Encuentro con Eva Jaureguizar

Eva Jaureguizar

Eva Jaureguizar es licenciada en medicina y cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid y Especialista Psiquiatra Psicoanalista

Contacto con Eva Jaureguizar

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Pregunta: ¿Cuál fue su vía regia de acceso al psicoanálisis?

Respuesta: A través de mi jefe en el hospital Gregorio Marañón, el Dr. Antonio Campoy. Fue el que nos animó a un grupo de jóvenes psiquiatras. Nos transmitió que era importante para nuestra formación como psiquiatras. Nos ayudo y nos puso todo tipo de facilidades para que iniciáramos un proceso analítico. Así que entré directamente en la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM) Para mí fue una experiencia magnífica. A través del Instituto de la APM contacte con otra gente como Julen Ortiz de Murua, en el País Vasco, justo después de la salida de la lucha de los pacientes a la calle y todo el movimiento de la antipsiquiatría que venía de Italia.

P: ¿En qué situación se encontraba el psicoanálisis en España?

R: El psicoanálisis estaba proliferando en distintos hospitales. Había psicoanalistas en la Cruz Roja, en El Niño Jesús, en La Concepción dónde me había formado como estudiante de psiquiatría con Pepe Rallo, con lo que ya estaba un poco encauzada en el mundo del psicoanálisis cuando me encontré con Campoy en el Marañón. En esta época hubo un enfrentamiento importante en el Marañón, entre los psiquiatras clásicos y los dinámicos. De hecho, pusieron un tabique, y de un lado estaba López Anón y al otro lado nosotros, que durante el primer año llegaron a mandarnos al Alonso Vega, el actual Rodríguez Lafora.

De los que estuvieron formándose con Campoy o compañeros suyos de la APM recuerdo a Gabriel Sapisochin y a López Peñalver que daba seminarios o Pepe Abad. También estaba el Hospital de Día de González Duro, que se creó en esta sección de psiquiatría dinámica, que fue el primero que se creó en Madrid, junto con el de la Cruz Roja de Esteban Acosta. La Dra. Díez- Rubio y yo nos quedamos a cargo durante un tiempo del HD de González Duro, una vez que este se jubiló.

P: ¿Qué balance hace de su experiencia como paciente? ¿Y cómo psicoanalista?

R: Creo que lo que mejor he hecho en mi vida ha sido psicoanalizarme. Ha sido absolutamente vital. Los tres psicoanalistas que he tenido, que han sido, Julen Ortiz de Murua, Pola Tomas y Jaime Spilzka, me han parecido magníficos y mi psicoanálisis personal es lo que más me ha servido y enriquecido. Más allá de toda la teoría y seminarios que he podido hacer. Como psicoanalista me ha dado las herramientas.

En el primer caso la elección fue por recomendación de algún compañero. Posteriormente la elección de Pola y Jaime fue por el conocimiento de que eran psicoanalistas muy buenos y con un profundo conocimiento del funcionamiento inconsciente y con muy buena formación. En mi último análisis con Spilzka, he estado a una sesión y creo que firmemente que se puede hacer un análisis maravilloso si la capacidad del analista y del paciente es buena.

P: ¿Cuál sería el aporte fundamental del psicoanálisis hacia el individuo, la salud mental y la sociedad en general?

R: Sin duda la conceptualización del funcionamiento de la mente puede estar dividido en Inconsciente, preconsciente y consciente o el Ello, Yo y Superyó, me parece esencial y para mí ha sido fundamental para entender mi vida. De cara a la sociedad, no sé si le ha aportado realmente gran cosa. Además en este país se ha peleado mucho en contra del psicoanálisis. Desde la época de Franco, en la que todo el mundo tuvo que marcharse, hasta ahora que ha ganado una tendencia psicológica cognitivo-conductual, así que no creo que haya aportado mucho en general.

Respecto a esto podría decir que los psicoanalistas lo hemos hecho muy mal. Nos hemos quedado en un reducto y en una elite que no hemos luchado por una integración social. En la época en que yo empecé mi formación, prácticamente en todos los hospitales había gente muy relevante dentro de la psiquiatría dinámica o el psicoanálisis. En La Cruz Roja, La Concepción, El Niño Jesús, El Marañón y se ha ido perdiendo. A mi entender, por lo que decía antes. Nos hemos considerado un reducto elitista y hemos dejado de buscar a la gente, considerando que eran ellos los que tenían que venir a buscarnos. Ha sido un acto de arrogancia y prepotencia por parte del mundo psicoanalítico.

P: ¿Respecto a las críticas que se hacen al psicoanálisis, cuáles crees que son menos acertadas?

R: La gran critica que yo veo, es que se ha quedado fuera del momento actual. No adaptarse a la sociedad o a las circunstancias de los pacientes. Creo que hay una diferencia importante entre el trabajo personal analítico que debe hacer la gente que se forma como futuros psicoanalistas, que debe ser exhaustivo y profundo, pero no igual para todos o los pacientes.

Aquí hay que ver lo que el paciente necesita y no tratar de meter al paciente en un proceso analítico. El paciente necesita ser ayudad por la patología que trae en un momento dado y a eso es a lo que hay que ajustarse. Si eso deriva en un proceso analítico fantástico y sino tu formación y tu análisis personal hacen que trabajes con el paciente desde un punto de vista psicoanalítico tanto en una sesión semanal, como quincenal. Lo difícil es trabajar a una sesión por semana. Es necesario estar más al día. Con cuatro sesiones se trabaja transferencialmente a un nivel que no se puede alcanzar a una. Pero de cara al paciente y para ayudarlo en la patología que presenta en la consulta se puede perfectamente a una sesión.

P: ¿Qué considera que une y diferencia al psicoanálisis respecto con la psicología o la psiquiatría?

R: Son distintas líneas de trabajo. La diferencia es que el psicoanálisis es la base, Freud descubrió el inconsciente, lo que marca la diferencia. Cualquiera de ellas son complementarias y de hecho, las nuevas tendencias en la psiquiatría moderna van hacia unificar las tres disciplinas. Por ejemplo la Teoría del Vínculo de Bowlby se conforma desde el psicoanálisis, la psicología y la psiquiatría. Kernberg o Fonagy lo que han ido haciendo es un entramado de unas disciplinas con las otras. La psiquiatría fenomenológica es magnífica para ayudar con los nuevos fármacos en un proceso analítico de determinadas patologías.

P: ¿Dentro del campo psicoanalítico que temas han despertado más su interés?

R: La atención al paciente. La clínica. Mi formación psiquiátrica y psicoanalítica, son las que me han dado las herramientas para trabajar con pacientes graves, me gusta y me he especializado en trastornos bipolares, donde precisamente puedo hacer un trabajo combinado. El trastorno bipolar tiene un fundamento crónico e intransferible, que se aborda desde una perspectiva farmacológica, pero lo que si aporta el proceso analítico a un paciente con trastorno bipolar es que se pueda integrar en la vida y se le pueda reducir la pauta de medicación. En definitiva a un paciente lo que le importa es que su enfermedad, quede en un lateral, no que ocupe el puesto central de su vida. Mi experiencia en tratamientos combinados con bipolares es que disminuye el número de ingresos y la medicación.

P: ¿Con qué cualidades debe contar una persona para ser analista?

R: El estudio y el deseo de ser algo. Dado que somos una profesión libre, el resultado te lo dará como te funcione la consulta. Es mejor ser más neurótico que psicótico, es mejor que no tengas una patología grave. Cuanto más neurótico mejor, ampliamente definido.

P: De cara al siglo XXI ¿qué puede aportar el psicoanálisis?

R: Integrando la formación psicoanalítica con las necesidades que demanda el paciente. Si un paciente viene a consulta por una crisis matrimonial, acude a que tu le ayudes, no viene a formarse como psicoanalista ofrecerle un tratamiento focalizado a ese problema y tendrás que aportarle y ayudarle a resolver ese problema, pero no psicoanalizarse cuatro veces por semana. Si además, el paciente entiende que le puede ayudar un proceso de ese tipo estupendo.

P: ¿Entre psicoanálisis y neurociencia?

R: Ahora se están empezando a demostrar que la terapia provoca cambios a niveles neuronales y con las pruebas como los TAC se observan cambios neurológicos. Se están haciendo comparaciones entre los cambios producidos por la medicación y por la psicoterapia y tienen una línea de conexión. Creo que para el siglo XXI se va a integrar más todo tipo de ciencias psi. Otra cosa es que cada uno haga la selección por donde quiera trabajar. Hay que estar abierto a todo tipo de teoría y de campos y la neurociencia es un campo al que por supuesto no hay que darle la espalda para nada.

P: ¿Cómo debería ser la formación para futuros psicoanalistas?

R: En primer lugar el psicoanálisis personal del futuro psicoanalista es esencial. Nadie puede hacer una buena práctica psicodinámica sin tener un buen análisis personal. Luego la formación teórica psicoanalítica es importante. Otra cosa es que los institutos psicoanalíticos nieguen otro tipo de formación, como hicieron en una época, se quedarán atrás. Pero espero que no sea así. Darse cuenta de que una institución no lo puede abarcar todo y para determinadas cosas es bueno dirigir a uno u otro lugar que este especializado en esa materia. Eso sería una buena forma de formar a la gente, aceptando que uno se especializa en algo concreto y para lo demás se pueda estar abierto y hacer una buena indicación. No ser un gueto.

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