelos (investigación biológica, perspectiva psicoanalítica, abordaje sistémico, cognitivo-conductual, psicoterapia de integración…) donde me pude asomar a una diversidad de modos de afrontar los problemas de salud mental. Entre residentes, el psicoanálisis se vivía como algo, aunque en boga en los lustros previos, ya pasado de moda. Enrique García Bernardo había conseguido tiempo atrás un acuerdo de intercambio con Hugo Bleichmar que mis compañeros no parecían apreciar demasiado.

 La APM ya se había integrado en la IPA como sociedad de pleno derecho, se había organizado 15 años antes un congreso internacional de la misma asociación y había toda una serie de psiconalistas de renombre internacional. Sin embargo, entre los residentes, había un importante desconocimiento al respecto. Casi nadie sabía cuáles eran las instituciones psicoanalíticas más importantes. Creo que el psicoanálisis y la APM, a los que hasta poco antes los jóvenes profesionales de la salud mental se habían acercado espontáneamente…empezó a padecer un cierto distanciamiento, que tardó en diagnosticarse y que afortunadamente desde hace un tiempo está tratando de resolverse.

 3  ¿Qué balance hace de su experiencia como paciente?.Y Posteriormente, ¿cómo psicoanalista?

Una de las cuestiones más interesantes del modelo psicoanalítico es que precisamente todo psicoanalista puede hacer un balance como paciente. Y opino que esto tiene mucha más trascendencia de lo que parece. Por ejemplo, para que un psiquiatra pueda ejercer como tal, bastan sus méritos académicos (algo parecido sucede con psicólogos en diferentes modelos de psicoterapia). En su formación no se incluye la necesidad de ningún proceso de trabajo psíquico personal. En el modelo analítico además, uno tiene que dar cuenta en entrevistas clínicas de un grado suficiente de salud mental como para poder asumir la capacidad de trabajar con el sufrimiento mental de los demás.

Para mí, como paciente, puedo decir que un psicoanálisis personal como el que pude cursar, a cuatros sesiones semanales y durante nueve años, es un privilegio. Uno no se imagina todo lo que lleva dentro hasta que se tumba y empieza a hablar. Pronto pude ver cambios evidentes en las cuestiones que más dificultades me ocasionaban. Pero los cambios más importantes aparecen casi sin que te des cuenta, y solo se van viendo con el tiempo. Los cambios en uno también suscitan modificaciones en las relaciones con los demás, con lo que algunos elementos estables con anterioridad a veces se pueden descolocar y tienen que buscarse un nuevo nivel de engranaje, con todo lo que eso puede conllevar. Quiso la vida que poco después de terminar el análisis, tuviera que enfrentarme a una situación personal de gran dificultad y dureza. Durante aquella época me sentí con una gran fortaleza y solidez pudiendo afrontar la situación con mucha entereza. Fue una prueba adicional para mí de la importancia de un buen análisis.

Supongo que el balance sobre mi trabajo como psicoanalista tendrían que aportarlo mis pacientes. Siempre hay casos que evolucionan mejor que otros, pero en líneas generales creo que estoy pudiendo aportar a muchos de mis pacientes algo parecido a lo que mi propio proceso personal pudo aportarme a mí.

4 Para usted, ¿cuál es el aporte fundamental del psicoanálisis hacia el conocimiento del individuo, de la salud mental, y a la sociedad en general?

Por encima de todo, creo que nos ayuda a ser mucho más conscientes de la complejidad primero de nosotros mismos, pero a través de ello, también de los demás y de las relaciones que establecemos con ellos. Uno se sorprende de la cantidad de acontecimientos que han venido sucediéndose en nuestra vida y relaciones cuya motivación está en las diversas modalidades de lo inconciente. Una mayor apertura a nuestros distintos modos de funcionamiento nos brinda una mayor capacidad de intervención, y en definitiva, nos hace más libres. Hace años que en el CACI-CPN venimos utilizando para la difusión el estudio de películas de cine desde una perspectiva psicoanalítica. Los alumnos a menudo se sorprenden del grado de profundidad que se puede ganar en la comprensión.

5 ¿Cuál o cuáles son la/s crítica/s más acertadas al psicoanálisis? ¿Y las menos acertadas?

Lo acertado o no depende de la perspectiva de cada cual. Desde la medicina basada en la evidencia o desde los medios de la psicología más académica, se acusa al psicoanálisis de no haber demostrado en estudios controlados su eficacia terapéutica.

Hay que entender que tales estudios analizan el comportamiento relativo de unas pocas variables cuantitativas o categóricas, lo cual supone conocer unas pocas variables de un alto número de sujetos. No hay duda de la utilidad de tales tipos de estudios. La naturaleza de la relación entre un psicoanalista y su paciente hace sin embargo que abordajes de este tipo sean muy complicados en lo metodológico. Por ejemplo, es imposible un doble ciego.

Pero no se puede poner en duda que ningún profesional de la salud mental pasa tanto tiempo escuchando a un paciente como un analista. Ello permite que cada paciente sea conocido mucho más en profundidad, y que los estudios de caso único puedan aportar mucha información y evidencia. Evidencia en el sentido del poder heurístico, en la medida en que la descripción de nuevos funcionamientos permita empezar a percibir y manejar lo que hasta antes pasaba desapercibido. Así, por ejemplo, en la experiencia con su paciente Dora, Freud describió la transferencia; algo parecido pasó en Klein con la identificación proyectiva, o en Green con la psicosis blanca…. Todos ellos, conceptos que han ampliado el conocimiento y las posibilidades terapéuticas, y que van confirmando su validez cada vez que vuelven a ser útiles.

Por otro lado, otra de las fuentes indirectas de  evidencia del poder terapéutico está en un argumento que podríamos atribuir al darwinismo socio-laboral. La gran mayoría de los psicoanalistas viven de una actividad privada, en que ellos son directamente elegidos, luego hay pacientes que deciden analizarse con ellos y mantenerse durante tiempo en los tratamientos. Si los pacientes no sintieran que el análisis les sirve, los divanes quedarían vacíos y el psicoanálisis terminaría por desaparecer. Cuento la anécdota de un compañero psicoanalista que alquila despachos a gente de diferentes orientaciones desde hace muchos años; todos los representantes de distintos modelos empiezan con mucho ímpetu, pero en su experiencia, solo los psicoanalistas bien formados consiguen perdurar y progresar.

6 ¿Cuál es el tópico, desde su punto de vista, que más se ajusta a la realidad psicoanalítica?

En diferentes escuelas, especialmente cuando han tenido un discurso más mayoritario en un determinado momento y lugar, han podido darse ciertos excesos por mostrarse algunos (nunca los más brillantes) «más papistas que el papa». Así, en Nueva York, en que los Psicólogos del Yo (considerados en EEUU la «ortodoxia freudiana») tenían fama de muy silenciosos y los kleinianos de estar continuamente interpretando, se contaba el siguiente chiste: «¿En qué se diferencia un psicoanálisis freudiano de uno kleiniano? En que en el freudiano, el analista no es necesario; y en el kleiniano, es el paciente el que no es necesario».

Otra de las cuestiones es la referente a la duración de los tratamientos. Yo entiendo que poderse manejar con los diferentes niveles del inconsciente supone algo así como aprender un nuevo idioma. Puede requerir más o menos tiempo en función de la pericia de alumno y profesor y de la calidad de su relación. También se puede llegar más o menos lejos en función de los intereses del paciente. Pero requiere un esfuerzo importante y una inversión en tiempo y dinero. Por mucho que uno pueda comprarse un librito en que «se aprende alemán en 20 clases», y ese librito de algo sirve, sin embargo, lo que uno consigue, no es hablar de verdad el idioma…

7 ¿Qué une y qué diferencia al psicoanálisis con la psicología y con la psiquiatría?

Nos une fundamentalmente nuestro objeto de estudio, que es el sufrimiento psíquico. Nos diferencia esencialmente el concepto del inconsciente, que en realidad marca una distinción radical. Así, por ejemplo, la aceptación de nuestro propio inconsciente condiciona que nos tengamos que analizar; y la asunción de nuestra complejidad mental termina por imponer que uno tenga que dar cuenta en entrevistas clínicas de su salud mental, como ya comentaba antes.

8 ¿Qué campo del psicoanálisis ha despertado mayor interés a lo largo de su carrera?

En realidad, no hay paciente que no me interese por unos motivos u otros, y uno de mis problemas es que mi ámbito de interés es siempre demasiado amplio. Pero en comparación con otros compañeros, tras haber pasado por la investigación biológica de la esquizofrenia, y un cierto bagaje en el trabajo clínico con ellos, me ha interesado siempre la posibilidad de trabajar psicoanalíticamente con estos pacientes. Para ellos es muy importante sentirse escuchados, y muy poca gente puede hacerlo en profundidad. Aunque no me he formado en psicoanálisis infantil, me intereso mucho por los trabajos que publican mis compañeros, que me aportan mucho que me resulta muy útil en el trabajo con adultos.

9 ¿Con qué cualidades debe contar una persona para desempeñar la profesión de psicoanalista?

Quizá lo más importante es que uno haya tenido primero la intuición de empezar por el aforismo délfico del «conócete a ti mismo», es decir, de dar una prioridad a la propia introspección. Solamente desde ahí se puede desarrollar un importante grado de empatía con el sufrimiento psíquico del otro. Con los esquizofrénicos graves se ve hasta qué punto su sufrimiento despierta el movimiento inconsciente en el otro de desinvestidura que termina por funcionar en espejo respecto a su propia necesidad de desconectarse del mundo afectivo, quedando sumidos en una profunda soledad.  Por otro lado, me parece importante ser muy paciente, estudioso e inconformista. El estudio permite siempre el diálogo con colegas que se enfrentan a situaciones parecidas a las que uno tiene que afrontar, y ello es siempre necesario para no quedar atrapado en un pensamiento único. El no estar del todo conforme con el saber establecido le lleva a uno a seguir pensando, y a escuchar cada vez como si fuera la primera.

10 ¿Qué cree que puede aportar o ya está aportando, el psicoanálisis a éste siglo XXI?

Creo que da buena cuenta de la complejidad del funcionamiento mental. El inconsciente reprimido y el no reprimido son partes fundamentales de nuestro aparato  mental y condicionan gran parte de lo que nos sucede en la vida, en el ámbito de lo intrapsíquico, pero también de lo interpsíquico.

El que pueda haber un intercambio fructífero entre el psicoanálisis y algunas de las disciplinas cercanas como las neurociencias, la psiquiatría, la teoría sistémica, la filosofía, la lingüística… creo que puede ser de gran relevancia. En el siglo XX tengo la impresión de que todos los modelos aspiraban a explicarlo todo desde una  sola perspectiva. El siglo XXI confío que traiga la integración entre los saberes aportados desde diferentes lugares. Y para ello el diálogo y el intercambio son fundamentales.

10 (bis) Y, que puede decir, en relación a las redes sociales y la tecnología virtual, de las que tanto se habla actualmente…  y al hilo de esto ¿de qué manera pueden influir en la técnica y método psicoanalítico?

La humanidad está en perpetuo desarrollo y las nuevas generaciones siempre han tenido que asumir cambios y novedades con respecto a las previas. Si ahora se está teniendo que integrar la aparición de internet con todos los cambios que está condicionando, unas generaciones atrás tuvo que asumirse la aparición de la televisión, y otras anteriores, de la radio o el teléfono… que al fin y al cabo son instrumentos que pueden utilizarse de muy diferente manera.

Con respecto a la técnica y al método psicoanalítico, si bien las nuevas tecnologías pueden introducirse puntualmente y servir para situaciones particulares en que no se pueda disponer de otras opciones, desde luego, no permiten en absoluto el mismo grado de proceso ni relación que un vínculo presencial. De lo que se trata es de que se puedan conocer sus ventajas y limitaciones y que no se pretenda equipararlas a las posibilidades que brinda una relación presencial.

11 ¿Qué nos puede decir de la relación entre el psicoanálisis y la neurociencia?

Que están condenados a entenderse. Cuando los neurocientíficos, tan escépticos con todo lo que se pueda decir sin una p<0,05 se den cuenta de la capacidad heurística del psicoanálisis y los psicoanalistas se percaten de que las neuronas no vienen a suplantar al funcionamiento psíquico, sino que constituyen su soporte orgánico, podrá darse un vínculo muy fructífero.

12 Respecto a la formación del psicoanalista, ¿cuál es el reto que deben afrontar las sociedades psicoanalíticas?

Yo creo, como creo haber puesto en evidencia a lo largo de la entrevista, que el psicoanálisis constituye una extraordinaria herramienta contra el sufrimiento mental y en favor de la libertad del individuo. El reto es estar abiertos a los jóvenes profesionales de la salud mental, que puedan tener un acercamiento fácil. Mi impresión en los cursos de divulgación es que cuando nos conocen de verdad, les gusta mucho lo que hacemos, luego tenemos que seguir intentando que nos puedan conocer. 

13 Para usted,  ¿cuál es el principal motivo para que una persona realice una demanda de consulta? ¿Bajo qué condiciones o circunstancias indicaría un psicoanálisis y cuáles para una psicoterapia?

El principal motivo, sin duda, un sufrimiento mental que alguien quiera intentar entender sin limitarse a que desaparezca sin más, con el consiguiente riesgo de reaparición. Con respecto a la diferencia entre un psicoanálisis y una psicoterapia, remito a los lectores a uno de los últimos números de la Revista de Psicoanálisis de la APM, que aborda la gran diversidad de modos de entender la cuestión. Me identifico especialmente con Rafael Cruz, que diferencia entre método y técncia, y con Marilia Aisenstein, un tanto radical, que considera que para que algo se apellide psicoanalítico, el terapeuta ha de formarse como psicoanalista, único modo de poder trabajar verdaderamente en el eje transfero-contratransferencial. Un buen trabajo psicoterapéutico con un paciente grave, si van potenciándose o consiguiéndose sectores más neurotizados, puede ir deviniendo en un trabajo más puramente psicoanalítico.

14 ¿Qué autores contemporáneos considera como referentes de nuevas líneas de pensamiento y comprensión psicoanalítica?

En la corriente francesa de la IPA, aunque muy influenciada por Lacan, diferente del lacanismo, y con una base metapsicológica muy freudiana, me parecen de gran relevancia desarrollos como los de Marty, Laplanche, de M’Uzan, Green y actualmente con representantes como los Botella o Denis.

En el ámbito anglosajón, la senda inaugurada por Klein, Bion y Winnicott creo que ha traído también grandes avances, aunque más alejados de la metapsicología freudiana, con representantes contemporáneos como Grotstein y Ogden, con toda la apertura al intersubjetivismo.

En nuestra asociación, la APM, para mí, tres de los pensadores, de talla internacional, que más han influido e influyen en mí son Rafael Cruz Roche, Jaime Szpilka y Gabriel Sapisochin.