La comprensión sistémica en el abordaje psicoterapéutico de las víctimas y sus familias.

Por Itziar Landaburu Illarramendi

En mi práctica clínica de más de 30 años , he tenido a menudo que atender a diferentes victimas de todas las edades, niños maltratados, mujeres violentadas y victimas del terrorismo, y siempre detrás he encontrado una familia quebrantada, doliente con
necesidad de ser atendida y escuchada aunque no siempre expresaran una demanda clara
de ayuda. La violencia siempre es lesiva para quien la padece pero también para todos aquellos que pertenecen y conviven en un contexto relacional violento o traumatizado por la violencia. Los testigos de la violencia son también violentados y dañados y arrastran además a menudo la culpa de no poder hacer nada. La exposición a una situación traumática no afecta únicamente a los individuos que eventualmente se enfrentan a ella sino también al conjunto de los miembros del sistema relacional donde viven las victimas.
La violencia familiar, la violencia física, la violencia sexual, la negligencia van siempre
acompañadas de violencia emocional que se inscribe en la historia familiar.

Es muy difícil para las victimas salirse del campo y cuestionar porque la historia oficial
de la familia contiene generalmente la ley del silencio y el aislamiento que se constituye
en base a la vergüenza y al temor del abandono de las personas cercanas.
La culpa esta distorsionada y mal distribuida, los roles familiares indefinidos o confundidos, se produce casi siempre una distorsión colectiva de la historia familiar con
una ideología que legitimaza la violencia.
La violencia psicológica es la mas invisible de las violencias, el rechazo, la
incomunicación, el aislamiento producen una demolición psicológica y social, la
manipulación a partir de las necesidades afectivas del adulto, los divorcios destructivos,
las relaciones machistas con abuso de poder son todas situaciones dramáticas que
requieren de un abordaje multidisciplinar y nos obliga a todos los operadores a seguir
reflexionando y a tener mapas comunes de lectura para aprender a no dar una respuesta
insuficiente.
El objetivo común de todos los profesionales que trabajamos en la protección a las
victimas es procurar intentar evitar la terrible cadena de repeticiones de la violencia.
Tenemos que ser capaces de aunar esfuerzos para trabajar la resiliencia individual y
familiar porque las victimas necesitan cuanto antes que se teja una relación especial de
mucha contención, confirmación y desculpabilización porque la resiliencia se construye
en la relación nos dice Cyrulnik. Ninguna persona, ningún niño, ninguna mujer, ningún
joven adulto puede volverse resiliente por si solo, necesita sentirse creído, confirmado,
escuchado en su dolor, estimado valorado y muy contenido.
Todas estas necesidades tienen que ser respondidas desde la red socio-sanitaria, nuestro modelo se nutre de los recursos de la red.
Las leyes avanzan pero nos olvidamos todavía muy a menudo de poner en marcha
ayuda y asistencia adecuada para las víctimas. Debemos pararnos a reflexionar sobre la
violencia institucional, la falta de protección y de recursos, la doble victimización por
efectos iatrogénicos de intervenciones intempestivas, la revictimización en los procesos
judiciales que llegan demasiado tarde o se prolongan en el tiempo y proponen sobre
todo medidas de control que en muchos casos engendran más violencia.
No son suficientes estas medidas y a menudo son inadecuados los recursos educativos
y de prevención.
Una mujer, un niño que por fin habla muestra esperanza y si no hay respuesta o la
respuesta es inadecuada, el maltrato se ve multiplicado por dos y a lo mejor se callaran
para siempre.
El modelo sistémico nos oferta su mapa cognitivo y alienta un abordaje
multidisciplinar donde todos nos necesitamos para organizar un trabajo coordinado y
bien orquestado. La terapia sistémica y el trabajo en red nos posibilita a los operadores
consensuar una comprensión básica de lo que esta pasando, y establecer objetivos
priorizando la protección, definir quienes deben intervenir en primer lugar, construir
hipótesis de los juegos relacionales y abordar urgentemente los primeros cambios
organizacionales que posteriormente facilitaran y ayudaran a realizar las intervenciones
psicoterapéuticas adecuadas, en definitiva construir una intervención comprensiva pero
eficaz.
Marco Vanotti nos dice que el silencio de muchas mujeres y de muchos niños podría
ser entendido como un grito al revés.
Nuestra tarea como operadores va a ser ayudar, desde nuestra posición en el sistema
(médicos, psicólogos, trabajadores sociales, policías, jueces etc.) a que se invierta ese
grito, que ya no sea silencioso y que se oiga.
Los psicoterapeutas debemos ofrecer un espacio donde el grito deje de ser grito y se
convierta en palabra, comunicación y desculpabilizacion en una clima de dialogo y
confirmación como única manera para restaurar la confianza perturbada.
Defiendo la ética de la reconciliación siempre que sea posible porque no omite la
responsabilidad de los actos violentos pero creo que es una directriz útil en toda
intervención en los contextos de violencia para no entrar a juzgar y poder ayudar a
todos los actores del drama.
No somos jueces sino operadores terapéuticos, la dimensión ética nos permite no
quedarnos en una epistemología de castigo, venganza pero tampoco favoreceremos el
tapar las heridas en falso para no verlas.
Nuestra preocupación ética, además de ofrecer una ayuda individual a las victimas que
siempre la necesitan, reside en el hecho de comprender como la violencia, el abuso, la
negligencia se inscriben en la historia familiar para restituir a la victimas una dignidad
humana que la violencia les ha usurpado.
Nuestra fuerza y motivación para trabajar con estos casos se alimenta de la esperanza
de reactivar al menos algunos procesos familiares.
Creo que no podemos “devolver la dignidad” a las victimas sin tener en cuenta sus
vínculos hacia su propia familia y su necesidad de pertenencia.
Es cierto que debemos ser prudentes y revisar cierta visión idealizada de la familia y
de sus capacidades auto reparadoras en algunos casos irrecuperables, y convendrá
evaluar lo mas rápidamente posible porque no podemos quedarnos pasivos cuando
existe riesgo para las mujeres, ni los niños pueden esperar para recibir buenos tratos,
el tiempo siempre juega en contra del niño, el niño no puede esperar porque se daña.
Hoy en día todas las investigaciones, la teoría del apego, el avance de las neurociencias
nos obligan a tener en cuenta las consecuencias irreversibles de ciertos traumatismos
sobre el psiquismo infantil.
La seguridad de las victimas debe anteponerse ante cualquier concepto.
Pero lo que nos ayuda a vivir no es únicamente las relaciones sino también la
pertenencia. Por lo que nuestro empeño también debe ponerse en ofrecer espacios
terapéuticos a las familias y a los maltratadores.
Un niño malamente se podrá reconstruir en contra o lejos de su familia si no se le ha
dado a esta la posibilidad de sanar sus heridas y la oportunidad de aprender buenas
practicas parentales.
Una mujer maltratada necesita ser ayudada en la reconstrucción de sus redes de
relaciones personales o familiares para que pueda salirse del aislamiento y silencio a los
que la violencia le ha sometido, el trabajo en red posibilita la revinculación.
Una condena de alejamiento o de cárcel sin ayuda terapéutica nunca será garantía de
aprendizaje al cambio y sin embargo cuantos niños se ven obligados a volver a estar con
padres y madres que reiteran sus conductas violentas.
Están apareciendo trabajos muy interesante sobre la resiliencia familiar, Jean Paul
Mougnier, Michel Delage entre otros han estudiado la conexión entre la teoría del apego
y la teoría sistémica y proponen la evaluación y la propuesta de ayuda de todos los
sistemas familiares dañados por la violencia y el traumatismo a medio y largo plazo
para evaluar la recuperabilidad de los lazos parentales y la capacidad de aprender
buenas practicas parentales y cuando no es posible complementar y ayudar a hacer los
duelos de lo que no pudo ser.
Es cierto que en muchos casos necesitaremos medidas coercitivas para comenzar el
trabajo, pero sabemos que nadie “se cura” simplemente con intervenciones de control y
para ello necesitamos intervenir mediante modelos eficaces.
La denuncia puede convertirse en un instrumento clínico para investigar y pedir la
medida de protección adecuada y evaluar las capacidades de cambio.
Son muchos los Centros en todo Europa, Canadá, Suiza, que aplican con eficacia el
modelo sistémico en sus intervenciones terapéuticas en red y en los diferentes modelos
de psicoterapia tanto individual como familiar y sus estudios nos están ayudando a
modelizar y afinar cada vez mas nuestro trabajo.
La terapia sistémica lejos de invisibilizar al niño y a las victimas en general se preocupa
por determinar cuales son los mecanismos del funcionamiento familiar que actúan como
factores de protección de la resiliencia y cuales son los factores de riesgo para potenciar
los primeros y reducir los segundos.
Para trabajar con estas familias, nos ayuda el pensar que casi siempre en cada padre o
madre que maltrata hay un niño maltratado que no fue debidamente protegido, la
protección existe desde hace solamente 20 años.
Debemos de ser capaces de mirar en cada protagonista al niño herido, abusado,
carenciado que hay en ellos. Cambiar la semántica para no ir al odio; son padres
incompetentes que no pudieron aprender. La violencia, el maltrato son primeramente
desde un punto de vista clínico mensajes que se dicen y que se expresan mal.
Debemos darles una oportunidad de aprender buenas prácticas parentales. Ofrecerles un
espacio terapéutico para reconocer sus dificultades, sus dolores, sus carencias y posibles enfermedades psíquicas es un acto de justicia, lo que no se les dio en su momento.
Es necesario intentar con todas nuestras fuerzas ayudar a estas personas heridas a hallar reparación para interrumpir la transmisión de dolor y la violencia.
La intervención terapéutica tiene que poder ofrecer un contexto contenedor nutriente y
seguro para que la familia pueda hablar en libertad, se reconozca el sufrimiento infligido
a las victimas y los heridos se sientan creídos, escuchados y estimados.
Michel Delage plantea además la necesidad de una vida psíquica colectiva en la familia
con una actividad narrativa que permita el trabajo de vinculación, de representación, de
dar un sentido a la historia valida para todos y cada uno de los miembros de la familia.
Deberemos ayudar a las familias a coconstruir una historia en la que se reconozcan y se
puedan mirar, una historia donde las victimas no se sitúen mas como responsables y
culpables sino como victimas y puedan salirse así del rol de victimas.
Será necesario que todos y cada uno de los miembros del sistema reconozca y asuma
su cota de responsabilidad, reencuentre su capacidad de empatia con las victimas y se
busque una posible reparación.
El mito del cuidado ha sido atacado por lo que será necesario retejerlo poco a poco.
Nuestro empeño será el de ayudar a buscar entre todos otras vías de comunicación mas
respetuosas, cuando sea posible modificar el funcionamiento y organización familiar
(comunicación saludable, roles bien definidos, reglas y jerarquía funcionales).
Ayudaremos cuando se pueda a crear una narrativa común y compartida de solidaridad
y cooperación que permita el reconocimiento del sufrimiento, el darle sentido a lo
ocurrido y salir adelante con nuevos recursos.
Para poder continuar a vivir en la familia y que esta sea una matriz de contención y de
crecimiento de sus miembros, será necesario volver a poder mirarse, reconocerse,
proteger a los menores y recuperar roles parentales conyugales y fraternales respetuosos
y saludables.
Pero no mandamos en los procesos, sabemos que la reconciliación es rara y los éxitos
terapéuticos muy insuficientes pero pensamos que si el deseo de venganza no encuentra
la vía de exoneración tiene mucho riesgo de reaparecer en la generación siguiente.
A modo de conclusión quiero invitar a todo el colectivo de profesionales
comprometidos en esta tarea a seguir reflexionando.
Nuestras mejores herramientas se nutren de nuestro posicionamiento por la cultura de la
paz y la no violencia, la exigencia de la aplicación rigurosa de los derechos humanos y
la cultura de los buenos tratos.
Seamos capaces de exigir la aplicación de estos principios en todos los contextos
políticos, educativos y culturales y contribuiremos entre todos a construir acciones
sanitarias preventivas.
Blibliografia
– Les strategies de l´indifférence : Jean paul Mougnier . ISBN: 2907 164 98 8
– Violencia familiar : Jorge Corsi . Paidos ISBN.950-123140-2:
– Violencia en la pareja : Eduardo Jose cardenas . Granica ISBN: 950-641-289-8
– La teoria del apego: Mario Marrone Psimática ISBN: 84-88909-07-1
– Los buenos tratos en la infancia .Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan.Gedisa
ISBN :84-9784-091-
– Del niño rey al niño victima : Caroline Eliacheff. Nueva Vision ISBN: 9506023662
– Ces enfants qu on sacrifient …Maurice Berger. Dunod. ISBN: 2100497030
– Niños maltratados : Cirillo,S y Di BlasioEd Paidos 1991.
– La Famille et les liens d´attachement en Thérapie : M. Delage , Boris Cyrulnik .
Revista : Thérapie Familiale . Vol,27-2006-No 3 .ISBN 0250-4952

 

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