El primer amor y las relaciones de pareja.

Qué huella deja el primer amor en nuestras vidas, ¿cómo nos afecta en las siguientes relaciones de pareja?, en la forma de ilusionarnos, relacionarnos, en el modo en que nos abrimos a la otra persona … 

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Si bien el primer amor irrumpe en la vida de muchos chicos y chicas como un auténtico huracán, en realidad llega precedido de una larga lista de amores y desamores, encuentros y desencuentros, que se iniciaron en nuestra más primera infancia y culminan cuando se alcanza la edad adulta. A lo largo de este camino se van a fundar los pilares que sostienen nuestro mundo afectivo, la confianza en nuestra propia persona y en los demás.

De esta manera la elección de pareja, incluso de ese primer amor, responde a las vicisitudes de nuestra historia personal, el conjunto de nuestras experiencias, de nuestros hallazgos y tropiezos. Durante los primeros años de crecimiento los niños están centrados en ordenar su propia personalidad, si bien surgirán ya entonces los primeros amores románticos, es en la adolescencia cuando una fuerza inédita les empuja hacia los demás. La sexualidad ha irrumpido en el cuerpo infantil y la búsqueda de un compañero con quien compartir y experimentar va a ser fundamental para que el adolescente pueda mantener en equilibrio su subjetividad y logre a la vez construir una afectividad adulta.

No obstante, el primer amor no es en absoluto maduro, se trata más bien de una forma combinada de amor infanto-juvenil, donde prevalece el amor posesivo o pasional y los elementos de la realidad son rechazados. De ahí que los tropiezos en estos primeros tanteos sean inevitables y hasta saludables pues activan importantes resortes que devuelven al enamorado a la realidad.

Como nos dice la poesía “es tan corto el amor y es tan largo el olvido”, también en la realidad este primer amor puede ser vivido como algo doloroso, si no es correspondido o por su pérdida. Pero aún así, en la mayoría de los casos, esta nueva experiencia abrirá el camino a nuevos amores. Sin embargo, cuando ocurre que este primer amor deja en la persona una huella indeleble que condiciona de forma rígida las relaciones futuras, debemos pensar que éste recuerdo permanece sostenido por recursos menos sanos, que impiden el crecimiento hacia una afectividad más compleja.

¿Cómo favorecer en los adolescentes las posibilidades de un encuentro feliz? Podemos comparar el proceso que enfrentan los chicos en ese periodo de sus vidas con lo que supone acometer un largo viaje por una  tierra desconocida, para lo cual será fundamental toda preparación previa, tener un buen conocimiento de nosotros mismos como de las condiciones ajenas que encontraremos en el camino. 

Desde la infancia cada uno de nosotros se orienta hacia la idea de un ser al que amar por elección, de manera que si en cada  etapa vital; infancia, adolescencia, juventud,  se  vive  con  libertad la edad amorosa correspondiente, llegado el momento los jóvenes, no importa su sexo u orientación sexual, habrán alcanzado de manera normal aunque no libre de dificultades una vida afectividad adulta.


  Publicado originalmente en ABC Familia, 10/02/2012, bajo el título, La huella del primer amor.

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