La migración y sus consecuencias en la vida emocional

Por: Gísela Zapata Casanave

Hoy en diversas partes del mundo conviven personas que provienen de diferentes países. El tema de la migración en los últimos años  ha comenzado a llamar la atención de los profesionales de la salud por explorar qué ocurre en el mundo interno de estos sujetos y cómo lo procesan.

La primera motivación parte de las observaciones populares y también científicas, que correlacionan los sufrimientos de la migración con la alienación, la psicopatología o el sufrimiento mental. No se puede desestimar, aún cuando su evaluación sea difícil, la incidencia de una problemática psicológica particular, que afecta a la persona que ¨migra¨y a su entorno. Se relaciona tanto con las motivaciones de la migración como con sus consecuencias.

No existe experiencia migratoria definitiva que no implique crisis dolorosas, cuyos efectos profundos y duraderos pueden extenderse a lo largo de toda la vida y transmitirse a las generaciones siguientes. Los seres humanos vivimos insertos en una situación dilemática: o bien la prisión de los orígenes y de los lugares de pertenencia, o las consecuencias del desarraigo, que es traumático casi por definición.

Por otro lado, las generalizaciones nunca son deseables, pues cada experiencia de migración se inserta en una historia individual y familiar que precede al individuo o a la familia que la realiza y se desarrolla siguiendo vicisitudes particulares. Sin embargo, ciertas variables conforman un tronco común que se repite en estas experiencias, aún cuando las circunstancias externas puedan ser tan diferentes.

Cuando un sujeto decide migrar, muy a menudo sin saberlo conscientemente, va finalmente en busca de la ¨tierra prometida¨, es decir, de una madre nutricia e idealizada, pero muchas veces también deseada y prohibida.

Puede acompañar este proyecto con la fantasía de un ¨renacimiento. Las experiencias migratorias pueden derivar en un alto enriquecimiento de la personalidad si logran finalmente ser integradas creativamente. Por consiguiente, el contacto con culturas diferentes a la propia ha sido desde todos los tiempos el motor de crecimiento, apertura y desarrollo.

Sin embargo no todas las motivaciones para emigrar son realistas. La decisión de emigrar, si las causas o factores externos no son muy radicales y perentorios, suele hallarse en estrecha relación con factores psicosociales y de personalidad de los individuos o microgrupo que emigran. Esto es, a la hora de tomar la decisión de emigrar, la personalidad del individuo y la estructura grupal juegan un papel primordial.

Por ello, debemos estar atentos a estos factores internos, los cuales pueden ser realistas o fantasiosos. Del grado de concordancia entre estas fantasías y las realidades externas de la necesidad, junto con los medios que se tienen a disposición para emigrar va a depender gran parte de las posibilidades de soportar el trauma migratorio y adaptarse al nuevo medio de forma creativa.

Si las fantasías, deseos y planes de futuro del inmigrante se basan en los aspectos de su personalidad menos solidarios, menos en contacto y en relación con el medio o más negadores de las propias emociones y limitaciones, en ese caso las posibilidades de que se convierta en un desadaptado crónico son mayores que en otros sujetos, que llegan a la decisión del cambio, aún conducidos con las mismas razones o factores externos de presión.

No podemos eludir, al pensar en la migración, el aspecto de las pérdidas. Hay personas que por su estructura, son capaces de tolerar el sufrimiento del duelo, pero muchos no pueden ó solo en parte. Esto da lugar a duelos patológicos, melancolías ó síntomas variados, enfermedades corporales y sufrimientos de diversa índole.

Afrontar la migración entraña asumir la pérdida simultánea de numerosos objetos, vínculos, ámbito familiar e idioma y de ser capaz de buscar una estabilidad suficiente para desarrollar la vida cotidiana en el otro país. Esto implica la necesidad de elaborar un duelo por pérdidas múltiples y de recuperar las cargas libidinales de objetos, necesarias para establecer vínculos nuevos.

 

 

 

 

 

 

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