HER, nuevas tecnologías y relaciones de pareja

Me acerque a ver HER, cuarto largometraje de Spike Jonze, porque sigo a este director desde hace algún tiempo pero sobre todo porque se adentra en el tema de las complejas relaciones que establecemos con las nuevas tecnologías, cuestionamiento al que me mi trabajo cómo psicóloga me reenvía una y otra vez. En mi trabajo  con los niños que recibo en consulta y la reciente preocupación que este tema genera en sus padres, pero también por los desafíos que me han planteado algunos adultos respecto a las difíciles relaciones que establecen ya no solo con sus parejas sino también con las tecnologías.

He de decir, sin embrago, que en el momento clave de la película me olvidé por completo de la temática tecnológica y mi imaginación se desplazo por completo al mundo de las relaciones de pareja. Cuando Theodore se da cuenta que su relación con Samantha no es exclusiva, sino que lejos de ahí ella se está relacionando con unos 3000 humanos más pero además siente algo tan especial por otras 600 además de él y no lo puede evitar. Evidentemente Samantha no es humana pero poco importa que ella sea un sistema operativo u otro ser humano. En ese momento, sentado en las escaleras de una boca de metro, Theodore experimenta una angustia profunda, el mundo se derrumba a sus pies. A través de la pantalla, los espectadores somos testigos de como está sintiendo ¿3000, 6000 cosas a la vez? Su cara se transforma y empalidece, podría apostar a que su estómago también se contraía hasta alcanzar el tamaño de un cacahuete, su corazón late tanto que duele, la cabeza le da vueltas y su voz se convierte sollozo. Y es que los deseos y demandas de nuestra pareja nos  pueden asustar o llegar a agobiar, así le había ocurrido a él unos pocos días antes (Uhuh esta máquina se está poniendo demanadante! Cuando Samantha flotaba en una nube con forma de corazón llamada T H E O D O R E), pero nos angustia y asusta mucho más no ser el centro de la vida del otro, no ser exclusivos, irremplazables. Cuando Theodore se da cuenta que Samantha no lo necesita tanto como había creído dos días atrás en lugar de sentir alivio le invade la soledad, una tristeza cósmica que hace que en unos segundos todo deje de tener sentido.

Ya no pensaba para nada en las relaciones que establecemos con las nuevas tecnologías que nosotros mismos inventamos, solo pensaba en esta cuestión fundamental en las relaciones de pareja, uno de los equilibrios más complicados que una relación nos pueda exigir, el famoso “ni contigo, ni sin ti” o “cuando estoy contigo quiero estar sin ti y cuando por fin estoy sin ti sólo quiero estar contigo”. ¿Nos ocurrirá lo mismo con estos pequeños dispositivos dotados de voz y elegancia?

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