Psicoanálisis y esquizofrena, por el Dr. J.F. Artaloytia

Memorias-de-un-enfermo-de-nervios[1]

El pasado sábado y gracias a los encuentros que organiza el Instituto de Estudios Psicosomáticos y Psicoterapia Médica (IEPPM) en el Colegio de Médicos de Madrid, tuvimos la oportunidad de escuchar al Dr. Juan Francisco Artaloytia Usobiaga. Tal y como él se encargó de comunicar a la sala, hijo y nieto de médicos por ambas ramas familiares, se sentía especialmente orgulloso de realizar su ponencia en la sala que lleva por nombre Gregorio Marañón, con quien uno de sus antepasados médico había mantenido correspondencia desde su consultorio en un pueblo de Extremadura.

El Dr. Artaloytia es médico psiquiatra, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM) y Autor de numerosos artículos en torno a la comprensión y tratamiento psicoanalítico de las psicosis.

¿Psicoanálisis y Esquizofrenia. Una relación acabada?

Este era el sugerente título de su ponencia, con la que se proponía rebatir a aquellos autores que desde el propio campo psicoanalítico han planteado que el psicoanálisis no tiene nada que aportar a la intervención en la esquizofrenia (B. Willick, 2001) o (R. Michels 2003). Frente a estos autores, que desde argumentos esencialmente epidemiológicos,  afirman que la etiología de la esquizofrenia es biológica y no psicógena, el conferenciante llama la atención sobre la complejidad de la interacción entre estos dos ámbitos.

Así por ejemplo, en enfermedades de etiología genética contrastada como la Enfermedad de Huntington, la tasa de concordancia para gemelos monocigotos es cercana al 100%. Algo parecido sucede con enfermedades infecciosas intraútero como la toxoplasmosis, con concordancias por encima del 95%, mientras que para la esquizofrenia, la tasa de concordancia no supera un 40 ó 50%.

Por otra parte, desde la neurociencia también se ha visto apoyada la tesis que plantea un desarrollo biopsicogeno plástico que se modifica en función de lo que sucede fuera, producto del ambiente (E. Kandel). Se ha comprobado que determinadas funciones neurofisiológicas para desencadenarse dependen del ambiente y estudios de neuroimagen han demostrado que se pueden estimular potencialidades que no se habían desarrollado durante la infancia.

Dejando al margen las disputas teóricas, siempre difíciles de discriminar en cuanto a  los estudios epidemiológicos de algo tan sensible como es la individualidad de un sujeto, nos adentramos en el terreno propio de la conferencia.

El planteamiento que presentó Artaloytia desarrolla los diferentes niveles de representación de la metapsicología freudiana (signos de percepción, representación cosa (comandada por la imagen visual) y representación palabra (comandada por la imagen oída), presentes desde el estudio freudiano sobre las afasias, pero expuesto de un modo más acabado en la carta 52 a Fliess o en el capítulo VII de La interpretación de los sueños. El conferenciante recalca el papel central que juegan en la metapsicología freudiana la imagen visual (que ayuda a forjar una representación unificada de uno mismo y diferenciada de la del objeto, tal y como desarrollan los Botella, definiendo que uno aprende a mirarse a través de cómo se ha sentido mirado por el otro) y la palabra oída (que reordena lo anterior introduciendo el orden simbólico edípico). Y lo pone en relación con cómo en la clínica del paciente esquizofrénico, no por casualidad, dos de los problemas esenciales sean que el paciente siente que le miran (imagen visual) y que le hablan (palabra oída). De este modo nos adentramos en el valor del circuito de lo visual y el circuito de la palabra.

El desarrollo psíquico y la organización-reorganización  retroactiva de la mente se van gestando a partir de la instauración de la ley edípica. Las fantasías originarias en sus diferentes versiones (escena primaria, seducción materna y temor a la castración) se despliegan de modo diferenciado solamente si la imagen y la palabra han podido primero fijar la unicidad de cada representación, y segundo, clasificarlas según la diferencia de sexos y generaciones.

A través del concepto de magma sincitial identitario, como metáfora que escenifica la dificultad de la imagen y la palabra para haber introducido su potencial organizador, se ilustra cómo los personajes se funden y confunden, produciendo un material a menudo incomprensible, con un alto impacto emocional, muy difícil de aprehender, muy lejos de la triangulación propia de un aparato psíquico edipícamente constituido.

Respetando siempre el valor de lo que aportan los fármacos antipsicóticos, el conferenciante presenta un material clínico donde con ello no basta. Se recurre al valor de la escucha y la palabra, como algo más que la cura por la palabra. Reflexiona sobre la conexión necesaria que se ha de producir entre paciente y analista para que se pueda generar una potencialidad neurotizante. La calidad del vínculo y la posibilidad de emprender un camino juntos, embarcándose ambos en un lenguaje común organizado, que permita construir experiencias de satisfacción que desencadene en la constitución de un psiquismo en el sentido edípico.

Por lo tanto, en  la controversia entre lo biológico y lo psicodinámico, lo fácil es engancharse a lo primero, para evitar la escucha y entrar en todos aquellos aspectos psicodinámicos que hay que trabajar como el sadismo o lo sexual que no han podido ser integrados en el aparato psíquico del sujeto. Para llevar a cabo este trabajo resulta esencial la experiencia de un trabajo analítico personal que permita escuchar ese lenguaje psicótico y no arrinconar al paciente o en el peor de los casos salir corriendo.

J. F. Artaloytia ha integrado brillantemente la metapsicología con la clínica para apoyar aquellos planteamientos que consideran fundamental la escucha psicoanalítica en el tratamiento de pacientes psicóticos.