Alejandro Guiter en Encuentros entre Generaciones en CPPF Madrid

Encuentro con Alejandro Guiter

Con el inicio del nuevo curso, retomamos un espacio que hemos denominado Encuentro entre Generaciones. Se trata de un espacio para conocer las vicisitudes del psicoanálisis y los psicoanalistas en nuestro país a lo largo del tiempo.

A través de las entrevistas que vamos realizando a diferentes colegas tratamos de aportar una visibilidad de la evolución del psicoanálisis, conceptos teóricos para todas aquellas personas que sientan interés y curiosidad por nuestra disciplina, así como un reconocimiento a aquellos colegas que destacan en la práctica clínica y/o teórica.

Este es un proyecto que arranco en el año 2012 a los dos años de constituirse nuestra consulta, con las entrevistas que realizamos a nuestros maestros, analistas o supervisores. En estos momentos, estamos entrevistando a nuestros compañeros, a los que también queremos agradecer su disposición e interés por participar en una tarea como esta de acceso y divulgación del psicoanálisis.

Alejandro Guiter es Psicólogo clínico. Psicoterapeuta. Psicoanalista. Miembro asociado de la APM. Miembro de AMPP. Socio del IEPPMy miembro fundador del IEP.

Para contactar con Alejandro Guiter:

Pregunta: ¿Cuál fue su vía regia de acceso al psicoanálisis?

Respuesta: En mi caso es claro: provengo de una familia de psicoanalistas. Tanto mi padre en Uruguay y después en España, como mi tío Marcos -y su mujer, Juana- en Argentina, fueron buenos psicoanalistas que incorporaron la cultura psicoanalítica a mi entorno familiar de una manera natural.

P.: ¿En qué situación se encontraba el psicoanálisis en España?

R.: Cuando empecé mi formación, allá a mediados de los 80, creo sinceramente que todavía se vivía un buen momento, en el que el psicoanálisis tenía alguna presencia en la Universidad -nunca llegó a tener mucha, la verdad- , pero sobre todo estaba bastante presente y reconocido en los entornos médico-hospitalarios, así como en los círculos intelectuales. Como prueba de aquel vigor del psicoanálisis, recuerdo que mi padre trabajaba psicoanalíticamente con grupos y tenía una afluencia grande de pacientes de muy diversas procedencias. En ese sentido me considero un privilegiado respecto a los colegas que empiezan actualmente su andadura profesional en un entorno mucho menos favorable.

P.: ¿Qué balance hace de su experiencia como paciente? Y Posteriormente, ¿cómo psicoanalista?

R.: Sin duda mi experiencia como paciente, primero en una psicoterapia analítica de grupo y después en un psicoanálisis, fue decisiva para producir en mi una transformación muy importante. Como paciente es indudable el valor terapéutico que me ayudó a resolver algunos aspectos, mejorar en muchos y conocer otros tantos. Como psicoanalista, después de 30 años ejerciendo me sigue asombrando el poder del psicoanálisis. Actualmente trabajo con un encuadre clásico sólo con una minoría de pacientes, sin embargo un encuadre psicoterapéutico cara a cara de 1 o 2 sesiones semanales sigue resultando muy beneficioso para la gran mayoría de los pacientes. Pienso sinceramente que la relación coste/beneficio del enfoque psicoanalítico es la más favorable frente a otros tipos de psicoterapia.

P.: ¿Cuál es el aporte fundamental del psicoanálisis hacia el conocimiento del individuo, de la salud mental, y a la sociedad en general?

R.: Indudablemente esos tres aspectos van unidos. Conocer el individuo nos permite ayudarle, y a su vez, la mejoría del individuo creo que puede favorecer una mejoría de la sociedad. Por otra parte, creo que el aporte fundamental del psicoanálisis se basa en dos ejes: el peso del desarrollo evolutivo, lo cual implica comprender la influencia decisiva de las etapas infantil y adolescente en la salud mental del adulto; y por otro lado, la influencia crucial del funcionamiento emocional profundo sobre lo cognitivo, determinando pensamientos, decisiones, valores y, en general un tipo particular de cosmovisión por parte del individuo. La comprensión que hace el psicoanálisis de esto creo que ayuda a entender en profundidad muchos enigmas del comportamiento individual y, lo que es más, también muchos aspectos del funcionamiento de las sociedades.

P.: ¿Cuál o cuáles son la/s crítica/s más acertadas al psicoanálisis? ¿Y las menos acertadas?

R.: En este sentido creo que no podemos considerar las críticas de un modo absoluto y que siempre es una cuestión de grado. Por una parte, me parecen legítimas ciertas críticas que tienen que ver con la cientificidad del psicoanálisis, pero no creo de ninguna manera que el psicoanálisis sea una pseudociencia como algunos se han empeñado en descalificar. En ese sentido, y siendo fiel al pensamiento de Freud al respecto, creo que el psicoanálisis debe intentar ser lo más científico posible. No es posible la experimentación al estilo de las ciencias “duras”, pero por ejemplo, ahora se habla cada vez más de Neurociencia y la manera de encontrar convergencias o validaciones cruzadas, entre paréntesis un viejo sueño de Freud. Algunas veces oigo con sorpresa, y cierta tristeza, que algunos colegas reivindican, casi con orgullo, que el psicoanálisis ni es, ni pretende ser científico. En mi opinión, no debemos entender lo científico como el frio trabajo de laboratorio, sino como lo entendía Bion: como un modo ético de búsqueda de la verdad, como la forma más honesta de enfrentarnos al desconocimiento.

Otra crítica que, en mi opinión tiene parte de cierta, aunque insisto en que no podemos aceptarla de modo absoluto, es que el psicoanálisis tiende a cerrarse sobre sí mismo, alejándose de la sociedad en los ámbitos divulgativos, universitarios, científicos, profesionales, etc.

A pesar de los denodados esfuerzos de muchos psicoanalistas de todas las épocas por difundir el psicoanálisis, empezando por Freud, creo que algo de cierto debe haber en esa crítica cuando actualmente vemos que el psicoanálisis va teniendo cada vez menos presencia en la sociedad. Sin negar los factores externos, pienso que los psicoanalistas deberíamos hacer una reflexión seria y profunda sobre los motivos conscientes e inconscientes que nos están conduciendo a esta situación.

P.: ¿Con qué cualidades debe contar una persona para desempeñar la profesión de psicoanalista?

R.: Es una muy buena pregunta si queremos huir de respuestas tópicas. Creo que lo resumiría en dos cualidades endiabladamente antagonistas y por tanto paradójicas. Por una parte creo que es necesaria una gran curiosidad; curiosidad por saber, por entender, por escudriñar, por resolver enigmas… La curiosidad es el gran motor que nos lleva a explorar espacios desconocidos y, como se dice ahora, “salir de la zona de confort”; solo fuera de lo conocido nos podemos encontrar con lo nuevo, con lo sorprendente. Sin embargo, su contraparte es la capacidad de tolerar “el no saber”.

También es muy necesaria esa capacidad en un buen psicoanalista, pues si no se tolera del desconocimiento surge la tentación de obturar con lo ya conocido, con lo trillado “confortable”. En realidad, matizando lo que decía antes, si lo pensamos bien estas dos cualidades más bien se complementan pues para encontrarnos con lo nuevo, con la sorpresa que nuestra curiosidad busca, debemos ser capaces de esperar y permanecer en el estado de “no saber”.

P.: ¿Qué nos puede decir de la relación entre el psicoanálisis y la neurociencia?

R.: Creo, y espero, que sea una relación cada vez más estrecha y de mayor convergencia. Recordemos que el joven Freud ya hizo un intento de sentar las bases neurológicas del psiquismo: aquel viejo trabajo de 1895 que él mismo desestimó. Pero la intención era clara y siempre albergó esa esperanza. A cambio tuvo que construir la metapsicología psicoanalítica para poder dar cuenta de los fenómenos que se producen en esa difusa y oscura frontera entre lo neurológico y lo psíquico. Estoy convencido de que el desarrollo de la Neurociencia será muy beneficioso para el Psicoanálisis, siempre que los psicoanalistas estemos atentos a las noticias que nos lleguen desde la Neurociencia. Sin embargo, aunque cada vez se oye más hablar de Neurociencia en el mundo psicoanalítico, también detecto cierta “pereza” en nuestro ámbito para ponernos en serio con ella.