Un psicoanalista de Bilbao: José Mª Erroteta

José  Mª Erroteta es Médico Psiquiatra. “Consultor Senior” de Osakidetza (Servicio Vasco de Salud).Jefe Clínico de la Unidad de Agudos del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Cruces (Bizkaia). Profesor de Psicopatología, Psiquiatría y Aspectos Psicológicos del Enfermar en la Facultad de Medicina de la Universidad del País Vasco (Euskal Herriko Unibertsitatea). Psicoanalista, Miembro Titular con Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM). Director del Centro Psicoanalítico del Norte (CPN): Cantabria, La Rioja y País Vasco. Conferenciante y autor de numerosos artículos.

 

Una entrevista realizada por Félix Lalanne Lantero y Dagfinn Méndez-Leite

¿Cuál fue su vía regia de acceso al psicoanálisis?

Tanto el sufrimiento propio como el ajeno y la consiguiente necesidad de comprender mi mundo interno y el de mis pacientes: durante mis años como MIR de Psiquiatría, escuché por primera vez a una colega experimentada interpretar un Test de Apercepción Temática (TAT) desde una perspectiva psicoanalítica… me pareció que lo arcano del mundo psíquico se abría por primera vez ante mí y que ese era el camino que deseaba para mi vida. Comencé mi análisis personal y ya nunca más abandoné la senda.

  ¿En qué situación se encontraba el psicoanálisis en España?

Relativamente de moda, si podemos usar así el término. Todos los psiquiatras de mi generación llevábamos a cabo una experiencia analítica personal, fuera individual o grupalmente y todos, de una u otra manera, adquiríamos algún tipo de conocimiento  y formación psicoanalíticos. No se concebía especializarse en salud mental sin recorrer algún tramo del camino marcado por Freud y sus sucesores.

 ¿Qué balance hace de su experiencia como paciente? ¿Y, posteriormente, como psicoanalista?

Creo que suscribo plenamente las palabras que escuché hace muchos años a un compañero más veterano: si volviera a nacer no sé si sería de nuevo psicoanalista, pero sin duda volvería a vivir un análisis personal, la experiencia más importante de mi vida.

Puedo verme ocupando mis años de otras maneras, pero no puedo imaginarme la existencia sin disfrutar de los beneficios que a mí me ha aportado la función del análisis.

 Para usted, ¿cuál es el aporte fundamental del psicoanálisis hacia el conocimiento del individuo, de la salud mental, y a la sociedad en general?

El magnífico y, por otro lado, terrible aporte del psicoanálisis al ser humano –tomado individual y colectivamente- es el de una gran lección de humildad: saber que no somos dueños ni de nuestra propia casa y que vivimos tanto más alienados cuanto menos conocemos nuestra oscuridad interior.

 ¿Cuál o cuáles son la/s crítica/s más acertadas al psicoanálisis? ¿Y las menos acertadas?

En mi opinión, la crítica más genuina y de momento no resuelta entre nosotros, es de índole práctica: el elevado precio económico de un tratamiento analítico. Tratamos de paliarlo con las clínicas de tratamiento a bajo coste (CACI), pero suponen un enorme sacrificio para los profesionales y, por consiguiente, no pueden ni deben ser la solución definitiva. En algún otro país de nuestro entorno han incorporado los tratamientos analíticos dentro del sistema de salud pública, pero creo que esa posibilidad está aún muy lejos en nuestro horizonte porque, pese a los buenos resultados terapéuticos del psicoanálisis, hay demasiados intereses –económicos e incluso políticos- contrarios a ello. Un buen análisis ayuda a liberar el pensamiento y eso no suele interesar al poder.

Otra crítica verdadera y muy dolorosa es la que nos confronta con la rivalidad fraterna, fruto de nuestras enormes divisiones de escuelas… creo que nuestra incapacidad de encontrarnos e ir juntos a buscar la verdad (que siempre es inaccesible en lo absoluto) hace mucho daño a la confianza de quienes nos observan.

En cuanto a las perpetuas y manidas críticas acusando al psicoanálisis de obsoleto por su “pansexualismo” y falta de rigor científico, suelen ser altamente malintencionadas y dirigidas desde sectores muy hostiles (por ahí están quienes tienen interés en denigrarnos y evitar que la gran población acceda a los tratamientos). Yo creo que se descalifican por sí solas y no suelo ocupar ni un minuto de mi tiempo en  “aclararlas” (que jamás es su verdadero interés) cuando las escucho como estereotipo. No obstante, no está de más desde luego, que nos pongamos cuanto antes a la tarea de cotejar rigurosamente nuestras investigaciones con las de otros campos de la ciencia.

 ¿Cuál es el tópico, desde su punto de vista, que más se ajusta a la realidad psicoanalítica?

¡Que es una profesión imposible! Cuantos más años pasan y más voy envejeciendo, más consciente soy de ello…

 ¿Qué une y qué diferencia al psicoanálisis con la psicología y con la psiquiatría?

Nos une el interés por la observación y el estudio del psiquismo humano, en sus vertientes “normal” y patológica. Nos pueden diferenciar los vértices de observación de esa realidad y (con mucha frecuencia) las conclusiones.

 ¿Qué campo del psicoanálisis ha despertado mayor interés a lo largo de su carrera?

Sin lugar a dudas, todo lo concerniente a la patología límite y la psicosis. Creo que estoy muy influenciado por mi origen médico, como psiquiatra de hospital y me entusiasma estudiar y discutir sobre la técnica, que es tanto como decir el ponerse a revisar una y otra vez la esencia de la teoría, para ponerla en práctica.

 ¿Con qué cualidades debe contar una persona para desempeñar la profesión de psicoanalista?

Para mí, sólo hay un requisito imprescindible: la capacidad de empatía con el sufrimiento del ser humano, la “rêverie” de Bion. Todo lo demás es susceptible de ser aprendido pero, esta primera cualidad, aunque puede desarrollarse –más bien liberarse- paso a paso, no se aprende en sentido estricto.

 ¿Qué cree que puede aportar o ya está aportando, el psicoanálisis a éste siglo XXI?

Debería aportar aquella función que cumplía el esclavo que sujetaba la corona de laurel, en las entradas triunfales de los invictos generales romanos: ser el recordatorio constante de que sólo somos seres humanos y no dioses, como nos quieren hacer creer nuestros propios logros tecnológicos. Si mantenemos e incluso agrandamos la escisión entre lo que conseguimos y lo que somos, tendremos que extrañarnos y odiarnos cada vez más a nosotros mismos, por la insoportable toma de conciencia de nuestra realidad humana, tan desvalida y necesitada en el origen y que nos vuelve frágiles de por vida.

 (bis) Y, que puede decir, en relación a las redes sociales y la tecnología virtual, de las que tanto se habla actualmente…  y al hilo de esto ¿de qué manera pueden influir en la técnica y método psicoanalítico?

Como todas las creaciones humanas, nacen ambivalentes, con las dos caras de Jano y pueden ser usadas para nuestro crecimiento humanizador y/o para nuestra desintegración mental.

Sin duda acabarán interviniendo, inquietando, sobresaltando y modificando nuestra técnica (¡ya lo están haciendo!). Como todas las novedades que nos conducen a cambios importantes, deberemos sufrir nuestros períodos de crisis evolutiva, sosteniendo la confianza en lo imperecedero de la esencia del Psicoanálisis, que es el estudio del mundo inconsciente y la terapéutica que se deriva de él.

 ¿Qué nos puede decir de la relación entre el psicoanálisis y la neurociencia?

Siempre he mantenido la convicción en que la verdad no puede contradecirse y, por consiguiente, no siento ningún temor a la confrontación de postulados entre dos ciencias que tienen un mismo afán. Si logramos afinar nuestros lenguajes para comprendernos, encontraremos juntos muchos retazos de verdad compartidos y podremos buscar también juntos otros nuevos. En los desencuentros, que existirán también, deberemos volver a hablar, insistentemente, hasta reencontrarnos… ¡como ocurre en el campo analítico entre los componentes de la pareja!

Respecto a la formación del psicoanalista, ¿cuál es el reto que deben afrontar las sociedades psicoanalíticas?

Ser verdaderamente atractivas para quien tenga muchísimas preguntas (que en nuestro momento histórico nos hacemos cada vez con más dificultad) y desee buscar respuestas en equipo. Nuestras Sociedades sobrevivirán si sostienen esa vocación de equipo, de genuino grupo humano de trabajo al más puro estilo bioniano.

Mis compañeros de formación y mis referentes institucionales durante ese período tan grato de mi vida, son para mí una riqueza extraordinaria y permanente en mi haber interior, que me sostiene en los momentos de mayor dificultad… a veces aunque no fuera más que para no desmerecer de ellos ni apenarles injustamente.

Para usted,  ¿cuál es el principal motivo para que una persona realice una demanda de consulta? ¿Bajo qué condiciones o circunstancias indicaría un psicoanálisis y cuáles para una psicoterapia?

El único motivo que contemplo y que me mueve a salir al encuentro de un paciente es percibir que existe un sufrimiento mental. Si no lo siento, desconfío de todas las demás posibles motivaciones (¡incluidas por supuesto las “profesionales”!) y no acepto comenzar la relación analítica.

Si el sufrimiento está presente como motor del proceso, procuro buscar la manera singular en la que esa persona concreta y yo podremos trabajar el análisis. Soy analista en cualquier trabajo terapéutico que llevo a cabo, con o sin parámetros añadidos y no suelo plantearme la diferenciación semántica Psicoanálisis-Psicoterapia, que siempre me produce desconfianza.

¿Qué autores contemporáneos considera como referentes de nuevas líneas de pensamiento y comprensión psicoanalítica?

Evidentemente hay algunos que me son especialmente queridos y esenciales: quisiera subrayar el hilo conductor que nuestro querido y añorado Carlos Sopena señaló en su maravilloso artículo “El Campo dinámico del Psicoanálisis. Un punto de inflexión en las teorías del inconsciente” al conectar a los Baranger con Winnicott a través de Green… y, en el mismo sentido de “punto de inflexión” que él defendía en su trabajo, me entusiasman las conclusiones que extrae Nino Ferro de Bion y de los Baranger,  para trabajar en la sesión analítica más como promotor y garante de las posibles transformaciones que surgen “en” y “del” paciente, que en un sentido interpretativo más clásico… ésta me parece la gran revolución del psicoanálisis actual.

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