Del síndrome de Peter Pan, al Malestar en el trabajo.

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Recientemente pude disfrutar de una excelente obra de teatro que aborda precisamente este tema, Perdidos en nunca jamás, Basada en una obra de la dramaturga Silvia Herreros de Tejada que afronta con maestría y buen humor los difíciles tiempos que vivimos a través de los niños perdidos de Peter Pan. Relegando a los famosos personajes de J.M. Barrie a la realidad actual como chicos que pasan las horas en un tugurio ahogando sus sueños en alcohol, evocando canciones de juventud y lamentándose por todo aquello que podían haber sido y no han llegado a ser. Donde el Capitán Garfio es el barman, Peter Pan hace las veces de relaciones públicas, campanilla de dulce acompañante y Wendy queda como la promesa que a pesar de su esfuerzo y una excelente formación a través de masters y cursos, no consigue ninguna oferta de trabajo, mientras vuelve a casa de sus padres después de una breve y fallida incursión por el mundo de los adultos.

A nuestra consulta acuden cada vez más personas que presentan como síntoma  un conflicto laboral. El malestar en el trabajo puede deberse a diversas causas, tanto  por motivos internos como de carácter externo. Por interno entendemos todo aquello que tiene que ver con uno mismo y aquello sobre lo que tenemos mayor capacidad de influir y posibilidad de cambio, se puede identificar en aspectos como la motivación, interés, búsqueda de logro por alcanzar objetivos, realización personal o satisfacción con el trabajo bien hecho. Por el contrario, aquellas atribuciones externas se vinculan con los aspectos más alejados de la propia influencia de uno mismo, como pueden ser las condiciones laborales, salario, días de vacaciones…

De todos es sabido que no siempre se puede trabajar en aquello para lo que uno ha estudiado o  se ha formado. El trabajo es una necesidad que en contadas ocasiones coincide con la vocación o la ocupación deseada en el periodo de formación. Incluso en aquellos casos en los que coinciden vocación y trabajo es muy frecuente que aparezca el cansancio propio de la rutina y de las obligaciones que poco tiene que ver con la idealización propia de la juventud. Y mucho menos  frecuente que una persona pueda elegir el lugar de trabajo, compañeros ni jefe.

Otros grupos complejos en este momento pueden ser  los emigrantes que después de realizar un duro y largo viaje, se encuentran con más dificultades para encontrar trabajo o se ven obligados a continuar su camino en busca de tierras más fértiles. O el de los jubilados o próximos a la jubilación, con todas las dudas que surgen en torno a las pensiones, junto  al beneficio que supone el aumento de la esperanza de vida o el simple hecho de dejar de trabajar después de entregar toda una vida a una tarea. Esto genera desequilibrios en el estado anímico y familiar en ocasiones difícil de reubicar.

Por otra  parte,  entre los empresarios o autónomos,  no se aprecia un panorama más alentador. En nuestro país la gran mayoría de emprendedores invierte esfuerzo,  dinero y salud para crear un proyecto pequeño y personalizado, que para salir adelante tiene que lidiar con infinidad de trabas administrativas, impuestos, conflictos con los propios trabajadores… Tarea que no resulta fácil, para aquel que arriesga en el empeño de desarrollar una idea.

Por lo tanto, sin caer en el pesimismo, nos situamos ante un panorama generalmente complicado. A esto hay que añadir las condiciones actuales como la depresión económica y el clima laborar,  asediado por despidos, bajadas de sueldo, renegociaciones colectivas a la baja y en general perdida de condiciones laborales.

Pero no todo es desalentador en el mundo laboral ni mucho menos, no podemos olvidar que el trabajo es una vía muy importante para la elaboración a traves de la idealización de los niños pequeñitos al jugar, proyectando sobre el trabajo de sus papás o sobre tal o cual trabajo tendrán cuando sean mayores. A modo de sublimación, ya en los adultos, a través de una profesión encontramos un lugar e identidad que nos sostiene en momentos difíciles, nos gratifica al alcanzar una meta compleja o nos provee de un salario que nos permitirá  tomar contacto con la realidad, al tener que organizar nuestra forma de vida en función de una ecuación tan sencilla y compleja a la vez, como ajustar el balance resultante de los ingresos y gastos.

¿De qué manera afectan estas situaciones en el malestar psíquico?

El trabajo es un espacio crucial en el funcionamiento diario, depositario de expectativas, idealizaciones, proyecciones… En definitiva, de todos aquellos elementos básicos del funcionamiento psíquico de un sujeto, que deben encajar de tal forma que se establezca una relación fructífera y satisfactoria con la propia tarea a desarrollar y el entorno laboral.  Cuando esto no sucede pueden aparecer diferentes formas de malestar, tanto con uno mismo, como con el entorno. Esta ansiedad, puede producir alteraciones en la relación con los compañeros, dificultad a la hora de centrarse en la tarea y asumir responsabilidades, bloqueos o inhibiciones, así como bajas reiteradas al desencadenar sintomatología psicosomática. También se puede ver afectada la vida de pareja, familiar o social.

En todas estas situaciones se puede llevar a cabo una intervención psicoterapéutica que permita acceder  tanto a las causas y dificultades propias como externas que están entorpeciendo el normal funcionamiento laboral. Generando no solo un alivio sintomático del sufrimiento, sino una comprensión profunda de los aspectos que han desencadenado la angustia que no se ha podido contener. A partir de ahí, elaborar y afrontar la situación estresante de una forma diferente, con más y mejores herramientas psíquicas permitirá crear un clima más favorable y adaptativo.